Publicidad
Publicidad

Sociedad > Estudio

Vivir sin sexo: la ciencia señala a la soledad y el aislamiento social como factores clave

Lejos de ser una simple elección, este grupo presenta mayores niveles de soledad e infelicidad, y el fenómeno es más común en sociedades con mayor desigualdad de ingresos, según publica la revista PNAS.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
El 1% de las más de 400.000 personas estudiadas reportó no haber tenido nunca sexo. FOTO: Gentileza

Un estudio científico internacional ha desentrañado las complejas razones detrás de la ausencia de relaciones sexuales a lo largo de la vida. La investigación, que analizó datos de cientos de miles de personas, concluye que este fenómeno va mucho más allá de una simple elección o preferencia, arraigándose en una combinación de factores sociales, emocionales y económicos, con la soledad y la desigualdad como protagonistas.

El perfil y el impacto emocional

Publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), el estudio fue realizado en 2025 por equipos de la Universidad de Ámsterdam, el Instituto Max Planck y el QIMR Berghofer Medical Research Institute. Analizó a más de 400.000 personas en el Reino Unido y 13.500 en Australia, de las cuales aproximadamente el 1% reportó no haber tenido nunca relaciones sexuales.

Contrario a algunos estereotipos, este grupo presenta, en promedio, un mayor nivel educativo y un menor consumo de alcohol y tabaco. No obstante, el hallazgo más contundente es su marcado perfil de aislamiento social y malestar emocional. Reportan niveles significativamente más altos de soledad, nerviosismo e infelicidad, además de tener una red más reducida de vínculos cercanos y participar menos en actividades sociales.

“Los resultados confirman que la vida sin sexo está estrechamente relacionada con la calidad de los vínculos y la integración social”, señalaron los autores. La intimidad sexual aparece, así, fuertemente ligada al bienestar psicológico y a la sensación de pertenencia.

Diferencias de género y el peso de la genética

El análisis reveló diferencias notables entre hombres y mujeres. Para los hombres, la ausencia de sexo estuvo más asociada a factores físicos y desventajas socioeconómicas concretas, como un menor nivel de ingresos y dificultades para establecer relaciones de confianza.

En las mujeres, el patrón fue distinto. La explicación recayó más en factores emocionales y relacionales, como la soledad, la ansiedad y las dificultades para construir y mantener vínculos íntimos, con un peso menor de las variables económicas.

Además, la investigación identificó un componente genético que explica parte de la variabilidad: variantes comunes asociadas pueden dar cuenta de hasta el 17% de los casos en hombres y del 14% en mujeres. Sin embargo, los científicos fueron categóricos al aclarar que no existen “genes de la asexualidad”. “La genética puede predisponer, pero no define”, afirmaron, subrayando que estas influencias interactúan siempre con el entorno y las experiencias de vida.

Desigualdad económica y la "ecología del apareamiento"

El estudio confirma que el fenómeno no es ajeno al contexto macroeconómico. La falta de sexo resultó más frecuente en regiones con mayor desigualdad de ingresos y con desequilibrios en la proporción entre hombres y mujeres.

Este hallazgo se enmarca en lo que los investigadores denominan "ecología del apareamiento", un concepto que describe cómo las condiciones estructurales de una sociedad —como la desigualdad y la demografía— moldean las oportunidades para formar relaciones íntimas. En entornos más desiguales y desequilibrados, estas oportunidades se reducen, particularmente para los hombres en desventaja económica.

Más allá del deseo y la reproducción

Finalmente, el estudio desvincula la falta de sexo de una decisión consciente de no tener hijos. No tener descendencia no mostró un impacto significativo en el bienestar emocional de los participantes. En cambio, la ausencia de relaciones sexuales sí se correlacionó de manera clara con mayores niveles de malestar y aislamiento.

La conclusión apunta a que la intimidad sexual cumple un rol fundamental en la conexión emocional y social, trascendiendo con creces el propósito meramente reproductivo. Vivir sin sexo, sugiere la evidencia, es con frecuencia un síntoma de un aislamiento más profundo, agravado por las grietas de la desigualdad social.

Publicidad
Publicidad
Más Leídas
Publicidad
Publicidad