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Después de años sin cambios, la Difunta Correa cambió y los vecinos se emocionan
Vecinos y comerciantes se emocionaron tras la inauguración de las obras en el Paraje Difunta Correa.
Después de años sin cambios estructurales, la Difunta Correa empezó a mostrar otra cara. La inauguración de las primeras obras en Vallecito no solo marcó el inicio de una transformación largamente esperada, sino que dejó una escena que sintetiza lo que significa este momento: vecinos emocionados, algunos hasta las lágrimas, frente a un lugar que durante décadas permaneció prácticamente igual.
Uno de ellos fue Ariel Manrique, comerciante y vecino, atiende el local 17, el restaurante y kioco que su familia tiene allí desde hace añares. Su testimonio atravesó el acto oficial y se convirtió en una de las imágenes más fuertes de la jornada. Con la voz quebrada, resumió lo que significó ver el cambio.
“De no creer, un sueño. Realmente lo que ha sucedido hoy con esta inauguración, con este cambio, con estas obras… muy contento”, expresó.
Su historia es también la historia del lugar. Ariel tomó hace más de 30 años las riendas del emprendimiento familiar y desde entonces su vida transcurre en Vallecito. Vio crecer la devoción, aumentar la cantidad de visitantes y sostener el movimiento comercial, pero sin que ese crecimiento estuviera acompañado por obras de fondo.
Ese contraste explica la emoción.
“Eran obras que esperábamos, que anhelábamos. Tener hoy en día todas estas obras para nosotros era un sueño”, dijo, todavía conmovido.
Obras que cambian lo cotidiano
La intervención inaugurada incluye mejoras que impactan directamente en la vida diaria del predio: agua potable, nuevos sanitarios, remodelación de la galería comercial, pavimento y espacios más ordenados.
“Tenemos el agua, algo fundamental. Los baños públicos que se hicieron nuevos, realmente muy lindos. La remodelación de la galería comercial. El pavimento que se hizo esta semana”, enumeró Ariel, poniendo en palabras lo que durante años fue una deuda.
Pero además de lo ejecutado, también aparece lo que viene: un micro hospital, una comisaría y un escenario para eventos que buscan acompañar el crecimiento sostenido del lugar.
Consultado sobre si imaginaba este nivel de transformación cuando llegó en los años '90, fue contundente: “No. Difícil”.
La respuesta refleja el largo tiempo sin cambios estructurales y la dimensión del salto que empieza a darse.
El impacto en la comunidad
La emoción no fue aislada. Se repitió entre comerciantes y trabajadores del predio, que ven en estas obras no solo una mejora estética, sino una oportunidad concreta para el desarrollo del lugar.
Gonzalo, que trabaja en la zona desde hace seis años, también marcó la diferencia entre el antes y el ahora. “La verdad que el tema de las obras, muy lindo, de primera a todo, tanto como para la gente de acá como para el turista”, señaló.
En su caso, la comparación es más reciente, pero igual de clara. “Antes no había muchos cambios en el lugar. Si bien se mantenía la limpieza, pero cambios en general, la verdad que ahora de primera”, agregó. El impacto también se proyecta en el turismo, uno de los motores del paraje.
“Es importante que venga gente de otras provincias, que vean todo iluminado, lindo. Eso deja ganas de volver”, explicó, destacando el efecto multiplicador que puede tener esta nueva etapa.
Un antes y un después en Vallecito
La Difunta Correa es uno de los sitios de fe más convocantes del país, con cerca de un millón y medio de visitantes al año. Sin embargo, su desarrollo histórico estuvo marcado por el crecimiento espontáneo, sin una planificación integral.
Las obras inauguradas forman parte de un Master Plan que busca ordenar el predio, mejorar la infraestructura y acompañar ese flujo constante de peregrinos sin alterar la identidad del lugar.
En ese contexto, la mirada de los vecinos aporta una dimensión que trasciende lo técnico. No se trata solo de obras, sino de reconocimiento a una comunidad que sostuvo el sitio durante años.
“La gente del pueblo está súper contenta. Muy agradecidos”, sintetizó Ariel.
La frase, simple, condensa el clima que se vivió en Vallecito.
La postal final de la jornada no fue solo la de las nuevas obras, sino la de quienes las miraban por primera vez con una mezcla de sorpresa y emoción.
Después de décadas sin cambios, la Difunta Correa empieza a transitar una transformación profunda. Y en ese proceso, quienes siempre estuvieron ahí son los que mejor pueden dimensionarlo.
Ariel lo dijo sin vueltas, todavía conmovido: “Un sueño”. Esta vez, convertido en realidad.