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La masacre de Waco: el asedio que terminó con 82 miembros de una secta muertos
El 19 de abril de 1993, tras 51 días de asedio federal en Texas, un incendio arrasó el complejo de la secta liderada por David Koresh y dejó 82 muertos, entre ellos 23 niños.
POR REDACCIÓN
El 19 de abril de 1993, tras 51 días de tensión y negociaciones, agentes federales de Estados Unidos lanzaron un operativo final contra el complejo donde se atrincheraba la secta Rama Davidiana, liderada por David Koresh. El enfrentamiento terminó en un incendio devastador que provocó la muerte de 82 personas, entre ellas 23 niños, y se convirtió en uno de los episodios más controvertidos de la historia reciente del país.
El hecho, conocido como la Masacre de Waco, ocurrió en el rancho Monte Carmelo, cerca de la ciudad de Waco, en el estado de Texas. La tragedia expuso tanto el fanatismo extremo dentro de la secta como los errores estratégicos de las autoridades federales durante el operativo.
El ascenso de un falso mesías
El líder del grupo, cuyo verdadero nombre era Vernon Wayne Howell, había adoptado el nombre de David Koresh y se presentaba ante sus seguidores como un profeta y “hijo de Dios”. Nacido en 1959 en Houston, Koresh tuvo una infancia marcada por el abandono y la violencia familiar, y desde muy joven encontró refugio en la lectura de la Biblia.
Con el tiempo desarrolló una interpretación propia de los textos religiosos y terminó incorporándose a la secta de los Davidianos, una escisión del adventismo que tenía su sede en Monte Carmelo.
A mediados de los años 80, Koresh se consolidó como líder del grupo y comenzó a predicar la llegada del Apocalipsis. Bajo su autoridad, la comunidad llegó a reunir más de cien seguidores, muchos de ellos familias enteras.
Sin embargo, su liderazgo estaba rodeado de fuertes denuncias. Ex miembros del grupo lo acusaban de poligamia, abuso de menores y manipulación psicológica. Además, las autoridades recibieron reportes sobre la acumulación de un importante arsenal de armas dentro del complejo.
El operativo fallido y el inicio del asedio
El conflicto estalló el 28 de febrero de 1993, cuando agentes de la Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives intentaron ejecutar una orden de allanamiento en el rancho para investigar la tenencia ilegal de armas.
La operación fracasó y derivó en un intenso tiroteo que dejó cuatro agentes federales y seis miembros de la secta muertos.
Tras ese enfrentamiento comenzó un largo sitio de 51 días. El complejo quedó rodeado por fuerzas federales, mientras negociadores intentaban convencer a Koresh de rendirse.
Durante ese período algunos niños fueron liberados, pero la mayoría de los seguidores permaneció dentro del edificio junto al líder, convencidos de que estaban viviendo un enfrentamiento profético previo al fin del mundo.
El asalto final y el incendio
La situación llegó a un punto límite el 19 de abril de 1993, cuando el Federal Bureau of Investigation decidió lanzar un operativo para forzar la rendición del grupo.
Vehículos blindados comenzaron a perforar las paredes del complejo mientras se lanzaban granadas de gas lacrimógeno para obligar a los ocupantes a salir.
Horas después se produjeron tres focos de incendio dentro del edificio. Las llamas se propagaron rápidamente y alcanzaron municiones almacenadas, provocando explosiones que destruyeron gran parte del complejo.
Cuando el fuego finalmente se extinguió, los rescatistas encontraron 82 cuerpos, entre ellos 23 niños. Entre los fallecidos estaba también Koresh.
Solo nueve personas lograron sobrevivir al desastre.
Una tragedia que marcó a Estados Unidos
La tragedia generó un intenso debate en Estados Unidos sobre la actuación de las autoridades y las responsabilidades de Koresh en la radicalización de sus seguidores.
Para muchos analistas, el desastre fue el resultado de dos factores explosivos: el fanatismo religioso dentro del grupo y una serie de errores estratégicos de las fuerzas federales durante el operativo.
Pero el impacto de Waco no terminó allí.
La venganza dos años después
Entre los curiosos que siguieron de cerca el asedio se encontraba un exsoldado estadounidense llamado Timothy McVeigh. El episodio lo marcó profundamente.
Exactamente dos años después, el 19 de abril de 1995, McVeigh llevó a cabo el Atentado de Oklahoma City, al detonar un camión bomba frente a un edificio federal.
La explosión dejó 168 muertos y se convirtió en el atentado terrorista más grave ocurrido en Estados Unidos hasta los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Para muchos investigadores, aquel ataque fue una venganza directa por lo ocurrido en Waco, demostrando que la tragedia de 1993 había dejado una profunda huella en la historia estadounidense.