Domingo 03 de Mayo
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Salud y Bienestar > Desarrollo infantil

Pubertad precoz: causas, señales y cómo prevenir el desarrollo temprano

La endocrinóloga infantil Mariana Vila explica causas, síntomas y el impacto de pantallas y ambiente en la pubertad precoz.

Por Brenda Uñate
Hace 2 horas

La doctora Mariana Vila abordó el crecimiento temprano y sus factores en niños y niñas.

En el tercer bloque de Salud & Bienestar, el programa que se emite por HUARPE TV, la preocupación por el desarrollo infantil tomó protagonismo con un tema cada vez más frecuente: la pubertad precoz. La doctora Mariana Vila, endocrinóloga infantil, explicó de manera clara qué significa este diagnóstico, por qué ocurre y qué señales deben alertar a las familias.

“La pubertad en sí son los cambios físicos que tienen los niños para llegar a su etapa adulta”, introdujo la especialista. Sin embargo, cuando esos cambios aparecen antes de lo esperado, se encienden las alarmas. “La pubertad precoz es cuando vemos estos cambios antes de tiempo, en niñas antes de los 9 años y en varones antes de los 11”, precisó.

En la práctica, esto puede observarse en el desarrollo mamario en niñas, la aparición de vello corporal o cambios de voz y crecimiento acelerado en varones. Pero no son las únicas señales. Muchas veces, el comportamiento también cambia. “Se encuentran con niños de 7 u 8 años más rebeldes, enojados, con agresividad, por los cambios hormonales”, explicó.

Hormonas, cerebro y señales del cuerpo

El origen de este fenómeno está en el sistema hormonal. Según detalló la especialista, existe una glándula en el cerebro que regula la producción de distintas hormonas, incluidas las sexuales. “Hay una hiperproducción de hormonas sexuales que lleva al crecimiento de huesos, útero, ovarios o testículos”, señaló.

Si bien en la mayoría de los casos no hay una causa única identificable, es fundamental descartar problemas orgánicos. “Siempre hay que evaluar si hay alguna causa en el cerebro, aunque es poco frecuente”, aclaró.

En este contexto, uno de los conceptos clave es el de los disruptores endocrinos. Se trata de sustancias presentes en el ambiente que imitan la acción de las hormonas. “Son como productos que trabajan como si fueran hormonas”, explicó Vila, utilizando una metáfora sencilla para sus pacientes. “El cerebro detecta que hay hormonas, pero como no llegan correctamente, produce más, y eso genera un exceso”.

Estos disruptores pueden encontrarse en objetos de uso cotidiano, desde envases plásticos hasta cosméticos infantiles. Por eso, la recomendación es reducir su exposición en la medida de lo posible.

Pantallas, hábitos y factores que influyen

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la entrevista fue el rol de las pantallas. Si bien aún está en estudio, existe una fuerte asociación entre el uso excesivo de dispositivos y la pubertad precoz. “En la pandemia fue uno de los diagnósticos con más auge”, indicó la médica. “Las pantallas estimulan neuronas que también influyen en la producción de hormonas sexuales”.

A esto se suma otro factor clave: el sobrepeso. La obesidad infantil no solo impacta en la salud general, sino que también puede acelerar el desarrollo. “Predispone muchísimo a esta patología”, afirmó.

El estilo de vida actual, con mayor sedentarismo y consumo de ultraprocesados, contribuye a este escenario. “Los chicos tienen más ansiedad, más hambre, y eso también influye”, agregó.

Frente a este panorama, la prevención comienza en casa. La especialista recomendó fomentar la actividad física, reducir el tiempo frente a pantallas y mejorar la alimentación. También sugirió evitar el uso temprano de maquillaje o productos cosméticos en niñas. “Disminuir estos factores puede hacer una gran diferencia”, aseguró.

En cuanto al tratamiento, existen opciones médicas que permiten frenar temporalmente el avance de la pubertad. “Es como congelar el proceso hasta que el paciente tenga la edad adecuada”, explicó. Este abordaje permite que el desarrollo continúe de manera más acorde a la edad cronológica.

La pubertad precoz no solo implica cambios físicos, sino también emocionales y sociales. Por eso, el acompañamiento familiar y la consulta temprana son claves. Detectar a tiempo, informarse y adoptar hábitos saludables puede marcar una diferencia en la calidad de vida de niños y niñas.

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