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Tiburones y un mar en Belgrano, revelarán qué restos se esconden en los subsuelos de Buenos Aires

POR REDACCIÓN

01 de noviembre de 2019
Los restos de un tiburón depredador de unos 20 metros de largo que nadó por las aguas de un mar que existió hace millones de años y una cordillera similar al Himalaya son algunos de los "misterios" escondidos en los subsuelos de la Ciudad de Buenos Aires que serán presentados este sábado durante una muestra itinerante en la Noche de los Museos. "Imaginemos que una persona podía venir caminando desde la avenida Cabildo y bajar hasta las Barrancas, donde se iba a encontrar con un mar que existió en esa zona hace 10.000 años", describió a Télam Gonzalo Ronda, geólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y mucho más antiguo, "hay una formación que está debajo nuestro, a más de 50 metros de profundidad, que se llama formación Paraná y son sedimentos marinos que fueron asociados a un gran mar conocido como 'paranaense' entre los 15 y 6 millones de años", agregó. Gran parte de Argentina fue cubierta por "el paranaense", registrado en estos sedimentos, "que era un mar cálido que llegaba hasta el Paraguay y en el que hay registro del megalodón, el famoso tiburón extinto y depredador que se calcula tenía unos 20 metros de largo", completó el especialista. Estas curiosidades y otras serán reveladas este sábado 2 de noviembre, desde las 20, en la muestra itinerante "Misterios del subsuelo: la geología de Buenos Aires", en el barrio porteño de Belgrano (esquina de Juramento y Vuelta de Obligado), una actividad organizada por la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA en el marco de la Noche de los Museos. Bajo la pregunta "¿qué hay debajo de nuestros pies?", un grupo de geólogos de la UBA dialogará con el público sobre cómo se puede reconstruir la historia de lo que hoy se ve en la superficie y planificar el desarrollo urbano a partir del conocimiento de lo que hay en los subsuelos. "En la Ciudad de Buenos Aires están prácticamente las rocas más antiguas de la Argentina, que tienen 2.000 millones de años y están a unos 280 metros de profundidad debajo nuestro", explicó Ronda. Mencionó que gran parte del adoquinado de la Ciudad de Buenos Aires proviene de estas unidades, pero explotadas de lugares donde están en superficie como en la Isla Martín García y las sierras de Tandil. Detalló que son rocas duras, ígneas y metamórficas, asociadas al núcleo de lo que fue una gran cordillera de hace 2.000 millones de años. "Esto nos habla de que hubo una gran cordillera, como si fuese un Himalaya actual hace 2.000 millones de años en la ciudad (la Tierra tiene aproximadamente 4.600 millones de años)", remarcó. Asimismo especificó que en Barrancas de Belgrano, en los siglos XVII y XVIII, se explotaba un nivel que era muy rico en organismos marinos y se llamaba "el Belgranense": "eran conchillas de animales marinos que nos hablaban de que hubo un intervalo marino registrado en rocas que estaban expuestas en la antigua barranca". "Gran parte de la fauna fósil (como gliptodontes o tigres dientes de sable) que se reconocen cuando se hacen grandes obras en Buenos Aires o para los cimientos de los edificios habría existido en tiempos de ese mar", comentó. Agregó que aún "está en discusión si había humanos en ese tiempo, pero se cree que sí y que coexistían con esa fauna fósil". Ronda explicó que las "perforaciones, que es como pinchar en las rocas que hay debajo nuestro, representan una de las técnicas para saber qué hay en los subsuelos". "Además de las perforaciones, conocemos esta información porque los geólogos han estudiado en zonas donde las rocas se encuentran en la superficie", como en la isla Martín García y Tandil. La perforación más profunda de la Tierra ha llegado a 10 kilómetros de profundidad en Siberia, Rusia, "pero si consideramos que el radio de la Tierra tiene cerca de 6.000 kilómetros, apenas lo hemos rasguñado", indicó. "La iniciativa detrás de la muestra de este sábado, y otras que llevamos adelante, es que el público entre en contacto con este tema y también despertar estas inquietudes", consideró el geólogo, y agregó que "el paso académico sería responder esas preguntas científicamente, como ya lo están haciendo, investigar y mirar debajo de nuestros pies".
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