Viernes 03 de Abril
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Provinciales > Devoción

Miles de promesantes llenaron la Difunta Correa en un Viernes Santo histórico

La afluencia de peregrinos desbordó el paraje, con filas, carpas y promesas cumplidas en cada rincón del santuario.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
La escalinata al oratorio concentró las escenas más impactantes. FOTO: DIARIO HUARPE

El paraje de la Difunta Correa volvió a convertirse en el epicentro de la fe en San Juan durante Semana Santa. Miles de personas llegaron desde distintos puntos de la provincia y del país, generando una postal marcada por la multitud, las promesas y una devoción que no pierde fuerza con el paso del tiempo.

Desde la previa del Viernes Santo, el movimiento fue incesante. Familias enteras se instalaron en el paraje con carpas y gazebos, copando los espacios habilitados. El paisaje se transformó en una verdadera vigilia colectiva, donde conviven el recogimiento religioso, las historias de milagros y las tradiciones populares.

Filas, sacrificio y organización

Uno de los puntos más impactantes fue, como cada año, la escalinata hacia el oratorio. Allí, la cantidad de promesantes obligó a reforzar la organización. Personal del lugar y efectivos trabajaron para ordenar la subida, permitiendo que quienes cumplían promesas —muchos de rodillas o incluso de espaldas— pudieran avanzar con mayor fluidez.

A pesar de la masividad, el orden fue una de las características de esta edición. Hubo caminos liberados para los promesantes, limpieza constante en el sector y una reorganización de las ofrendas, especialmente las tradicionales botellas de agua, que fueron reubicadas para no entorpecer el paso.

El resultado fue una experiencia más ágil que en años anteriores, aunque igualmente atravesada por el esfuerzo físico y la emoción de quienes llegan a cumplir con la Difunta.

Una devoción que no se detiene

Entre la multitud, historias como la de Nélida Núñez sintetizan el sentido profundo de esta peregrinación. Su vínculo con la Difunta Correa lleva más de cuatro décadas, con visitas ininterrumpidas desde antes de 1976.

“Le debo mucho, me ha ayudado en muchas cosas”, cuenta. A lo largo de los años, cumplió promesas incluso caminando largas distancias junto a su familia. Hoy, con el paso del tiempo, sigue visitando el santuario, aunque con otra dinámica. La fe, asegura, permanece intacta.

Su testimonio se repite, con distintas historias, en cada rincón del paraje: promesas por salud, agradecimientos por logros personales y pedidos que movilizan a miles.

Un fenómeno que crece

La masividad no solo se percibe en el oratorio. Las rutas de acceso se llenaron de peregrinos, ciclistas y vehículos, mientras que los sectores de estacionamiento debieron reorganizarse para evitar el colapso. Colectivos y transportes de gran porte fueron derivados a zonas específicas, lo que permitió descomprimir el área central.

En paralelo, el predio mostró mejoras en infraestructura: accesos más ordenados, espacios señalizados y áreas destinadas a actividades culturales y gastronómicas. Todo esto contribuyó a contener una afluencia que crece año a año.

Fe, tradición y multitud

La figura de la Difunta Correa, nacida de una historia popular del siglo XIX, sigue convocando multitudes. El ritual de dejar agua, subir la escalinata y cumplir promesas forma parte de una identidad profundamente arraigada en la cultura local.

En Semana Santa, esa devoción se multiplica. El paraje se llena, las filas se extienden y la fe se vuelve visible en cada gesto.

Entre el silencio respetuoso, el sacrificio físico y la emoción, la escena se repite con una intensidad que no deja dudas: en Vallecito, la fe no solo se mantiene, crece.

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