Salud y Bienestar > Nueva resolución polémica
Qué consecuencias trae la desregulación en el consumo de vapeadores y bolsas de nicotina
El Poder Ejecutivo elimina el esquema prohibitivo para los productos de nicotina como tabaco calentado y otros. Especialistas sostienen que permitirá una generación de nuevos adictos. El Caballo de Troya de la “Nicotina 4.0”.
POR REDACCIÓN
En la política de desregulación -o bien dicho, la retirada del Estado en la prevención y preservación de la salud de la población- el Gobierno nacional, busca reducir los controles para los productos de nicotina -que incluyen vapeadores, tabaco calentado y bolsitas de nicotina (pouches)- a través de una nueva resolución 549/2026 que elimina el esquema prohibitivo de su comercialización.
De acuerdo a lo que dicen varios especialistas, que la liberación de la venta de este tipo de productor, pueden favorecer las condiciones para nuevas generaciones de “adictos” a la nicotina.
Según la norma, el objetivo es de “ordenar el mercado” y habla de “establecer la trazabilidad, estándares de calidad y registro obligatorio para todos los fabricantes y comerciantes que operen en el país”.
Fuentes gubernamentales dijeron a la prensa que se busca “dotar al Estado de herramientas concretas para controlar, fiscalizar y sancionar la venta irregular de estos productos”. Hasta ahora, la disposición ANMAT 3226/2011 prohibía la importación, distribución, comercialización y publicidad de vapeadores y cigarrillos electrónicos.
En 2023, la Resolución Conjunta 565/2023 del Ministerio de Salud y la ANMAT reafirmó la prohibición sobre los sistemas electrónicos de administración de nicotina y extendió la restricción a los dispositivos de tabaco recalentado, que tampoco podían venderse ni importarse legalmente por no contar con autorización sanitaria. En cuanto a las bolsas de nicotina (pouches), su comercialización estaba bajo alerta sanitaria y eran objeto de denuncias por parte de sociedades médicas.
Según fuentes del gobierno, con el nuevo esquema se deberán declarar los componentes y cumplir estándares de calidad (sin detallar cuál sería, por caso, el estándar de calidad en una bolsa de nicotina) y buscan eliminar los saborizantes en los vapeadores, identificados por los expertos como el mecanismo principal de ingreso al consumo adolescente.
Nuevos adictos a la nicotina
Desde la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) señalaron que esta ley implica “legalizar de alguna manera algo que estaba prohibido, con una serie de disposiciones que en realidad no queda muy claro quién es el que las va a hacer cumplir”.
Remarca Cristina Borrajo, médica neumonóloga (MN 60747), expresidenta de la Asociación: “La prohibición no llega a ningún lado, en tanto la gente que ha prohibido, en este caso el Gobierno, no arbitra los medios para que siga prohibido. Los que deciden y sostienen la prohibición deben sostener los testamentos más altos. Pero si algo no está bien hecho, como el control de la prohibición, eso no justifica la legalización”.
Ofrece el ejemplo del Reino Unido, que acaba de prohibir no sólo el cigarrillo electrónico, sino el cigarrillo combustible, para llegar a lo que se llama “end game”, o final de juego, cerca del 2030, y que el consumo de tabaco quede en los niveles históricamente más bajos: “Ese es el objetivo de muchos países, como Inglaterra, como Dinamarca, como Nueva Zelanda, que están prohibiendo el cigarrillo hasta que se deje de fumar en esos países”.
Además, concluye: “Estos nuevos dispositivos, ya sean cigarrillos electrónicos, bolsitas de nicotina o tabaco calentado, tienen impacto en la salud y tienen daño demostrado, tienen daño agudo y tienen daño crónico, tienen injerencias sobre enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Sobre todo, hay algo que hay que aclarar: tienen nicotina, que es lo que preserva la adicción. O sea, que la legalización de estos productos es permitir la nueva aparición de generaciones de adictos a la nicotina”.
El Caballo de Troya de la Nicotina 4.0
Quien también se refirió al tema fue la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, la cual apuntó que la reciente resolución 549/2026 del Ministerio de Salud de la Nación se presenta bajo el ropaje de la “modernización” y el “registro”, pero en la práctica representa “una claudicación ante el lobby de las tabacaleras”.
“Eso lo venimos denunciando desde el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense. Pasar de una prohibición total de la comercialización de los dispositivos destinados a vapear y a calentar tabaco, en busca de proteger la salud, a un modelo de registro laxo no es regular ni establecer una política pública; es abrirle la puerta al Caballo de Troya de la Nicotina 4.0”, apunta Walter Martello, Defensor del Pueblo Adjunto de la PBA.
Desde el Observatorio son categóricos: la “reducción de daños” es una falacia comercial. El vapeo no es la salida del tabaco, es la puerta de entrada a la adicción para una generación que ya no fumaba. “La industria ha invertido 16.000 millones de dólares en productos ‘sin humo’ no por filantropía, sino por una estrategia financiera calculada: el 41,5% de los ingresos de gigantes como Philip Morris International (PMI) ya proviene de estos dispositivos”, remarca Martello.
Añade que la resolución configura un cambio regresivo en la política de control del tabaco al sustituir un enfoque precautorio basado en la prohibición por un esquema de regulación que habilita la comercialización de nuevos productos de nicotina: “Es un gran salto hacia atrás. Esta transición, carente de evidencia concluyente sobre el aporte de los vapeadores a la reducción de daño a nivel poblacional, resulta incompatible con los principios de prevención y no regresividad en materia de salud pública. Asimismo, la institucionalización de estos productos mediante su registro y fiscalización incrementa su legitimidad social, favoreciendo procesos de normalización cultural y tolerancia, especialmente en población adolescente, donde hace años venimos denunciando las tasas crecientes de consumo”.
En lugar de reducir el daño sanitario, la medida introduce un vector de expansión del consumo de nicotina, desplazando el foco desde la protección de la salud hacia la administración del riesgo, en contradicción con los objetivos de la Ley 26.687 de Publicidad, Promoción y Consumo de Tabaco (en cuyo artículo 2 inc. a) se establece como objetivo: reducir el consumo de productos elaborados con tabaco. La resolución va en el sentido exactamente contrario.
Las bolsitas son desechables, no requieren combustión ni vapor; y se disuelven en la boca sin necesidad de escupir: “Se venden como libre de tabaco, pero contienen nicotina y un alto poder adictivo”, alertaron las y los especialistas.
El rechazo de las sociedades médicas
En ese marco, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR), la Unión Antitabáquica Argentina (UATA), la Fundación Interamericana del Corazón (FIC Argentina), la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (FUNDEPS), la Asociación Argentina de Tabacología (AsaT), la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), la Sociedad de Neumonología y Tisiología de la Provincia de Buenos Aires (STNBA), la Asociación de Medicina Generalista y Trabajadores de APS de la provincia de Buenos Aires, la Asociación Médica Argentina, GRANTAHI (programa de control de tabaco, Hospital Italiano de Buenos Aires), y el Comité Antitabaco de la Asociación Médica Argentina presentaron ante el Ministerio de Salud de la Nación una denuncia formal por la introducción y comercialización en el país de las bolsas de nicotina, en infracción a la Ley 26.687 y otras normas de protección de la salud. El Ministerio respondió a su modo: desechando la evidencia científica, y levantando la prohibición.
En las últimas semanas una segunda marca de bolsas apareció en el mercado, con estrategias comerciales similares a la primera. Ambas marcas se comercializan en kioscos y comercios del Área Metropolitana de Buenos Aires y de la costa atlántica exhibidas junto a golosinas y otros productos de consumo infantil. “Asimismo se acompaña de una estrategia en redes sociales e influencers que incrementan su visibilidad entre adolescentes y jóvenes”, añadieron.
“A fines del año pasado, estos productos comenzaron a aparecer en todos los kioscos con distintas concentraciones de nicotina y sabores muy impactantes que realmente son atractivos y que aumentan aún más la adicción y la toxicidad de nuestros jóvenes”, enfatizó a Tiempo la médica neumonóloga Cristina Gaitán, coordinadora de la Sección Tabaco de la AAMR.
“El daño en la salud es muy importante. Primero porque contienen nicotina que es muy tóxica para la salud, especialmente de los niños y jóvenes que es la población a la que están destinados”, continúa.
Apunta que las bolsas producen alteraciones neurológicas, “ya que el cerebro de los niños sigue creciendo y desarrollándose hasta los 25 años, por lo tanto, todo lo que impacte en forma negativa, va a ser que sean más lábiles y que produzcan más daños en la memoria, el desarrollo cognitivo, la irritabilidad”.
Además, pueden causar trastornos gastrointestinales y trastornos locales, dado que producen lesiones en los dientes y la absorción: “Esta nicotina que tiene toxicidad y un poder adictivo muy importante transformando rápidamente a los jóvenes en adictos”.
En algo coinciden especialistas, familias y autoridades: la prohibición no se cumplía. Lo admite el propio Gobierno. La cuestión es que el Ejecutivo lo atribuye a algo “cultural” o de la sociedad, por su falta de eficacia, y expertos lo atribuyen a la falta de control: “La prohibición no estaba mal, pero había que hacerla cumplir”.
Las bolsas de nicotina se comercializaban sin las advertencias sanitarias graficas previstas por la Ley 26.687, en envases no seguros para niños, con sabores mentolados y frutales, envases llamativos y mensajes que tienden a minimizar el riesgo (“sin tabaco”, “más limpios” o “menos tóxicos que un cigarrillo”), en puntos de venta de alta circulación juvenil.
Fuente: Tiempo Argentino.