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Policiales > Infancia robada

Tres hermanas descubrieron a los 40 que el mismo hombre las abusó en la infancia

Tres hermanas de San Luis mantuvieron oculto durante tres décadas el calvario que vivieron en su infancia a manos de un amigo de la familia que se había ganado la confianza de sus padres.

POR REDACCIÓN

Hace 3 horas
Uun hombre que se había convertido en "tío del corazón" abusó sexualmente de tres hermanas. FOTO: Gentileza

Durante tres décadas, el silencio fue su única compañía. Un pacto no escrito, pero inquebrantable, mantuvo sepultada una historia de abusos sexuales que comenzó en la más temprana infancia y se prolongó por diez años. Hoy, tres hermanas de la ciudad de San Luis decidieron romper ese muro y alzar la voz para contar el infierno que vivieron a manos de un hombre que llegó a sus vidas como un "tío del corazón" y se convirtió en su verdugo.

La verdad emergió recién en 2018, durante un reencuentro familiar en Córdoba. Hasta entonces, Carla, Karina y Lorena —nombres ficticios para preservar su identidad— habían atravesado su calvario en soledad, convencidas cada una de que había sido la única destinataria de aquellas vejaciones. Una conversación casual sobre otro caso de violación destapó el trauma reprimido y las tres comprendieron, con estupor, que habían compartido el mismo infierno.

El quiebre: un viaje y una confesión que cambió todo

Carla, la menor de las hermanas, fue la primera en animarse a romper el silencio. "Cuando me recibí de abogada, en 2018, viajé a Córdoba para recibir el título. Mi hermana del medio, Karina, vivía allá. En el viaje estábamos hablando de otro caso de abuso, y yo en ese momento les conté a mi hermana mayor, Lorena, mi pareja y mi mamá que yo también había sido abusada", recordó.

La ansiedad por saber si Karina había corrido la misma suerte la acompañó durante todo el trayecto. "Cuando llegamos a Córdoba, con la ansiedad de saber si a Karina también le había pasado, ella lo confirmó", relató sobre ese momento bisagra que unió sus destinos en la búsqueda de justicia.

"Nunca había tenido la sospecha de que ellas habían pasado por lo mismo. A partir de allí nos dio mucha fuerza para enfrentarlo", agregó Carla.

Karina, por su parte, confesó los miedos que la mantuvieron callada durante años: "Pensaba que si decía algo iba a destruir mi familia y, además, la vergüenza y el miedo que yo sentía".

El abusador: el "tío del corazón" que se aprovechó de la confianza familiar

El hombre señalado por las tres hermanas como el responsable de los abusos sexuales y psicológicos sufridos en la infancia ingresó al círculo familiar a mediados de los años ochenta como amigo de los padres. Tras el divorcio de ellos, se acercó muchísimo más a las víctimas. Su presencia en la casa era constante y gozaba de la confianza de los adultos, quienes lo dejaban al cuidado de las niñas durante las noches y algunas tardes.

Los abusos se produjeron entre 1985 y 1995, cuando las hermanas tenían entre 3 y 9 años. Según relataron, el hombre utilizaba su rol de cuidador para aislar a cada una en habitaciones separadas, donde cometía los ultrajes. Las tres están convencidas de que utilizaba algún tipo de sustancia para adormecerlas, ya que todas recordaron dificultad para saber cómo llegaban a las habitaciones y una incapacidad para defenderse o moverse al momento de los hechos.

"Era una persona peligrosa, adicto al sexo infantil, o sea un pedófilo. No le importaba que éramos tres criaturas y no le importaba si mis padres estaban cerca. No tenía control y socialmente es peligroso", expresó Karina con contundencia.

Testimonios desgarradores: el infierno en la intimidad del hogar

"Era despertarse y tenerlo encima nuestro tocándonos y besándonos las partes íntimas. Aparecía entre las frazadas, nosotras no podíamos defendernos ya que no teníamos fuerza para movernos", coincidieron las hermanas al describir las pesadillas que vivían a diario.

Las vejaciones incluían tocamientos, sexo oral forzado e intentos de penetración. "En distintas ocasiones nos hacía practicarle sexo oral, y él también lo hacía con nosotras, sumado al manoseo y los besos que eran a diario", detallaron.

Los abusos no solo ocurrían en las habitaciones, sino donde él pudiera y tuviera la posibilidad de hacerlo, sin que nadie lo viera y sin importar si había gente o no en la casa. "En otras ocasiones despertábamos con la sensación de apretar fuerte las piernas y hacer fuerza ya que estaba encima intentando penetrarnos, cosa que no sabemos cómo lograba. Calculamos que usaba geles íntimos o aceites, ya que recordamos algo suave en la piel", recordaron.

El modus operandi era mantenerlas en habitaciones separadas con las puertas cerradas, siempre en silencio y a oscuras. Karina contó que las llevaba a la habitación de sus padres y Lorena dijo que la violaba en su propia habitación. A Carla y Karina, que compartían habitación, las ponía en un colchón en el piso y él se acostaba en el medio.

Karina agregó que el hombre utilizaba excusas para invadir su intimidad también durante el día: "Solía intentar entrar al baño cuando me estaba bañando para ayudarme a bañarme, para alcanzarme la toalla, el champú, o con cualquier excusa".

Las secuelas: heridas que el tiempo no borra

El impacto psicológico de los abusos dejó huellas profundas en la vida de las tres hermanas. Carla, la menor, admitió: "Me hice pis hasta los 10 años, me comía las uñas de tal forma que me debían llevar al médico porque se me infectaba hasta el brazo. Era muy rebelde y estaba siempre muy enojada. Creo que fui la más afectada de mis tres hermanas por el hecho de ser la menor".

Karina describió cómo el abuso prolongado afectó su autopercepción y su vida adulta: "El miedo lo vivo a diario, tengo pesadillas hasta el día de hoy, espantosas. El rechazo a mi cuerpo, dificultades en mis relaciones de pareja y tendencia a relacionarme con personas que me dominaban".

Lorena también se refirió a las secuelas emocionales: "Estaba todo como muy naturalizado, me costó mucho defenderme, poder hablar, una especie de parálisis en todos los aspectos de mi vida, fobias que me siguen sucediendo en la actualidad, un temor grandísimo a todo y una excesiva culpa por algo que no hice".

El hallazgo de otra víctima: el impulso definitivo para denunciar

En su búsqueda de justicia, las hermanas se contactaron con organizaciones especializadas y grupos de apoyo para mujeres víctimas de abuso sexual infantil. Fue en uno de esos grupos donde publicaron la foto de su abusador para advertir a sus integrantes. Allí las contactó la madre de una joven que hoy tiene 18 años y había sido abusada por el mismo hombre cuando tenía 12.

Al enterarse de lo ocurrido, las tres se pusieron inmediatamente a disposición de la víctima para prestar testimonio en su causa. El descubrimiento de que la violencia no se había detenido y que el acusado continuaba vinculado a espacios con niños fue el impulso definitivo para presentar su propia denuncia.

La respuesta judicial: prescripción y una medida cautelar que silencia a las víctimas

A pesar de la gravedad de los hechos, la acción penal está prescripta. Sin embargo, las hermanas, representadas por las abogadas querellantes Estrella Marín y María Fernanda Pereyra Jamenson, le pidieron al Poder Judicial de San Luis que investigue lo ocurrido y se exprese al respecto a través de un Juicio por la Verdad.

"Durante décadas existió silencio en torno a los hechos y cuando las sobrevivientes lograron hablar, la respuesta del sistema penal fue que ya era tarde. Nosotras creemos que nunca es tarde para la verdad", enfatizaron las letradas.

En paralelo, el hombre de 62 años denunciado interpuso un recurso judicial para que las abogadas querellantes no puedan mencionarlo con nombre y apellido. La medida cautelar, que ya fue concedida, sostiene que hay un "plan culpabilizador con venganza social" ejecutado por las abogadas a través de manifestaciones públicas en medios de comunicación y redes sociales.

La presentación judicial también acredita que el hombre "presenta un cuadro de angustia y desesperanza profunda con ideaciones suicidas, las cuales guardan una relación temporal y causal directa con la exposición mediática y el hostigamiento denunciado".

Las abogadas cuestionaron el alcance de esta restricción: "Sobre nosotras rige una medida cautelar que nos impide brindar declaraciones que puedan implicar la identificación del denunciado. Estamos prácticamente bajo una censura previa". Y advirtieron: "En causas de abuso sexual infantil, la difusión responsable muchas veces permite que aparezcan otras víctimas. Pero cuando te imponen una prohibición tan amplia, se dificulta esa posibilidad".

La preocupación por su actividad con menores: fotos en contextos recreativos

Uno de los elementos que más preocupa a las denunciantes es la actividad pública del acusado. Según señalaron las abogadas, el hombre realiza acciones solidarias en barrios vulnerables y publica en sus redes sociales fotografías junto a niñas pequeñas en contextos recreativos.

"No es una foto circunstancial. Hay reiteración. Son imágenes en distintos momentos y contextos, siempre con menores, siempre en una posición de cercanía", explicaron las letradas, quienes incorporaron ese material a la causa como elemento de análisis.

"Las fotos están en sus redes públicas. No es algo que haya que investigar demasiado: él mismo las difunde", enfatizaron.

"Cuando existen denuncias de abuso sexual infantil, la presencia activa y reiterada en ámbitos con niñas debería, como mínimo, encender alertas", afirmaron.

"Para las tres hermanas y la nueva víctima de 18 años es muy duro ver esas publicaciones. Sienten que mientras ellas esperan justicia, él continúa desarrollando actividades con menores sin ningún tipo de restricción", se lamentaron.

Juicio por la Verdad: el reclamo de justicia más allá de la prescripción

A pesar de que la acción penal está prescripta, las abogadas aseguran que "el dolor no prescribe" y le pidieron al Poder Judicial de San Luis que investigue lo ocurrido y se exprese al respecto.

"Entendemos el derecho de defensa y el principio de inocencia. Pero también creemos que no puede convertirse en una herramienta para silenciar a las víctimas o a quienes las representamos", expresaron.

"Nunca es tarde para la verdad"

Hoy, Carla tiene 41 años; Karina, 43; y Lorena, 46. A tres décadas de los abusos, remarcan que, aunque el proceso de denuncia significó enfrentar recuerdos dolorosos y atravesar una nueva instancia de exposición, decidieron dar el paso definitivo cuando supieron que el hombre había sido denunciado por el abuso de otra adolescente.

Al reconocer que la violencia no se había detenido y que el acusado continuaba vinculado a espacios con niños, las tres eligieron presentarse ante la justicia y ofrecerse como testigos en la causa de la joven. Para ellas, el tiempo no borra lo que ocurrió ni anula la posibilidad de que se escuchen sus voces.

Y subrayan, con la fuerza que da haber roto tres décadas de silencio, que romper el pacto puede abrir el camino a la reparación y a la protección de otras infancias. Porque, como ellas mismas sostienen, "nunca es tarde para la verdad".

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