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La historia de dos hermanos que venden en el Parque y sueñan con su propio local
Empezaron de cero en el barrio Villa María y la pérdida de su padre los impulsó a dar el salto. Hoy, con 20 y 23 años, sus cookies y brownies son furor y planean abrir su primer local propio.
Por Giuliana Díaz
En las calles del barrio Villa María, en Santa Lucía, el aroma a chocolate y manteca artesanal cuenta una historia de hermandad. Facundo Romero, de 20 años, y su hermano Juan, de 23, comparten la ambición de transformar una necesidad económica en un proyecto que crece día a día y sueña con llegar a distintos puntos del país. Bajo el nombre de Mesa Dulce, el emprendimiento familiar ya es conocido por muchos sanjuaninos, especialmente por quienes van al Parque de Mayo los domingos por la tarde.
Todo comenzó con la inquietud de Facundo, quien a sus 17 años decidió que quería generar sus propios ingresos. "El emprendimiento nace una vez que yo decido salir a vender porque quería ganar plata, básicamente", contó a DIARIO HUARPE. Poco después, su hermano mayor, que trabajaba en un lugar que no lo apasionaba, se sumó al negocio: "Al poco tiempo mi hermano se ofrece a hacer las cosas; a él le gustaba mucho la cocina y ahí es como que nos unimos y empieza el emprendimiento".
Sin embargo, el camino no fue lineal. Durante casi tres años, el negocio se mantuvo a flote pero sin despegar. Estaban en una meseta, repitiendo fórmulas que no daban frutos nuevos. "Recién en el cuarto año empezamos a tener resultados", explicó. Esto sucedió tras un punto de quiebre fue tan doloroso como transformador: la partida de su padre.
Tras ese golpe familiar, los hermanos Romero se sentaron a hablar y fue en ese duelo donde se marcó un antes y un después para el emprendimiento. A partir de allí nació la verdadera estructura de Mesa Dulce. Decidieron profesionalizarse, organizar la producción por la mañana y los envíos por la tarde. “Ahí decidimos meterle más pilas al negocio, organizarnos y pensar mejor lo que hacíamos. Gracias a eso empezamos a tener resultados”, contó Facundo.
Esa nueva energía se tradujo en una conexión inmediata con sus clientes. Un video en Tik Tok donde mostraban su "día a día" vendiendo en el parque se volvió el motor de su crecimiento en redes. "La gente se sintió conectada con nosotros. Nos empezaron a pedir, probaron lo que hacíamos y les empezó a gustar".
El ritmo es intenso. Las mañanas están dedicadas a la producción de cookies y brownies, mientras que por la tarde se enfocan en los envíos. “Durante toda la mañana hacemos producción y a las 3:30 empezamos con los deliveries. Hacemos envíos durante toda la tarde”, explicó.
Hoy, con una clientela consolidada y una rutina que no se detiene, el próximo paso ya está en marcha. “Para este año tenemos ganas de abrir un local. Ya lo tenemos planeado, nos faltan cosas por definir, pero lo vamos a hacer”, contó emocionado y nervioso por los nuevos desafios.
El sueño es grande, pero no imposible. “Lo que soñamos es que Mesa Dulce esté por toda la Argentina”, expresó el emprendedorr. Mientras tanto, siguen ahí, entre hornos y pedidos, sosteniendo una historia que empezó como una changa y que hoy se proyecta como un futuro compartido.