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Opinión > Un poco de historia

El balcón de Sarmiento

El presidente Sarmiento el mismísimo 1° de enero de 1870 mandó reunir todos los obreros disponibles e hizo levantar un estrado de madera a mitad de la Plaza, junto a la Recova que todavía dividía el predio en dos mitades.

Vanesa Téllez

POR Vanesa Téllez SEGUIR
17 de enero de 2020

17 de enero de 2020

Algunas veces por costumbre consideramos que las cosas han sido desde su origen tal cual las conocemos. Particularmente nos pasa con los edificios. Un ícono de los argentinos es el balcón de la Casa Rosada que precisamente no siempre existió ni de la forma que lo conocemos y  fue construido a pedido de Domingo F. Sarmiento.

Con la batalla de Caseros en que Urquiza se impuso a Rosas y la sanción de la Constitución Nacional al año siguiente, la provincia de Buenos Aires no aceptó su suerte y se separó en otro estado ajeno a la Confederación de las por entonces trece provincias. Así estuvieron las cosas, hasta 1860 que Buenos Aires se reintegró a la Nación y sumó un conflicto de jurisdicciones. Era al mismo tiempo sede del gobierno nacional y por sobre todo del provincial. El presidente de la nación casi un “huésped” en la capital. Con Domingo F. Sarmiento como presidente los roces tomaron ribetes insólitos y el cruce entre mandatarios más extravagante fue el 2 de enero de 1870.

Los veteranos de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay regresaban al país y desfilarían frente a la Plaza de Mayo. A Sarmiento le surgió un inconveniente: la Casa de Gobierno no tenía balcón mientras la sede provincial (por entonces ubicada junto al Cabildo, en el lugar que ocupa la Avenida de Mayo), poseía un voladizo con una vista privilegiada. El gobernador Castro se lo ofreció a Sarmiento pero en calidad de invitado. El sanjuanino no aceptó el hospedaje y exigió se le desalojara el lugar para él presidir, como presidente que era, un acto nacional. Elegantemente se rechazó su pedido.

La terquedad y el ingenio del Maestro de América eran exponenciales y cuando confluían, el éxito de salirse con la suya estaba asegurado. Era sabido que las tropas marcharían desde Retiro por la actual Avenida Alem hasta la Plaza, pasando frente a la Catedral y al balcón de la gobernación. Entonces, el presidente Sarmiento el mismísimo 1° de enero de 1870 mandó reunir todos los obreros disponibles e hizo levantar un estrado de madera a mitad de la Plaza, junto a la Recova que todavía dividía el predio en dos mitades.

Al día siguiente el desfile fue acompañado por una multitud exultante. El presidente se acomodó muy aseñorado en el propio palco. Ahí surgió la treta del Hijo del Andes: las tropas al llegar a la Plaza no siguieron el itinerario marcado. Entraron a la altura aproximada en que se encuentra el monumento ecuestre a Belgrano en dirección directa al escenario. Luego de rendir honores a Sarmiento, se alejaron hacia Retiro por la calle Reconquista, es decir, cien metros antes del balcón del gobernador de Buenos Aires.

La imaginativa salida había resuelto momentáneamente a favor del presidente. Aun así lo llevó a tomar la decisión de mandar construir un balcón a todo alrededor del ala norte de la Casa de Gobierno para las próximas ocasiones, mucho antes que se construyera la fachada actual y el balcón fuera más que famoso por sus ocupantes y sus momentos de gloria.

 

 

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