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Cultura y Espectáculos > Histórico

Bajo la novena luna, una nueva era brilló en Cosquín: Milo J deslumbró y Campedrinos se consagró

Ante una Plaza Próspero Molina desbordada, la 66° edición del festival cerró con un hecho generacional: el joven fenómeno Milo J ofreció un show colosal que fusionó trap y folklore, mientras el dúo Campedrinos recibía el premio a la Consagración. 

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
Una noche de cruces históricos y pura emoción que redefinió el futuro de la música popular. FOTO: Gentileza Carlos Romero

Bajo el manto plateado de la novena luna, la 66° edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín escribió un capítulo fundacional. Este domingo, ante una plaza repleta que vibraba con una energía renovada, el cierre fue una poderosa declaración de principios: el folklore está vivo, se transforma y se hereda. La noche culminó con el fenómeno Milo J, el joven de Morón, entregando un show colosal que fusionó sin complejos sus raíces en el trap con una incursión sentida y respetuosa en el género, mientras el premio a la Consagración recaía en Campedrinos.

Desde horas antes, la ciudad serrana palpitó con un fervor inusual. Las entradas, agotadas hace semanas, convirtieron el acceso al escenario principal en un tesoro. Quienes no lograron una ubicación en la Plaza Próspero Molina, donde “no cabía un alfiler”, siguieron la velada desde el campo asignado, mientras afuera, un grupo persistente aguardaba hasta tarde con la esperanza de conseguir una entrada de reventa.

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El telón se abre con maestría y mensaje

La responsabilidad de abrir una noche de alto voltaje recayó en Peteco Carabajal. El cantautor santiagueño dio cátedra con su violín, desplegó un juego lúdico con sus músicos e invitó a la coplera Mariana Carrizo para un momento de pura tradición. Su declaración, más que en palabras, estuvo estampada en su pecho: una remera con el rostro de Charly García y la frase “si ellos son la patria, yo soy extranjero”, un gesto elocuente que arrancó aplausos y reflexiones.

Luego llegó un momento cargado de nostalgia y futuro. Teresa Parodi, emocionada, entonó “Pedro Canoero”, la misma canción con la que debutó en Cosquín hace 42 años. Desde el escenario, celebró el florecimiento de las nuevas generaciones: “Es muy importante tu aparición en la música de nuestro pueblo. Somos ricos porque tenemos esta maravilla de los jóvenes que aman nuestra música”, le dijo a Maggie Cullen, quien minutos después, con su brillo característico, ofreció un set que recorrió desde clásicos folklóricos hasta temas de su disco “Décimas”. Juntas, Parodi y Cullen fusionaron sus voces en “Esa musiquita”, simbolizando un abrazo musical entre épocas.

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El momento institucional más esperado coronó a Campedrinos como los nuevos Consagrados del festival. El dúo, que en los próximos días llevará el folklore argentino al Festival de Viña del Mar, recibió la ovación de pie de una plaza que coreaba sus canciones. Cuti y Roberto Carabajal, más tarde, protagonizarían uno de los regresos más emotivos de la noche, marcando su triunfal retorno al escenario mayor con banda completa. La alegría se duplicó cuando Cuti Carabajal fue distinguido con el premio Camín a la Trayectoria.

Milo J, la nueva era

Pero el clímax de la novena luna tenía un nombre: Milo J. Con una producción escénica impecable y una energía contagiosa, el artista diseñó un espectáculo puente. Para las generaciones mayores, ofreció su voz dulce y armoniosa en versiones de clásicos; para los jóvenes, desplegó los hits del trap que lo catapultaron a la fama. Su humildad y calidez conectaron de inmediato con el público.

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El escenario se transformó en un punto de encuentro intergeneracional. Milo compartió canciones con Soledad Pastorutti, a quien abrazó como a una madre en una imagen que conmovió a todos; invitó a los recién consagrados Campedrinos para interpretar juntos “Invisible”; y sumó a su show al santiagueño Radamel y a figuras como Sergio Prada y Agustín Fantili. Incluso la murga uruguaya Agarrate Catalina, parte de su gira, aportó su color.

“No soy folclorista, solo soy un joven que vive de su pasión”, había dicho el artista en conferencia de prensa, desarmando etiquetas. Esa misma pasión fue la que vibró en la plaza. Fans jóvenes rompían en llanto al escucharlo, mientras los “pechos fríos” –como bromeó él desde el escenario– no pudieron resistirse a su carisma.

Así, entre lágrimas de emoción, aplausos que no cesaban y una luna testigo, Cosquín 2026 cerró con una certeza: el folklore no mira solo al pasado. Mira al futuro, y ese futuro, diverso, respetuoso y vibrante, ya llegó. Hasta el año que viene.

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