Sábado 02 de Mayo
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Irán responde con un plan de paz de 14 puntos a la propuesta de Estados Unidos

Teherán ha insistido en que el enfoque debe centrarse en “poner fin a la guerra” en lugar de prolongar la tregua temporal. Analistas internacionales evalúan el estado actual del conflicto bélico.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
Una manifestación popular en Teherán en rechazo a la invasión norteamericana.
 

El Gobierno de Irán ha presentado a la parte estadounidense a través de un intermediario pakistaní su versión de propuesta de paz, que tiene 14 puntos, según informó este sábado la agencia Tasnim.

En respuesta a una iniciativa estadounidense de 9 puntos, en la que se exige un alto el fuego de dos meses, Teherán ha insistido en que las cuestiones deben resolverse en un plazo de 30 días y que el enfoque debe centrarse en "poner fin a la guerra" en lugar de prolongar la tregua temporal.

"La República Islámica de Irán ha presentado su plan a Pakistán, en su calidad de mediador, con el objetivo de poner fin de forma permanente a la guerra impuesta, y ahora le corresponde a Estados Unidos elegir entre una solución diplomática o la continuación del enfoque de confrontación", afirmó el viceministro de Relaciones Exteriores, Kazem Gharibabadi, recoge Press TV.

Así, la propuesta integral de la nación persa incluye temas como:

  • Garantizar la no agresión.
  • Retirada de las fuerzas militares estadounidenses de las inmediaciones de Irán.
  • Levantamiento del bloqueo naval
  • Liberación de los activos iraníes congelados
  • Pago de indemnizaciones
  • Levantamiento de las sanciones
  • Fin de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano
  • Nuevo mecanismo de tránsito por el estrecho de Ormuz, entre otros.

Actualmente, Teherán está a la espera de la respuesta oficial de Washington a las propuestas, indican medios iraníes.

 

Fracaso de las negociaciones de paz

Tras más de un mes de hostilidades, Estados Unidos e Irán pactaron el 7 de abril una tregua de 2 semanas que fue prolongada el martes de la semana pasada por Washington.

Pese al alto el fuego, la tensión se mantiene entre las partes, en medio del fracaso de las negociaciones de paz, el intercambio de ataques verbales y el bloqueo naval mutuo a buques comerciales entre el golfo Pérsico y el mar Arábigo.

El proceso negociador entre Teherán y Washington permanece en el aire, después de que la segunda ronda entre las delegaciones de ambos países en Islamabad se haya cancelado dos veces.

El encuentro del pasado miércoles fue pospuesto por tiempo indefinido y después Trump anunció que había cancelado el viaje de Steve Witkoff y Jared Kushner, que estaba programado para el pasado sábado.

Ante este estancamiento diplomático, desde la República Islámica han advertido que no aceptarán amenazas ni presión, al tiempo que están dispuestos a responder duramente a cualquier futura agresión.

 

¿Por qué la presión militar de EE.UU. sobre Irán no funciona?

Según el analista de política exterior Alexander Langlois, Washington debería evitar cualquier retorno al conflicto militar directo con Irán, independientemente del resultado de las negociaciones.

Tras la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de cancelar el viaje de sus enviados a la capital paquistaní, Islamabad, el 25 de abril y el aparente fracaso de las negociaciones entre Washington y Teherán, resulta evidente que, después de casi nueve semanas de conflicto, la fuerza militar no ha logrado modificar la postura negociadora de la República Islámica, indica el analista de política exterior Alexander Langlois en un artículo para The National Interest.

En este contexto, el riesgo de un eventual regreso a la guerra, junto con el agravamiento de los daños a la población civil y el sufrimiento económico que caracterizan el conflicto, sigue siendo alto, incluso en medio de los rumores de futuras conversaciones. En definitiva, según el experto, Washington debería evitar cualquier retorno al conflicto militar directo con Irán, independientemente del resultado de las negociaciones.

Inicialmente, las conversaciones indirectas que comenzaron el 11 de abril y duraron aproximadamente 21 horas antes de fracasar, constituyeron un esfuerzo de buena fe para poner fin a los combates.

Ambas partes comprenden las consecuencias negativas de esta guerra. Para Washington, esto incluye fuertes subidas en los mercados energéticos que agravarán la inflación, mientras la Administración Trump se enfrenta a una actitud ya de por sí hostil por parte del electorado estadounidense en vísperas de las elecciones legislativas. Para Teherán, la guerra es de naturaleza existencial. La República Islámica busca poner fin a la guerra en términos favorables para evitar una nueva ronda de combates y un mayor deterioro de los intereses económicos y de seguridad del país.

Ese componente existencial para Irán, sumado a los desafíos que enfrenta EE.UU., hace que el rumbo del conflicto sea preocupante para Trump. Tras haber llevado a cabo una campaña de bombardeos masivos y después de su retórica grandilocuente sobre la aniquilación de la civilización, las opciones del presidente para una escalada incluyen operaciones terrestres o una expansión de la campaña de bombardeos que agravaría las acusaciones de posibles violaciones de derechos humanos a gran escala.

Su decisión de bloquear los puertos iraníes justo después del fracaso de las conversaciones en Islamabad refleja una postura intermedia dentro de esta dinámica. Esta medida también representa el reconocimiento de que cualquier operación terrestre de este tipo pondría en peligro a más tropas estadounidenses sin garantizar un impacto significativo en las importaciones y exportaciones iraníes, salvo un nuevo y masivo envío de recursos a la región.

Peor aún, tales operaciones transformarían aún más esta guerra en un conflicto contra la sociedad iraní en su conjunto, fortaleciendo la legitimidad de la República Islámica y su determinación de contraatacar mediante una ofensiva de desgaste. Una estrategia de empobrecimiento de todos los iraníes constituirían un crimen de guerra de castigo colectivo, cuyo espectro ya se había planteado con sus amenazas de paralizar la infraestructura energética iraní.

Esta comprensión explica por qué el inquilino de la Casa Blanca optó por extender indefinidamente el alto el fuego con Irán el 21 de abril, en lugar de reanudar los ataques. Entiende que profundizar una guerra impopular justo antes de las elecciones de mitad de mandato, en medio de pésimos resultados en las encuestas, empeoraría su imagen pública.

Sin embargo, el bloqueo sigue constituyendo un acto de guerra. Si bien resulta doloroso para la República Islámica, no logra reabrir el estrecho de Ormuz, y mucho menos impedir por completo que la flota clandestina iraní transporte petróleo a rivales de Estados Unidos como China. 

Desde el inicio de la guerra, Irán ha ganado influencia al reforzar su control sobre el crucial punto estratégico logístico para productos energéticos y otros bienes esenciales, como fertilizantes. No necesita recurrir a tácticas tradicionales para mantener este control; basta con que sostenga los ataques y la amenaza de los mismos para, en la práctica, 'cerrar' el estrecho.

Washington parece creer que una mayor presión puede forzar la capitulación iraní en el tema del estrecho y que otros países deberían ayudar a Estados Unidos a resolver este problema, aunque contribuyó a crearlo. Su persistente deseo de presionar a otros Estados para que aborden el problema, incluso mediante una nueva coalición, refleja la escasa confianza que la Administración tenía en esa suposición desde un principio.

Esta continua dependencia de la fuerza bruta, que ya ha fracasado al no lograr el resultado previsto en la guerra, equivale a ceder el control del conflicto a otros actores. Peor aún, refleja el deseo de obligar a otros actores a resolver problemas que Estados Unidos mismo creó. “Esto no es una buena política; es bravuconería y perjudica la posición de Washington en el ámbito internacional”, dijo el especialista internacional.

Esa mentalidad explica el fracaso de las conversaciones en Islamabad, y es probable que vuelvan a fracasar sin un cambio radical en la postura de la Casa Blanca. Esta situación representa el último revés para Irán, al igual que en 2018, cuando Trump abandonó un acuerdo nuclear funcional y efectivo con Teherán, lo que llevó a Irán, según el analista, a expandir sus capacidades nucleares y su arsenal.

Esa evolución por sí sola debería evidenciar los fallos de lo que se ha convertido en otro atolladero en Oriente Medio para EE.UU., uno que debería evitar a toda costa en el futuro.

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