Martes 05 de Mayo
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Cultura > Fuerte

Maxi López contó el ultimátum que le dio su esposa por culpa de Wanda Nara

El exfutbolista repasó su dura etapa judicial y el rol fundamental de su actual pareja para sanar el vínculo familiar.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
El exjugador se instaló en el país junto a su familia.

Después de atravesar 10 años cargados de tensiones y disputas legales, Maxi López logró finalmente reconstruir su relación con Wanda Nara. Aunque hoy el presente los encuentra en buenos términos, el exfutbolista no oculta el dolor que le provocó aquel pasado difícil que comenzó con la separación en 2013.

Durante mucho tiempo, el vínculo con sus hijos se vio afectado y casi no pudo verlos, algo que lo marcó profundamente. Sobre esa etapa, el deportista confesó con sinceridad que "Me perdí un montón de cosas con mis hijos. Una cosa es querer estar y otra cosa es no querer estar. Yo siempre quise estar, fue una lucha durante un montón de años que gracias a Dios la pude resolver".

En medio de ese escenario complejo, Maxi conoció a Daniela Christiansson, quien se convirtió en su refugio personal. En aquel entonces, ella tenía 22 años y él 29, pero él prefirió mantenerla al margen de sus conflictos para proteger su relación. Según explicó, "Cuando yo la conocí, ella tenía 22 años y yo tenía 29. Tenía tres pulguitas y un quilombo bárbaro y durante muchos años no la quise hacer parte porque era recontra tóxico. Yo quería tener mi momento con ella, que era mi cable a tierra".

Sin embargo, la modelo decidió poner un límite y le planteó un ultimátum que cambió la dinámica de la pareja. El exjugador recordó que "Un día me dijo: loco, me tenés que contar lo que pasa, no me filtres porque yo soy parte de tu vida...y bueno... entendí que ella estaba ahí para mi".

El camino hacia la sanación familiar también requirió un proceso interno de maduración y aprendizaje. Maxi reconoció que su propio enfado alimentó batallas judiciales que parecían no tener fin. Con el paso del tiempo, logró aplicar un consejo fundamental que recibió en su infancia y admitió que "Estuve muy enojado, obviamente era imposible no estarlo pero con el tiempo entendí lo que me decía mi viejo cuando yo era chico: a veces el orgullo hay que hacerlo un bollito y metérselo ahí... Maduré y entendí que hay batallas que se pueden dar y hay otras que no".

Actualmente, instalado en Argentina con su nueva familia para emprender proyectos laborales, no teme reconocer sus fallas y destacó su voluntad de mejorar. Con total franqueza, concluyó que "Yo no tengo problema en pedir perdón. Me equivoqué un millón de veces, pero soy una persona llena de buenas actitudes. Cuando arranco un proyecto de vida, un trabajo o lo que sea, arranco con buenas intenciones y de buena manera, pero en el camino te cruzas con un montón de gente".

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