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El “Rey del pan” sanjuanino se sacó la corona y ahora solo cuida autos: “Mis clientes me extrañan”

Durante 33 años vendió pan en la puerta de OSSE. Estaba desde las 5.30 listo para esperar a sus clientes. Se encariñó tanto que a algunos los considera como familia. 

Guido en la guardería que cuida con una de las canastas en las que llevaba el pan. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

POR Eliana Ruiz SEGUIR
13 de julio de 2020

13 de julio de 2020

Unos minutos antes de las 10, Guido Oro llega pedaleando lento en su bicicleta blanca a la guardería de autos que está en calle Rivadavia y Catamarca. Enfundado en su campera de abrigo roja, se quita la capucha y debajo de ella luce una boina bordó que combina con su suéter. El pantalón a cuadros marrón con líneas beige le pega con sus zapatos. Baja de su bici y rengueando un poco va hasta el portón pintado de amarillo para abrir el candado. Pone agua en la pava eléctrica parar tomarse unos mates y abre la piecita de 3x4 metros en la que se sienta para cuidar el ingreso y salida de los autos que pagan por esa cochera mensual.

Guido tiene 77 años y el entusiasmo de un joven. En la zona lo conocen como “El Rey del pan” porque vendió panificación durante 33 años. Siempre combinó los dos trabajos. Ahora tuvo que dejar las ventas por el coronavirus y sólo se dedica al cuidado de los automóviles. “Mis hijos ya no me dejan salir a vender, no saben cómo extraño, los vecinos me piden que vuelva”, dice a DIARIO HUARPE.

“Empecé porque no tenía laburo y tenía que hacer algo”, cuenta Guido. Inició con una bicicleta en la que colocaba una caja atrás con ocho pancitos. La voz en la zona se fue corriendo, así que los vecinos le encargaban la panificación del día. Tenía pan casero, trinchas, semitas, tortitas, galletas de miel y scones. Sumó tantos clientes que tuvo que colocar otra caja en la parte de adelante. Con el tiempo ahorró y adquirió una motocarga y después otra un poco más grande que se le incendió.

Guido hace tiempo cuando salía a vender pan en su moto carga. Foto: gentileza.

“Eran las 5.30, yo estaba en calle Rivadavia y Alem cuando se me cortó un caño de la nafta y cayó a la bujía, no lo podía creer”, dice y sus ojos verdes le brillan con fuerza y expresan tristeza. Esto fue hace 10 años, ahí volvió a la bici durante bastante tiempo.

Guido Oro. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

Llegó a tener clientes desde la calle Entre Ríos hasta la avenida España. Eran tantos que tenía que hacer dos veces el mismo recorrido porque no podía cargar tantas cosas en su medio de transporte. Trabajó, trabajó y trabajó hasta que “con mucho esfuerzo” pudo comprar otra motocarga Motomel que ahora tiene guardada en su casa. También un Ford Escort bordó que cuida con esmero y del cual está orgulloso.

Guido posa feliz con su Escort, es la primera foto que le sacan con su auto. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

“Empecé con ocho pancitos y llegué a vender 1.100 semitas, 30 panes caseros y 80 trinchas”, cuenta Guido. Para esto se levantaba a las 4.45, agarraba su bici y a las 5.30 ya estaba en la puerta de OSSE embolsando las semitas para venderlas a los empleados de ahí. Después empezaba con el reparto a los vecinos. A algunos les lanzaba el pan como si fuera el diario; a otros, cuando no había nadie en la casa, se los dejaba colgado en el picaporte. “Lo hacía porque yo ya sabía qué es lo que le gustaba a cada familia”, dice. No era lo único que hacía, en las tardes se iba a la guardería a cuidar el ingreso y a cobrar.

Con el tiempo los vecinos le fueron demostrando su cariño con regalos como ropa, anillos, relojes, prendedores para el pañuelo del cuello, linternas que usaba en el invierno porque estaba muy oscuro, llaveros, cuchillos, guantes y más. “Muy muchas cosas me han regalado, estoy tan agradecido con la gente”. Era tanta la confianza que le tenían que algunas personas hasta le dejaban la llave de la casa cuando se iban de vacaciones para que les diera una vuelta cada tanto y mirara que todo estuviera bien.

Pero la cuarentena le cambió los planes al “Rey del pan” y su familia lo instó a quedarse en casa durante un tiempo y luego a dejar la actividad. Fue tanta la insistencia de su esposa Cristina y de sus hijos Sergio y Gustavo que no le quedó otra opción que hacerles caso. “Mi señora me dice ‘si no te hubiéramos retado todavía estarías saliendo’”, recuerda entre risas.

Ahora sólo se dedica a su trabajo en la guardería en la cual cuida, cobra y ordena, según describe. Mientras habla desde adentro de la pieza en la que se resguarda del frío, se siente una bocina: es una de las personas que guarda su auto ahí. Se frenó en la salida para ver a Guido y asegurarse de que todo estuviera bien

—Chau Carlitos —le grita Guido mientras se asoma por la puerta entreabierta y saluda con la mano.

“A ver si cree que me están apaleando”, dice después. Aunque asegura que no tiene miedo porque en la zona todos lo conocen y tiene la Comisaría 1ª cerca.

“Yo me levantaba muy temprano, sacaba la bicicletita y me venía. He pasado mucho frío. Ahora a veces me despierto temprano y cuando estoy acostadito miró por la ventana y pienso que antes me levantaba a esa hora”, recuerda. “Ahora me levanto a las 9”, añade entre risas con el mate en la mano.

La pava eléctrica, el mate, un televisor viejo y algunas tazas y abrigos son las cosas que Guido tiene dentro de la pieza en la que se resguarda del frío en la guardería. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

Admite que a veces le dan ganas de volver, aunque sigue viendo a quienes eran sus clientes porque suele circular por la zona y algunos hasta se acercan a visitarlo y a pedirle que vuelva porque no tienen quién les lleve el pan.

“Extraño muchísimo, era como de la familia de todos los clientes”, cierra Guido.

Guido Oro, de 77 años, sonríe al recordar cuando salía a vender pan. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE. 

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