Jueves 14 de Mayo
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Cultura > Contundente

¿Envidia? Natalia Pastorutti habló de la fama de su hermana Soledad

A 30 años del debut en Cosquín, la cantante repasa los sacrificios y el rol de sus padres para alcanzar la cima.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
Las hermanas ensayaban en su pueblo natal con guitarras criollas.

La vida de Natalia Pastorutti se transformó definitivamente una noche en Córdoba. Tras años de formación en Arequito, donde su padre mecánico las incentivaba a estudiar guitarra, las hermanas llegaron al escenario mayor del folclore.

Natalia recuerda que "Acompañé a mi hermana a cantar porque así me enseñaron y esa noche cambió todo. Hoy, este camino sigue como solista". Mirando hacia atrás, ella siente que "Todo fue gracias a acompañarla" en una experiencia que "Cambió nuestras vidas".

La consagración no fue sencilla. Tras un intento fallido por su corta edad, lograron llegar a Cosquín cuando ella tenía 13 años y su hermana 15. El éxito trajo consigo el primer contrato discográfico, que exigía vender al menos 1000 discos.

Natalia relata que su padre "iba a Buenos Aires, compraba cien, doscientos discos, íbamos a cantar a los festivales y los vendía. Entonces por ahí iba, juntaba otra vez la platita, venía, compraba cien, doscientos discos". Esta determinación fue fundamental, ya que Natalia considera que "Mi papá creo que siempre fue el que tiraba para adelante, el 'no' para él era nada. No existe".

Su madre, ama de casa, garantizaba la armonía del hogar y la logística de las giras. En su primer viaje al festival cordobés en una camioneta prestada, incluso llevaron un secarropas para mantener la ropa lista.

Natalia detalla que "La primera vez que fuimos a Cosquín, fuimos con una camioneta prestada y obviamente nos llevamos de todo porque no podíamos comprar allá y teníamos una sola muda de ropa. Mi mamá es muy limpia, entonces se llevó el secarropas en la camioneta. Bajábamos del escenario, lavaba la ropa, metía la ropa en el secarropas". Su madre también era quien ponía límites al cansancio diciendo "No, las chicas están cansadas", asegurando que al volver siempre sintieran el "olorcito a mamá".

A pesar de que el ritmo profesional la obligó a distanciarse de su rutina escolar, Natalia valora el aprendizaje obtenido. "Estaba en el colegio y también es una época donde empezás la adolescencia, que me perdía cumpleaños de quince o salidas y demás", reconoce.

Sin embargo, aclara que "Ocurre algo tan mágico cuando subís arriba del escenario, que me sigue pasando hoy en día". Hoy, con sus propios hijos, mantiene una filosofía de libertad basada en su experiencia personal: "Me parece que mi postura de hoy es que los apoyaría a lo que quieran ser, porque evidentemente uno cuando persigue su sueño y tiene el apoyo familiar es como mucho más ameno".

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