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María Antonia Deolinda Correa

El “deber ser” le importó poco a esta mujer que dejó la tranquilidad de su hogar y partió a buscar a su esposo en el desierto sanjuanino.

POR Emilia Junco SEGUIR
13 de junio de 2020

13 de junio de 2020

María Antonia Deolinda Correa fue una sanjuanina que rompió paradigmas.

En 1840 empujada por la locura, la valentía y el amor, tomó una decisión de ir a buscar a su esposo, Baudilio Bustos, que había sido llevado por las tropas unitarias hacia La Rioja.

En esa búsqueda, la mujer fue con su pequeño hijo y recorrió a pie el desierto del este sanjuanino, partiendo desde Angaco. Pero la sed, el calor y el cansancio hicieron que Deolinda se desmoronara.

Unos arrieros pasaron y vieron su cadáver. Pero se sorprendieron cuando descubrieron que el bebé estaba amamantándose de su madre muerta. Los hombres recogieron a Deolinda y la sepultaron en Vallecito, Caucete.

Tiempo después y en una noche de tormenta, un arriero le pidió a Deolinda que le ayudara a encontrar su ganado disperso y la Difunta se lo concedió. Y ahí fue cuando nació el fenómeno de fe que vive con fuerza hace 3 siglos.

“Fue una mujer disruptiva para su época. Se animó a romper paradigmas, que en ese momento estaban mal vistos y prohibidos”, comentó el filósofo y autor del libro “Deolinda Correa, valentía y locura”, Michael Zeghaib.

Deolinda convivió en una época de guerras civiles en Argentina, las luchas entre unitarios y federales. En ese entonces, las mujeres debían sostener ciertas costumbres como quedarse en casa, estar con sus hijos, no usar pantalones y hasta tenían prohibido viajar solas.

Pero el “deber ser” a Deolinda le importó poco.

“Una cosa es Deolinda antes de que se llevaran a su esposo y otra es cuando ya se lo llevaron a él. Hubo algo que se quebró en ella y nació la mujer disruptiva. Ahí empieza a vivir lo que Joseph Campbell menciona como el ‘Viaje del héroe’. Ella empieza a ser una heroína en el momento en el que toma la decisión de romper con lo establecido por la sociedad y con la seguridad del hogar”, agregó Zegahib.

Hoy, la Difunta es un personaje en el que mucha gente deposita su fe y promesas. Y es la misma devoción popular la que la elevan hasta la santidad.

Acá se ve otra disrupción. “La santificación de Deolinda va más allá de la hegemonía autoritaria de la Iglesia Católica, que es la que decide quien es santo y quién no. Su personaje va más allá de lo imposible. Por eso se le piden cosas imposible, porque ella hizo algo imposible, rompió paradigmas”, concluyó.

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