Sábado 18 de Abril
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País > Paleontología

Por qué se llama Bicharracosaurus dionidei: la historia detrás del nuevo dinosaurio argentino

La denominación del nuevo dinosaurio pone en valor una historia poco visible en la ciencia: la participación de quienes, desde el campo, hacen posibles los grandes descubrimientos.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
Don Dionide, el descubridor del Bicharracosaurus. FOTO: Gentileza

En la paleontología, los nombres científicos suelen responder a criterios técnicos, raíces griegas o latinas y descripciones anatómicas. Pero, de vez en cuando, la ciencia también deja lugar a historias humanas. Es el caso de Bicharracosaurus dionidei, el dinosaurio descubierto en Chubut cuyo nombre encierra un origen tan inusual como emotivo.

Detrás de esa denominación hay una palabra coloquial —“bicharraco”— y una persona: Dionide Mesa, un poblador rural que, sin formación académica en paleontología, fue clave para que los científicos llegaran a los restos fósiles.

Una expresión de campo que llegó a la ciencia

Mesa recorría habitualmente la zona del noroeste chubutense y mantenía contacto con investigadores del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF). Cada vez que encontraba restos, utilizaba una frase que con el tiempo se volvió inconfundible: “¡Encontré un bicharraco!”.

Esa forma de nombrar a los fósiles —intuitiva, directa, nacida del lenguaje rural— terminó trascendiendo el ámbito cotidiano para convertirse en un término científico. Cuando los paleontólogos confirmaron que los restos correspondían a una especie desconocida, decidieron bautizarla con ese nombre, incorporándolo al latín como Bicharracosaurus.

El epíteto específico, dionidei, completa el homenaje: es una referencia directa a Mesa, cuyo aporte fue determinante para el hallazgo.

Reconocimiento a un rol silencioso

El gesto no es menor. En palabras del paleontólogo José Luis Carballido, coautor del estudio, el nombre “no solo es un homenaje a él, sino también a todas las personas de campo que colaboran en estos descubrimientos”.

La afirmación resume una dinámica frecuente en la paleontología argentina: la participación de pobladores rurales que, por su conocimiento del territorio, detectan restos fósiles y dan aviso a los equipos científicos. Sin esa red informal de colaboración, muchos hallazgos no llegarían a concretarse.

También el investigador Diego Pol subrayó ese vínculo al señalar que los habitantes locales “siempre han sido grandes colaboradores” en las tareas de exploración.

Cuando la ciencia incorpora historias

El caso de Bicharracosaurus dionidei muestra cómo la nomenclatura científica —regulada y precisa— puede, al mismo tiempo, incorporar elementos culturales y humanos. El nombre no describe una característica anatómica ni un rasgo geográfico: cuenta una historia.

Ese cruce entre ciencia y territorio se vuelve aún más significativo en un contexto como el de la Formación Cañadón Calcáreo, donde se produjo el hallazgo. Allí, desde hace décadas, trabajan equipos del MEF y del CONICET junto a investigadores internacionales, en una de las zonas más ricas —y aún poco exploradas— en fósiles del Jurásico.

Un “bicharraco” que trasciende el laboratorio

Más allá de su relevancia científica —es un saurópodo de hasta 20 metros de largo y uno de los registros clave del Jurásico en Sudamérica—, el nuevo dinosaurio se distingue por algo poco frecuente: su nombre conecta directamente con una experiencia cotidiana.

Así, Bicharracosaurus dionidei no solo amplía el conocimiento sobre los gigantes que habitaron la Patagonia hace más de 155 millones de años. También deja testimonio de una relación fundamental en la ciencia: la que se construye entre investigadores y comunidades locales.

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