Viernes 22 de Mayo
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Provinciales > Sobrevivir con la mínima

El relato de jubilados sanjuaninos que siguen trabajando para llegar a fin de mes

El drama de la tercera edad entre el aumento de los alquileres, el recorte de PAMI y la feria como salida para subsistir. 

Por Maximiliano Maldonado
Hace 1 hora

La organización de Amas de Casa permite que los jubilados tengan un lugar donde vender sin costos extras. FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ // DIARIO HUARPE.

 

La crisis del sistema previsional en Argentina ha generado una transformación en la estructura del mercado laboral, donde la jubilación dejó de representar el retiro de la actividad para convertirse en un ingreso complementario de carácter insuficiente. Según el análisis de la abogada previsional Florencia Markarian en HUARPE TV, actualmente se registra una distorsión estadística significativa: el 32,6% de la población mayor de 65 años permanece en el mercado de trabajo, superando ampliamente el 12,3% de actividad registrado en la franja de jóvenes de entre 25 y 34 años.

Este fenómeno de permanencia laboral forzada se manifiesta de manera concreta en la Feria de Plaza Laprida. Allí, bajo la coordinación de la organización Amas de Casa del País, un creciente número de adultos mayores de San Juan recurre a la economía informal y la venta ambulante para cubrir la brecha entre sus haberes mínimos y el costo real de la canasta básica.

El despertador de la necesidad

Paula Albarracín tiene 66 años, es de 9 de Julio y trabajó toda su vida en el sector hotelero-gastronómico y actualmente cobra la mínima. "Con la mínima nadie llega, tuve que volver a buscar trabajo, pero por la edad no me dan nada", relata a DIARIO HUARPE. Su solución fue la autogestión: se levanta a las 5 de la mañana para amasar semitas caseras. "A esa hora estoy ahí para vender lo que comemos los sanjuaninos. Es duro, porque en invierno hace mucho frío y en verano, el calor y el viento te matan".

Para Paula, el sueldo actual es un "cachetazo". Siendo hipertensa y sufriendo de hipotiroidismo, el recorte de beneficios en medicamentos golpeó de lleno su economía. "Antes me los daban, ahora tengo que pagar un porcentaje. Pago la luz, el gas, los impuestos... ¿Qué nos queda? La plata ya no tiene valor", sentenció. Según cuenta, tiene una hija de 40 años que la acompaña a feriar porque para el mercado laboral actual "ella también ya es vieja".

El alquiler: un pozo sin fondo

En la feria se pueden encontrar diferentes productos. FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ // DIARIO HUARPE.

Myriam Tornello  de 67, dedicó su vida al comercio, pero actualmente la realidad la obligó a reconvertirse en artesana de piedras energéticas y bijouterie. Su situación es crítica por un factor determinante: no tiene casa propia. "Mi jubilación va directo al alquiler y los impuestos. No me queda nada", explica.

Para Miriam, la cuenta es sencilla y dolorosa: su haber previsional le garantiza un techo, pero para poner comida sobre la mesa debe vender sus artesanías de lunes a viernes. "Como mínimo, solo para comer, se necesitan $20.000 por día. Yo me arreglo con eso, pero hay que salir a trabajar todos los días sí o sí". El drama se traslada a sus hijos, quienes tampoco pueden ayudarla porque "van sobreviviendo, la situación está mala en todo ámbito".

El sacrificio por la familia

Raúl Maldonado, jubilado y feriante. FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ // DIARIO HUARPE.

Desde el Barrio René Favaloro de Chimbas llega Raúl Maldonado, de 55 años. Jubilado por una incapacidad tras un accidente laboral como empleado municipal. Él vive con su esposa y cuatro hijos. Tres de ellos estudian (dos en la universidad), y el costo de mantener esa formación los obliga a estar en la plaza desde la mañana vendiendo ropa americana y librería.

"Nos cuesta mucho llegar a fin de mes. Para subsistir como pareja de jubilados en San Juan necesitás más de un millón de pesos si tenés chicos estudiando", calcula Raúl. Su relato desmitifica la facilidad del feriante: "Hay días que no vendés nada. Si no fuera por el carnet de discapacidad que me permite viajar gratis, ni siquiera sacaríamos para el colectivo. Es una lucha constante para sacar adelante la casa".

La reinvención no surge como una elección vocacional de la vejez. En la Plaza Laprida, el éxito de una venta de semitas o la salida de una prenda usada representa mucho más que un ingreso extra: es el motor que les permite sostener su dignidad en una etapa de la vida donde el único trabajo debería ser disfrutar de lo sembrado.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD