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Reconocimiento al gran maestro angaquero Salomón Tomas Bustos

Marcelo Mallea

POR Marcelo Mallea SEGUIR
06 de octubre de 2020

06 de octubre de 2020

Salomón Tomás Bustos, o como lo llamaban “Nene” y “Maestro”, nació el 29 de diciembre de 1946 en la ciudad de San Juan. Hijo de Don Dionisio Nolazco Bustos y Doña Manuela Emilia Ríos, fue el tercero de 4 hermanos, Leonor Matilde, Ana María y Carlos Andrés.

Durante su infancia vivió junto a su familia en una casa ubicada en la intersección de calles Belgrano y Velázquez en Las Tapias, Angaco, San Juan. Allí se dedicaban a trabajar la tierra con parrales, huertas de verduras y hortalizas, y también a la crianza de animales domésticos que servían para autoabastecerse en el consumo diario.

A pesar de vivir lejos de la Villa Cabecera, Salomón inició sus estudios primarios en la escuela Víctor Mercante que quedaba cerca de su hogar, pero posteriormente los finalizó en la escuela Juan José Paso que también era de la zona. Para poder cursar sus estudios secundarios tuvo que mudarse hasta la casa de sus tíos César Castro y Marta Bustos, donde convivió con ellos y sus primos durante el primer año de estudio. Posteriormente tomó una pensión por semana en la casa de la Sra. Julia Muñoz, hasta que terminó sus estudios. Gracias a esta ayuda, en el año 1965 pudo lograr su título de Maestro Regional Normal en la Escuela Normal Regional San Martín, ubicada en la Capital de la Provincia.

En el año 1966 comenzó a trabajar ininterrumpidamente como Docente en el Centro de Educación de Adultos (DINEA) hasta 1980. En ese mismo lapso, el director de la escuela N°41 del distrito El Bosque de Angaco, el Sr. Rufino, le ofreció trabajo como maestro suplente en dicha institución. Esto le permitió dar sus primeros pasos en la educación de niños, algo que siempre amó. Fue en esa misma escuela, más conocida como Juan Pascual Pringles, que en el año 1976 pudo lograr su titularidad como docente. Su incansable labor impulsada por su juventud pronto lo llevó a destacarse en la comunidad.

Día a día fue ganándose la confianza y el afecto de sus alumnos. En él encontraban un confidente que difícilmente otro docente lo lograba. Esta relación que aparentemente parece simple, adquirió una importancia mayúscula por las características psicológicas del niño de esta zona rural, que era reticente a expresarse y más aún a dialogar. La socialización del grupo fue también su preocupación y para ello los hacia confrontar e intercambiar con alumnos de otras escuelas vecinas. Así también ayudó a fomentar la “amistad”.

El maestro Salomón, por sus raíces y esencia, logró una comunicación constante con sus alumnos que en la mayoría continuó hasta hombres. No fueron pocos los que llegaron a su domicilio a pedirle luego un consejo o simplemente a expresarle su afecto o agradecimiento. Siempre se ocupó de la situación social y económica de sus alumnos. Fuera del horario escolar, visitaba los hogares y se interesaba por solucionar los problemas que a cada uno le aquejaba, manteniendo una estrecha relación con cada miembro de esta comunidad.

Salomón siempre fue una persona muy sociable y de buen corazón. Es difícil enumerar todas las actividades que realizó ya que incursionó en distintas actividades en pos de lograr el bienestar de sus alumnos y de la comunidad.

En el año 1977, luego del terremoto que destruyó numerosas casas en la localidad, la escuela donde daba clases quedó totalmente inhabilitada para su funcionamiento. A pesar que recién había iniciado su labor docente en ese año, con toda y plena predisposición, ayudó a la dirección a conseguir donde continuar con la labor escolar. Así sus alumnos doblemente castigados sin hogar y sin escuela, pudieron finalizar el año escolar. Esta gestión convirtió el Centro de Salud en escuela hasta que, también gracias a su gestión, se logró construir el nuevo edificio con el que cuenta hoy la escuela.

Se destacó conjuntamente allí por muchos años, de manera desinteresada, colaborando con su movilidad en el traslado de la comida para todo el alumnado. Sin esa colaboración, el comedor no podría haber funcionado. En ese entonces la escuela tampoco contaba con la especialidad de Educación Física, ni espacio para realizarla, pero esto no fue un impedimento para que sus alumnos gozaran de esta práctica. En un campo vecino, improvisó una “canchita” y allí realizaban juegos y Educación Física en general.

Algo a destacar y valorar en él fue su sensibilidad por el “ser humano”. No solo fueron los niños los que ganaron su afecto sino también una madre o padre necesitado, una abuela o abuelo, un compañero docente, todos sin excepción recibieron su preocupación o palabra de aliento.

Salomón fue una persona muy devota a su religión y esto lo impulsó a comprometerse una vez por mes en los pequeños festejos que la comunidad realizaba para honrar a Santo Domingo, patrono de esa zona. Él se encargaba del traslado del Padre Nazareno y convocaba a las familias y docentes que también asistían a la misa en el local escolar.

Estuvo presente en muchos grupos, comisiones y reuniones sociales tales como Rotary Club Albardón-Angaco, Club Atlético Huracán (Distrito El Bosque, Angaco) y La Unión Vecinal Villa del Salvador Angaco (lugar donde le gustaba jugar a las bochas y fue nombrado Socio Vitalicio), en los cuales compartió sus ideas y solidaridad.

Incursionó en la política y tuvo la oportunidad de ser candidato en el departamento por la UCR acompañado, formado e instruido por grandes iconos del partido como el Dr. Ricardo Colombo, Héctor Seguí y Miguel Moragues.

En agosto de 1985, en la falda del cerro Pie de Palo, tuvo el honor de inaugurar el nuevo edificio de la Escuela N°41 Juan Pascual Pringles, acompañado por Don Leopoldo Bravo, en ese entonces Gobernador de San Juan y todas las autoridades de educación. Posteriormente y luego de un emotivo acto, en la escuela donde tantos años trabajó como docente y director, lo reconocieron colocándole su nombre a una Sala de Industrialización.

En 1986, gracias a su gran labor en la educación, fue designado Coordinador Nacional de Alfabetización Funcional Permanente de la Junta Coordinadora de San Juan, en representación del Estado Nacional, puesto que desempeñó con gran entusiasmo y dedicación. Tuvo a cargo la supervisión y creación de centros educativos para lograr que nadie dejara de aprender a leer y escribir.

En ese mismo año se casó con Myriam Montenegro, con quien compartía la docencia. En sus 33 años de matrimonio tuvieron 2 hijos, Sergio Fernando y Cristian Rubén a quienes educaron con mucho amor y grandes valores para convertirlos en personas de bien.

Junto a sus 3 nietos, Luisana, Octavio y Pilar, disfrutó cada momento compartido y llenaron su corazón de amor y paz.

En 1991, su salud se vio afectada, y por este motivo se desempeñó como docente pasivo en la Escuela Juan Jufré hasta que 5 años después, pudo jubilarse y gracias a esos 36 años de servicio en su comunidad, es que lo reconocieron como “El Maestro”.

Junto a un amigo, en 1993 armaron un programa radial llamado “Música de Ayer, Hoy y Siempre” que se emitía por una radio local del departamento.

De manera inesperada, falleció el 20 de junio de 2019, fecha que marcó el corazón de su familia, sus hijos, sus nietos y sus amigos que lo recuerdan con gran cariño, fecha también que él conmemoraba con gran emoción y como gran docente de vocación por ser el Día de la Bandera Argentina.

A medida que pasan los días es más fuerte el sentimiento de nostalgia, y la fuerte convicción de las huellas inolvidables que marcó en su amado Angaco.

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