Jueves 02 de Abril
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Política > Investigación

La escribana de Adorni había trabajado para narcos que usaban testaferros

Adriana Nechevenko fue citada por el fiscal Gerardo Pollicita para aclarar la compra de dos propiedades del jefe de Gabinete.

POR REDACCIÓN

Hace 3 horas
Su firma aparece en expedientes de importación de efedrina por casi 10 toneladas. FOTO: Gentileza

Cuando vaya a declarar ante el fiscal Gerardo Pollicita el miércoles próximo, la escribana de Manuel Adorni, Adriana Mónica Nechevenko de Schuster, no pisará Comodoro Py por primera vez. Ya había declarado en un megajuicio contra una banda narco que había contratado sus servicios.

Nechevenko es la escribana que certificó la compra de propiedades del jefe de Gabinete. Con su gestión, Adorni compró la casa en el country Indio Cua en noviembre de 2024 y un departamento en Caballito un año después, que figura en la escritura con un valor menor al de mercado.

Para comprar el departamento, Adorni utilizó dos préstamos no bancarios de dos señoras de 64 y 72 años que, según consta en los documentos de la propiedad, le habrían prestado 100.000 dólares cada una. Sin embargo, cuando periodistas del diario La Nación trataron de ubicarlas, una de ellas dijo no conocer al jefe de Gabinete y la otra no estaba; quien atendió tampoco lo conocía.

El sitio Letra P publicó que la escribana Nechevenko fue a ver al ahora jefe de Gabinete siete veces directamente a la Casa Rosada.

Antecedentes narco: el negocio de la efedrina

Hace 12 años, Nechevenko tuvo que ir a declarar a un juicio oral para describir sus tareas con un grupo de hombres que terminaron condenados por narcotráfico.

Entre junio de 2007 y abril de 2008, laboratorios fantasma que compraban efedrina de la India presentaban solicitudes ante la Sedronar (Secretaría de Políticas sobre Drogas de la Argentina) para ser autorizados a importar, argumentando que utilizarían la droga para la industria farmacéutica local.

Según documentos judiciales a los que accedió Clarín, en los expedientes de la Sedronar números 429, 432, 899, 900, 901 y 902 aparece la firma de la escribana Nechevenko.

Los pedidos de importación los hacía un hombre llamado Guillermo Manfredi, quien trabajaba en sociedad con Josué Fuks y Alfredo Abraham, a través de la firma Farmacéuticos Argentinos S.A., conocida en el ambiente de los laboratorios como FASA o DROFASA. En el período investigado por la Justicia, la empresa importó casi 10 toneladas de efedrina (9.800 kilos) en apenas 10 meses.

Cuando declaró en el juicio, el 28 de marzo de 2014, la escribana Nechevenko admitió que trabajó para Fuks y Abraham "varios años".

La fiebre de la efedrina

Un abogado que participó de aquel juicio dijo ahora a Clarín que la escribana se limitó a reconocer que certificaba las firmas de las personas allí imputadas y que, a pedido de sus clientes, intervino en la constitución de algunas de esas sociedades que se creaban de la noche a la mañana.

El objetivo era tener más bocas de importación de efedrina en un momento en que el negocio explotaba por todos lados. Mientras que en 2004 ingresaron al país 2.900 kilos de efedrina, en 2006 fueron 9.900 y en 2007, 19.150.

Está claro que aquellas importaciones excedían al menos seis veces la demanda regular de la industria farmacéutica local: un solo kilo de efedrina alcanza para un millón de pastillas antigripales. Todo el excedente terminaba en la industria del narcotráfico, que requería la efedrina para la elaboración de metanfetaminas, la droga química que popularizó la serie Breaking Bad.

El triple crimen de General Rodríguez

El negocio se cortó abruptamente a gran escala cuando otros tres hombres que se dedicaban a lo mismo aparecieron fusilados en un zanjón de General Rodríguez, en agosto de 2008.

Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina fueron secuestrados en un hipermercado de Sarandí, donde habían ido a cerrar un negocio que, según la investigación posterior, consistía en triangular la efedrina con los carteles de la droga en México.

El hombre investigado como autor intelectual del triple crimen era Ibar Pérez Corradi, a quien se le detectaron más de mil llamadas telefónicas con Fuks, el hombre que certificaba su firma en la escribanía que ahora actúa en las operaciones de compra de vivienda de Adorni.

Testaferros y olvidos selectivos

En aquel juicio, la escribana Nechevenko se mostró olvidadiza cuando le preguntaron por otra persona, cuyo nombre y fisonomía dijo no recordar. Esa persona era Guillermo Ascona, un vendedor ambulante de condición humilde que apenas había terminado la primaria y había trabajado como remisero y albañil antes de figurar como importador ante la Sedronar de 1.900 kilos de efedrina en tres embarques diferentes.

La Justicia determinó que Ascona era un testaferro de la banda, a quien Nechevenko también le certificaba la firma. Su certificación aparece en un pedido a la Sedronar del 28 de diciembre de 2006, cuando Ascona solicitó importar 500 kilos de efedrina a través de la firma Dismed.

El fiscal Luciani y las condenas

El fiscal del juicio contra los narcos fue Diego Luciani, el mismo que acusó a Cristina Kirchner en el caso de la obra pública en Santa Cruz que llevó a la ex Presidenta a la cárcel.

Luciani describió las actividades de los imputados operando primero a través de la droguería Prefarm, que funcionaba con otro prestanombres. "Ante la imposibilidad de adquirir efedrina por una quiebra previa, López, Abraham y Fuks lo hicieron a través de Ascona, que sí estaba habilitado para importar", dijo el fiscal durante el alegato, que duró siete horas.

La escribana Nechevenko declaró en el juicio como testigo. Los hombres para los que trabajaba fueron condenados a prisión por narcotráfico por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 4, integrado por los jueces Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Néstor Costabel.

Abraham recibió 11 años de cárcel y Mansilla, cuatro años y 11 meses. También fueron condenados Alberto López (hombre de Fuks) y los farmacéuticos Víctor Wendring Duarte y Raúl Cores.

Fuks, el hombre clave en la estructura que contrató a la escribana Nechevenko, estaba prófugo al momento del juicio y sigue prófugo actualmente, presumiblemente en Israel, donde los investigadores argentinos le perdieron el rastro.

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