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Migración de aves en San Juan: el viaje que ocurre cada otoño
Con la llegada del frío, San Juan se convierte en refugio y paso de aves migratorias. Un fenómeno natural clave, amenazado por la pérdida de hábitats.
El cambio de estación en San Juan no solo se siente en la temperatura o en el paisaje: también se observa en el cielo. Con la llegada del otoño, la provincia se convierte en escenario de un intenso movimiento de aves migratorias que buscan refugio y alimento. Para el naturalista y ornitólogo Francisco Lucero, este es un momento clave para observar un fenómeno que refleja tanto la riqueza natural como las tensiones ambientales de la región, según explicó a DIARIO HUARPE.
Dos rutas migratorias que confluyen en Cuyo
Cada año, miles de aves provenientes de la Patagonia argentina emprenden su viaje hacia el norte escapando del frío extremo. San Juan aparece entonces como un territorio estratégico, con condiciones más benignas y mayor disponibilidad de alimento.
Entre las especies más llamativas se destaca el picaflor rubí, que encuentra sustento en las inflorescencias rojas, anaranjadas y amarillas de la "Liga", la cual constituye su principal fuente de alimentación durante su estancia en la provincia.
También llegan aves de ambientes abiertos como las dormilonas —chica, cenicienta y ceja blanca— y las camineras del género Geositta. Estas últimas, en primavera - verano nidifican en el sur de la Patagonia y viajan miles de kilómetros para establecerse temporalmente en zonas del Este y Sur sanjunanino, extendiéndose en ocasiones un poco más hacia el norte.
A este flujo se suma el yal carbonero, que realiza desplazamientos más cortos desde zonas cercanas de Mendoza hacia territorio sanjuanino.
Aves de altura en busca de alimento
En paralelo, otro movimiento se da desde la cordillera y la precordillera alta. Se trata de aves que descienden hacia los valles intermontanos en busca de temperaturas más templadas y frutos disponibles.
En este grupo se destacan los llamados “fruteros”, especies de colores intensos que aprovechan cultivos como olivos, naranjos y mandarinos. Entre ellos aparecen la saíra de antifaz, la tersina, el frutero de cabeza negra y el picaflor enano.
Estos desplazamientos altitudinales permiten a las aves atravesar el invierno en condiciones menos rigurosas, siempre vinculadas a la disponibilidad de alimento.
La despedida: aquellos que parten hacia el norte
Mientras unas llegan para pasar el invierno, otras aves que arribaron a San Juan en octubre para nidificar y criar a sus pichones inician su partida en abril. Este grupo está compuesto principalmente por aves insectívoras que, ante la disminución de su fuente de alimento por el frío, deben buscar climas más cálidos en el norte argentino, el sur de Brasil o el centro de Sudamérica.
La mayoría de estas especies pertenecen a la familia de los Tiránidos (Tyrannidae). Entre los que emprenden el vuelo de regreso se encuentran los Fiofíos, los Suirirís, las Tijeretas y el Picaflor común.
Lucero también menciona movimientos específicos desde la cordillera, como el del Jilguero Andino y el Negrillo, que se desplazan hacia las yungas de Jujuy y Salta para pasar la temporada invernal, regresando a la precordillera alta sanjuanina recién en octubre para cumplir con su ciclo reproductivo.
El impacto de la crisis hídrica en las rutas migratorias
Pese a la riqueza de este fenómeno natural, el panorama actual de la provincia genera preocupación. Lucero advierte que en las últimas décadas San Juan ha perdido numerosos ecosistemas fundamentales para estas especies producto del impacto de una mala gestión del agua en la provincia
"En los últimos 30 años, San Juan ha perdido una cantidad alarmante de hábitats naturales críticos para estas especies", explicó Lucero. Humedales emblemáticos como las lagunas del Médano de Oro o las de Guanacache, así como diversas lagunas de altura, se han transformado en lugares secos. Esta alteración de los ecosistemas ha provocado que más de 30 especies de aves dejen de llegar a estas zonas, generando un desequilibrio importante en la biodiversidad local".
El especialista remarca la necesidad de repensar la gestión del agua, incorporando una mirada ambiental que garantice el equilibrio de los ecosistemas.
Dónde y cómo observar el fenómeno
Para aquellos interesados en ser testigos de estos movimientos migratorios, Lucero recomienda paciencia y observación dedicada.
Las zonas arboladas y con frutales son ideales para avistar a los fruteros en departamentos como Valle Fértil, Sarmiento y Calingasta. Por su parte, los picaflores pueden encontrarse en el sur de la provincia y en el norte mendocino, en localidades como Cienaguita, Potrerillos, Lavalle, Uspallata, Los Berros, Pedernal y Calingasta, aunque suelen ser solitarios y escasos.
Y otras especies, como las Dormilonas y las Camineras, pueden ser vistas en áreas como Retamito, Guanacache e incluso en Jáchal e Iglesia.
El ciclo migratorio se extenderá hasta septiembre u octubre, cuando las temperaturas comiencen a subir nuevamente. En ese momento, con el nuevo aumento de las temperaturas, el ciclo se reiniciará: las que vinieron del sur regresarán a la Patagonia y las que partieron hacia el norte volverán a San Juan para anidar, manteniendo vivo el eterno retorno de la naturaleza.