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Cinco amigos se unieron para ayudar a más de 70 niños de 25 de Mayo

Son compañeros de trabajo que hicieron una colecta de ropa y alimentos. Hace algunos días estuvieron en Pozos del Salado. Dicen que este evento fue el puntapié para otros que quieren organizar en el futuro.

POR Facundo Merenda SEGUIR
13 de septiembre de 2019

13 de septiembre de 2019

Movidos por las ganas de colaborar con el prójimo, cinco amigos se unieron para ayudar a más de 70 niños de la localidad de Pozos del Salado en Santa Rosa departamento de 25 de Mayo. Marcelo Valdez (47), Darío Tramontini (53), Paulo Gutiérrez (30) y los hermanos Enzo y Juan Torres (30 y 31), juntaron ropa y alimento para esa comunidad. La idea era más allá de pasar un grato momento dejarles algo para que puedan comer y tener con qué vestirse.

Además de ser amigos, son compañeros de trabajo. El lugar lo eligieron ya que Enzo fue a jugar a la pelota en aquella zona y se dio cuenta de las necesidades que tenía la población. Angustiado, pero con ganas de ayudar les comentó a su grupo que rápidamente se pusieron a trabajar para darles una mano. A ellos se les sumó la familia de cada uno que colaboró con algunas cosas ricas para disfrutar con los lugareños.

La colecta duró prácticamente dos semanas. Recorrieron sus barrios y recibieron la ayuda de vecinos y conocidos. “Nosotros queríamos que los niños tuvieran esas donaciones lo más antes posible, por eso hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para llegar con los tiempos”, dijo Paulo Gutiérrez.  Además, como son contratados del Centro Cívico recibieron apoyo de algunas reparticiones. Esta actividad provocó que ellos se unieran aún más en la amistad.

No es casual que hayan tenido este espíritu de grandeza. Aseguran que la mayoría tuvo que pasar por momentos difíciles y siempre había alguien que les daba una mano. Ahora ellos fueron los “héroes” que decidieron ayudar a los más pequeños. Paulo, contó que a los seis años conoció lo que era conseguir algunos pesos para llevar a su casa. A los 8 años falleció su mamá y él con sus 8 hermanos quedaron al cuidado de su padre. “Fueron años muy duros pero eso te hace reflexionar y saber cuáles son las necesidades principales. Siempre tuve la intensión de crear puentes con el otro y de agradecer, en alguna medida, con lo que me dieron para que yo saliera adelante”,  dijo Paulo.

Esta iniciativa les representó las ganas de seguir ayudando. Motivados en su espíritu solidario, los amigos dicen que este fue el primer lugar al que fueron pero que no será el último. Este evento les marcó la hoja de ruta para seguir colaborando con aquellos que más lo necesitan. Ahora comenzaron a planificar un viaje a Marayes para donar comestibles y vestimenta. Si bien no tienen una fecha definida están aunando esfuerzos para que se concrete el próximo mes. “Estas cosas te alimentan el alma y enriquecen el corazón. Estamos muy felices por poder dar algo de nuestro tiempo, ojalá podamos seguir cumpliendo con este propósito”, concluyó Gutiérrez.

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