Viernes 29 de Mayo
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Economía > Comercio blue

Electrodomésticos importados sin control estatal inundan los galpones mayoristas

En el Conurbano y otros grandes centros urbanos del país, se multiplican los depósitos mayoristas con productos chinos a bajo costo y escasa regulación. Expertos alertan por fallas de seguridad y empresarios denuncian competencia desleal.

POR REDACCIÓN

Hace 3 horas
En los famosos "Templos del ahorro" se muestra a los clientes el tipo de cambio al que se pesifican los precios en el día. 

 

Con la apertura de importaciones, los negocios y mayoristas multi-rubro reciben una avalancha de productos a precios irrisorios y con una evidente falta de control de calidad por los organismos estatales. Grandes galpones y depósitos, conocidos como los “templos del ahorro”, se potencian en el Conurbano bonaerense y en otras grandes ciudades. 

Empresarios e industriales argentinos denuncian por otro lado, prácticas de contrabando, competencia desleal e incumplimiento de los requisitos mínimos de seguridad. En estos sitios, explotan de clientes todos los fines de semana. Las personas hacen filas de más de una cuadra para ingresar y acceder a la compra en cantidad de los productos. 

Sin embargo, los precios aparecen expresados en dólares, se paga al tipo de cambio blue del día y hay descuentos del 10 % abonando en efectivo. El número de artículos es tan vasto como su variedad de rubros. Hay desde sillas de comedor tapizadas y mochilas con rueditas para niños a $25.000; botellas de acero inoxidable por $9.000 y hasta bicicletas por $200.000, muy por debajo del promedio del mercado.

Pero el imán que atrae a los cazadores de ofertas son los productos eléctricos: mini ventiladores de mano por menos de $3.000, auriculares gamer por $8.500 o bufandas calefactoras por $18.000. También pavas eléctricas a $12.289, planchas a $22.000 o una estufa de cuarzo a $10.000. La oferta no tiene fin: planchas para cocina, freidoras de aire, picadores de carne, hornos y wafleras, entre otros.

Baratos, pero inseguros

Desde la Cámara de Fabricantes y Vendedores de Pequeños Electrodomésticos (CAFAVEP) aseguran que es imposible ofrecer estos precios cumpliendo con todos los estándares de seguridad. 

Además, denuncian que el contexto de baja de aranceles para la importación se mezcla con “una subfacturación sistemática de entre el 50% y el 85% del valor real de los productos con la venia de las autoridades aduaneras" para pagar aún menos impuestos.

Los empresarios aseguran que es imposible importar ventiladores retráctiles o freidoras de aire por U$S 5 o cafeteras por U$S 2,70 como está ocurriendo. “Los costos reales mínimos están entre tres y cinco veces por encima esos valores”, comunicaron.
En el afán de bajar los precios a como dé lugar, el Gobierno flexibilizó y eliminó regulaciones para importar productos eléctricos. “Nadie controla lo que ingresa al país”, advierte un profesional especializado que era clave en los controles de electrodomésticos importados.

Vía resoluciones, entre mediados de 2024 y 2025 el Gobierno de Javier Milei facilitó la importación de electrodomésticos, por un lado, con la quita de aranceles para importación y por el otro con el relajamiento de las medidas de seguridad.

“Antes el control tenía que hacerse en Argentina, se certificaba que el producto fuera lo que decía ser y se tomaba una muestra para someterla a un ensayo de laboratorio en el INTI o en privados, salvo convenios con otros organismos de control internacionales”, explica el especialista. En esos procesos se verificaba que el producto “no provoque choques eléctricos o que no propague fuegos”, ejemplificó.

En la actualidad basta con ponerle a la caja del producto un QR con una declaración jurada del importador validada por un organismo certificador, nacional o extranjero, que asegure que cumple con todas las reglas. El Gobierno apartó de los controles tanto a la Aduana como a los organismos nacionales. “Ahora el proceso se invirtió y el control es posterior, pero nadie controla”, alertó el profesional.

Para abaratar costos, muchas empresas importan productos que al ingresar a la declaración jurada dicen una cosa, pero en realidad son otra. Es el caso de una “parrilla grill” con una potencia de 2.000 watts que se comercializa en un galpón de electrodomésticos y artículos para el hogar en Ituzaingó, en el oeste del Gran Buenos Aires: aparece declarada como “tostadora” de hasta 850 W.

“Registramos varios casos donde le encajan certificados de productos aprobados a productos que no lo están. Por ejemplo, a una tostadora le ponen el certificado de un horno eléctrico. Nosotros denunciamos el caso de un termo eléctrico de 700 W que declararon como pava de 1.200 W″, ejemplificó Guillermo Duodero, ingeniero en electrónica de Peabody, empresa de electrodomésticos.

Al establecerse un control posterior, todos los productos son seguros hasta que se demuestre lo contrario. Pero es imposible controlar de manera rápida cuando los productos ya se comercializan. “Detectaron un caso de una heladera que incumplía normas mínimas, hicimos la denuncia desde la Cámara, pero hasta que los sancionaron pasaron nueve meses y ya habían vendido todas. Encima apelaron la multa y andá a saber cuándo van a pagar”, contó desesperado Dante Choi, dueño de Peabody.

En estos dos años, la empresa despidió e hizo acuerdos por desvinculaciones. Así, pasó de 350 empleados a poco más de 60. “Las ventas cayeron entre 30% y 40%”, lamentó Choi, que mudó gran parte de su operación a Paraguay para abaratar costos, aunque asegura que así y todo le cuesta competir contra las importaciones desleales. 

Subfacturación y baja calidad

La CAFAVEP denuncia que los valores de miles de productos que ingresan al país son irreales. “Están entrando electrodomésticos a valores que están por debajo de la materia prima que se utiliza para fabricarlos”, sostiene el ingeniero Duodero. “Nosotros mandamos ese termo a un laboratorio privado y le encontraron diez puntos que incumplían los requisitos mínimos de seguridad, desde protecciones para el calentamiento que permiten que se apaguen sin agua, hasta la estabilidad. Se volcaban muy fácil”, alerta.

Los especialistas coinciden en que la gama de productos que ofrece el mercado chino es muy amplia: una misma fábrica puede producir cumpliendo ciertos estándares, pero si le piden bajar costos pueden personalizar el producto para ahorrar en aspectos de seguridad.

Así y todo, los empresarios sostienen que es imposible que el costo de los productos sea el que declaran en la Aduana. “Hay subfacturación sistemática de entre el 50% y el 85% del valor real de los productos”, con el objetivo de pagar aún menos impuestos.

Choi recuerda que en 2016 su empresa fabricó desde cero un ventilador de techo retráctil, con un costo material de U$S 35, pero que desde el año pasado ese mismo producto se importaba desde China a U$S 15 y meses después a U$S 5. “No se puede hacer por menos de 20 si querés cumplir lo mínimo que pide la ley”, sostiene.

El empresario le propuso a la Aduana que pidiera el certificado de exportación que las empresas presentan en China. Allí figura el precio real porque tienen que pedirle el porcentaje de subsidio al gobierno chino. “Se me rieron en la cara. Me dijeron ‘nosotros estamos liberalizando’”, contó con fastidio.

Un ejemplo concreto son las pavas eléctricas, que se consiguen en torno a los $12.000, cuando en Argentina está vigente una medida antidumping que establece que no se pueden importar por debajo de los U$S 12,46 por unidad, unos $17.600.

Excepto que importen para perder dinero, los números no cierran. A ese cálculo aún habría que sumarle costos como impuestos aduaneros e internos, tarifas y salarios que el comercio tiene que afrontar.

En un contexto de caída de los salarios y el consumo, las importaciones baratas son la única vía de acceso a ciertos productos para millones de personas. Con un Estado que se corre de sus funciones de control, los propios consumidores deben convertirse en especialistas en seguridad eléctrica.

“Es cosa de mirar bien”, explica Silvia, una mujer de unos 40 años que recorre los pasillos del galpón con su changuito. “Te das cuenta que hay cosas muy truchas, entonces hay que tratar de no comprar lo más barato”, reconoce. Si bien dice que recurre a estos lugares “más que nada para comprar chucherías”, también aprovecha para adquirir electrodomésticos que “de otra manera no podría tener”.

Pero más allá de estrategias como “fijarse si la caja parece muy trucha”, como dice Silvia, el consumidor promedio tiene pocas herramientas para verificar si un producto eléctrico es seguro. “Es medio complicado que alguien sepa si un plástico es antiflama o si las estufas tienen un termostato que se corta a cierta temperatura”, lamentó Duodero.

Fuente: Página/12

 

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