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Grecia busca incorporar la regulación de la IA en su Constitución Nacional
Crece el debate entre los Estados Nación, sobre la legislación de la inteligencia artificial y cómo implementarlo. El país europeo busca dar un salto y establecer requisitos a nivel constitucional.
POR REDACCIÓN
Regular la inteligencia artificial parece una tarea titánica. Esta herramienta, que muestra su lado más transparente en los chatbots como ChatGPT y Gemini, entre otros, impacta en el día a día en decenas de aspectos de la vida cotidiana.
No se trata sólo hablar con un bot, sino qué pasa cuando una IA define las coberturas de un seguro médico, la aplicación a un trabajo o a un crédito, cuando está frente a un volante o asumiendo la potencial reincidencia de un preso.
También se trata de hablar de una herramienta con un potencial que, se asegura, puede llegar a ser exponencial, llegando en algún momento a superar capacidades humanas y tomando total autonomía frente a las decisiones.
A medida que los algoritmos, cada vez más opacos y menos comprensibles para los humanos, toman más y más decisiones en el día a día se abre un interrogante central: cómo se regula una ola en pleno crecimiento.
Hay corrientes de la academia, como el llamado humanismo digital o la ética de la IA, que se plantean estas preguntas y buscan soluciones innovadoras.
En tanto, en el terreno político, hay países e instituciones que ya comienzan a dar los primeros pasos.
Así, cuando se piensa en regular la IA aparecen tres grandes modelos en la mente: por un lado, el modelo regulacionista de la Unión Europea y su Ley de Inteligencia Artificial de 2024; por otro, Estados Unidos y su decisión de avanzar desde la Casa Blanca contra las regulaciones locales; finalmente, China y una visión más pragmática y al servicio del Estado.
Grecia y la regulación de la IA
En este contexto, Grecia busca sumarse a la lista de países con regulación. Allí el primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, presentó un amplio paquete de reformas constitucionales donde la inteligencia artificial tiene un capítulo clave.
La reforma, que en esta instancia fue presentada a los miembros del grupo parlamentario del partido gobernante, incluye cambios en 30 artículos constitucionales y busca crear una “democracia funcional para hoy y para el futuro”.
En el capítulo de la IA, dice que debe estar al servicio de la sociedad y las libertades individuales, al tiempo que gestiona los riesgos potenciales.
“La inteligencia artificial deberá estar al servicio de la libertad del individuo y la prosperidad de la sociedad, garantizando que se mitiguen los riesgos y que se aprovechen plenamente las ventajas que ofrece”, indica.
La medida, de peso constitucional, se sumaría a una serie de iniciativas de regulación que ya viene impulsando Grecia, como restringir el acceso de menores de 15 años a las redes sociales e introducir trazabilidad para todas las cuentas.
Mirada de los especialistas
Ioannis Pitas es doctor en Ingeniería Eléctrica y docente de la Aristotle University of Thessaloniki, de Grecia, el especialista analizó las reformas que se plantean en su país sobre la IA.
Para Pitas, el objetivo es “oportuno y noble”. Sin embargo, lamentó que los medios elegidos para alcanzar ese objetivo no son necesariamente los óptimos, dado los avances extremadamente rápidos de estos desarrollos.
Así, recordó cómo el GDPR (Reglamento General de Protección de Datos) y el AI Act de la Unión Europea, “no pudieron manejar adecuadamente la complejidad de la IA y quizá deban ser revisadas pronto”.
“Desafortunadamente, las reformas constitucionales en muchos países (como Grecia) son procedimientos muy lentos y tediosos. Si algo sale mal con las disposiciones de un artículo constitucional, puede ser difícil modificarlo”, afirmó.
Además, dijo: “Dar un salto abrupto no siempre es la mejor opción. En mi opinión, es preferible que los parlamentos regulen la IA utilizando mecanismos legislativos clásicos, en lugar de reformar una Constitución”.
En tanto, dio contexto político al anuncio y aseguró que esto ocurre con un gobierno de centroderecha que invirtió recursos en analizar las tendencias de la inteligencia artificial, mientras que la oposición se encuentra fragmentada y sin una postura al respecto.
“En este contexto, nuestro gobierno intenta capitalizar ese conocimiento, mostrarse como visionario desde el punto de vista social y económico y, en última instancia, arrinconar a la oposición. Es tan simple como eso”, sostuvo Pitas.
La unión hace a la fuerza
Ante este panorama, surgen múltiples preguntas. ¿Alcanza con una generalidad en la Constitución para abordar un tema como la inteligencia artificial? ¿Es suficiente que un único país tenga la mejor de las leyes posibles, pero en solitario?
Para Pitas, idealmente la regulación debería hacerse a nivel internacional. Sin embargo, dada la importancia geopolítica de la IA, esto es difícil de lograr.
“Se vuelve aún más complicado cuando algunos países clave, como Estados Unidos, han cambiado sus políticas hacia enfoques de regulación nula o débil”, afirmó.
En este sentido, continuó: “Dado este escenario, la regulación de la IA a nivel nacional y también a nivel de ‘alianzas de países afines’ es la única forma de avanzar. En este sentido, la Unión Europea fue pionera en la regulación de la IA con cierto éxito”.
Inteligencia artificial al servicio del ser humano
Ricardo Andrade, licenciado en Letras y becario del Conicet, aportó una mirada desde la filosofía de la tecnología y explicó que “todos los Estados desarrollados o en vías de desarrollo están adoptando políticas transhumanistas frente a la tecnología”.
Esta disciplina, dijo, consiste en pensar la tecnología no solamente en su versión más conocida —que es la que plantea modificar el cuerpo a través de tecnologías—, sino también en formas que recuperan ciertos principios del humanismo y de la ilustración occidental en pos del bienestar y la libertad de los sujetos.
Transhumanismo, coevolución y ética de la IA, los conceptos que se ponen sobre la mesa al hablar de regulación. “Cuando Grecia adopta esta postura, está pensando desde un punto de vista transhumanista, aunque no lo digan, y al mismo tiempo concibe la inteligencia artificial como una mera herramienta al servicio de los intereses de la sociedad”, explicó.
Sin embargo, dijo que esta visión se puede quedar corta, ya que no se prevé que la IA pueda llegar a un punto de singularidad, en la que logre una conciencia similar, pero no igual, a la de un humano, actuando de manera autónoma e independiente.
“Piensan que la IA se va a quedar en el estadio actual, y eso es muy poco probable con los avances que estamos teniendo. Esa idea, a la larga, va a quedar obsoleta, más aún si la plasmás como un valor dentro de la Constitución nacional”, aseveró.
Además, cuestionó: “Es muy general esta ley, queda como un concepto abstracto. Pero el liberalismo, en términos de filosofía política, tiende a ser bastante abstracto. Te hablan de libertad, pero la libertad es un concepto abstracto”.
Ante la pregunta de qué grupos están pensando cómo salir del laberinto regulatorio, explicó que “en términos de producción científica, los que más están pensando en regulación son científicos que están dentro del campo multidisciplinario de la ética de la inteligencia artificial”.“La ética de la IA está pensando mucho en el impacto moral en los sujetos y en la composición social, y son los que en general tienden más a exigir regulaciones, o al menos a establecer pautas y controles”, afirmó. “Hay muchos papers que proponen modelos regulatorios sin frenar el desarrollo. El problema es que, si bien muchas de estas posturas son atractivas, en Occidente no hay una reciprocidad real entre la teoría y su aplicabilidad”, concluyó.
Fuente: Página/12.