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Leopoldo Fierro, el bioquímico que hace los test de coronavirus en el Hospital Rawson

Trabaja en el Hospital Rawson, tiene 45 años y nació en Jáchal.

Leopoldo Fierro, el bioquímico que testea coronavirus.

POR Facundo Merenda SEGUIR
23 de abril de 2020

23 de abril de 2020

Se llama Leopoldo Fierro, nació en Jáchal, tiene 45 años, es bioquímico y está en el centro de la escena actual: lidera el equipo del Hospital Guillermo Rawson que se encarga de realizar los test de coronavirus, el enemigo invisible que pone en jaque al mundo con más de 2.600.000 contagiados y 180.000 muertos.

El hombre llega al hospital todos los días a las 6, vestido de civil: normalmente, una camisa y un pantalón de vestir. Cuando ingresa en el laboratorio comienza su transformación. Primero se coloca los guantes y luego vienen el barbijo, la cofia, el mameluco y los antiparras, en un procedimiento que dura unos 3 o 4 minutos. Y entonces arranca el trabajo.   

Leopoldo Fierro, el señor de los test en el Hospital Rawson. (Gentileza)

Leopoldo habla con sus colegas: 8 bioquímicos y 4 técnicos que forman parte del equipo. En cada jornada planifican los análisis que tienen que hacer y la distribución del tiempo, herramientas fundamentales para tener respuestas ágiles y resultados concretos.  

“Tenemos una gran responsabilidad y debemos cumplir porque es el trabajo que elegimos. Hay que ocuparse de la pandemia y no preocuparse”, le dice a DIARIO HUARPE.  

No es la primera vez que se enfrenta algo desconocido: lleva 22 años en la profesión y por ejemplo ya atravesó una situación similar en 2009 cuando trabajó contra la gripe H1N1, también conocida como gripe A.

“Igual, en ese tiempo teníamos menos tecnología y los efectos letales del virus fueron más rápidos: en una semana explotó todo”, recuerda.

Ahora están más preparados y no solo por el equipamiento, sino porque -dice- la gente colaboró quedándose en sus casas.

“Las medidas fueron acertadas y evitaron la propagación del virus en San Juan”, sostiene.

El Hospital Guillermo Rawson es uno de los 35 en el país que forman parte de la red del Instituto Malbrán y realizan los test de coronavirus en las mismas condiciones: a puerta cerrada, en un lugar hermético, cumpliendo con normas de bioseguridad de grado 2.  

El equipo de bioquímicos y técnicos del Hospital Rawson que testean en San Juan.

Las muestras que contemplan por día en San Juan cambian de acuerdo con los hisopados que les llegan desde los hospitales públicos y privados. Desde que comenzaron los testeos, a principios de abril, fueron analizando desde 6 a 30 por días. Leopoldo dice que no es un estudio rápido como la gran mayoría piensa: hay que procesar la prueba genética por distintas máquinas, lo que hace que el resultado esté en 24 horas, como mínimo.

Cuando las muestras del hisopado nasal y de faringe llegan al laboratorio, el equipo le hace un “lavado” donde se desprenden las células que luego se rompen dejando a relucir el material genético. Posteriormente, esa carga genética se extrae y se amplifica a través de la técnica de reacción en cadena. El resultado se procesa en una máquina que llegó en 2009 a San Juan y tras analizar la resolución se determina si un paciente tiene o no coronavirus.   

Este aparato fue traído desde el Instituto Malbrán en el año 2009.

En la provincia hubo hasta ahora 2 casos positivos, pero ambas mujeres se recuperaron y recibieron el alta. De todas formas, el Gobierno calcula que la enfermedad puede afectar a unos 40.000 sanjuaninos. Por eso, el equipo del Rawson evaluó ampliar el horario de trabajo para contemplar más muestras.

Cotidianamente Leopoldo sale del laboratorio con el sol escapándose entre las montañas. Toma su auto y vuelve a casa, donde lo esperan Sonia, su esposa desde hace 15 años, y sus 3 hijos: Victoria de 12, Bautista de 11 y Gimena de 7.

Leopodo con sus hijos: Victoria, Bautista y Gimena.

Pero antes de entrar en contacto con ellos, Leopoldo debe asumir un protocolo de desinfección: se cambia dentro del auto, desinfecta y se coloca alcohol en gel en sus manos. Y después se baña. 

“En mi casa saben lo apasionado que soy por el trabajo. Apenas llego comienzan a preguntarme muchas cosas de lo que hago en el laboratorio, más en este tiempo donde todo el mundo está hablando del coronavirus”, cuenta.  

Las preguntas de sus hijos no lo incomodan: dice que le recuerdan a su infancia en Jáchal con sus padres Leopoldo y Bety, que sintieron su ausencia cuando creció y se fue a estudiar a Córdoba.

“Era inquieto y muy curioso, por eso elegí el camino de la ciencia. Hoy cuando llamo a mis padres me agradecen por la profesión que seguí, porque piensan que ante cualquier emergencia voy a poder salvarles la vida”.

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