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Gorby, el último gran álbum de figuritas de golosinas argentinas

El duende de la suerte fue uno de los últimos álbumes que acompañaban una golosina con un concepto propio y original. Solo duró 3 años, del 2003 al 2006, pero permanece vigente en una generación.

POR Federico Rodríguez SEGUIR
15 de febrero de 2020

15 de febrero de 2020

Las golosinas suelen ser uno de elementos invisibles pero cotidianos, suelen estar frente a nosotros, son la “carta de presentación” de los kiosco. Pero por sobre todos son uno de los elementos que más nostalgia despiertan. Después de todo son muy pocas las líneas de golosina que permanecen en el tiempo, y las que lo hacen deben estar adaptándose a los cambios que el mercado exige.

Uno de estos detonantes de nostalgia son los clásicos caramelos Gorby. Eran unos caramelos con forma de trébol que tenían un sabor dulce, pero lo que los mantiene en la memoria colectiva y los hicieron ingresar en la cultura pop eran sus álbumes. Uno de los últimos de producción totalmente nacional. Resulta que Arcor, allá por el 2003, apostó por este proyecto y le encargó el diseño de un personaje central al que le orbitarían los caramelos y álbumes, el duende Gorby.

Este personaje al que le seguiríamos  sus aventuras fue diseñado por el ilustrador Marcelo Basile, el mismo de las tortuguitas, rocklets y las patitas. Gorby era un duende verde y redondo, con un sombrero de punta con pompón, una mochila en el que llevaba un catalejo y un callado con el talismán de la suerte.

STORYTELLING, COLECCIONISMO Y UN MERCADO DE NOSTALGIA

La golosina duró sólo tres años, del 2003 al 2006, pero en ese periodo sacó cuatro álbumes que iban contando la aventura. Es decir que no solo se compraba la golosina, sino que con cada figurita se iba descubriendo el universo de Gorby.

El primero nos presentaba el inicio de la aventura, el Trébol Mágico era destruido por  el malvado brujo Varlok y el concejo de ancianos de la comarca del Trébol enviaban a Gorby a encontrar los fragmentos para restablecer la Paz. Una historia sencilla, arquetípica pero eficaz. En este primer álbum conocíamos los desmanes que generó en la Comarca que el trébol se rompiera.

En el segundo nos transportaba al pantano de los dragones, acá el Rey de los dragones, Jotar, se aliaba a Gorby, pero además había que descifrar un laberinto.

En el tercero conocíamos la tierra de los gigantes, allí un gigante los desafiaba, la prueba consistía lanzar una piedra lo más lejos que pudieran, Gorby usaba su astucia y atando una piedra a un pájaro, lograba superar la prueba. En este se debía encontrar el fragmento escondido en la fortaleza al más puro estilo “Donde está Wally”.

El último cerraba la historia, en el pantano de Varlok Gorby recuperaba el fragmento y debía huir para restablecer la paz en la comarca. De nuevo, un laberinto era el desafío que se planteaba.

Con esta historia también había premios, esos típicos de los 2000, bicicletas, consolas y equipos de deportivos. Pero además un artículo que se convirtió en una reliquia para los coleccionistas, el muñeco de Gorby.

Esta es la historia de los caramelos Gorby, uno de los últimos álbumes de golosinas nacionales que todavía permanece en los recuerdos de una generación.

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