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Provinciales > Emotiva historia

Lágrimas y exilio: la venezolana que huyó del régimen de Maduro y hoy canta por libertad

Exiliada en San Juan desde hace dos años, vivió con emoción la noticia de la captura de Nicolás Maduro que reavivó la esperanza de volver a una Venezuela libre.

POR REDACCIÓN

03 de enero de 2026
El abrazo y la emoción de una exiliada que huyó del régimen y hoy celebra la libertad. (Foto: Gabriel Flores / Diario Huarpe)

Entre lágrimas que no se pueden disimular y una bandera apretada contra el pecho, Wendy González canta el himno de Venezuela en plena Plaza 25 de Mayo, en San Juan. Su voz se quiebra, pero no se detiene. Cada estrofa es un desahogo, un grito contenido durante años. “Es libertad”, dice, casi sin fuerzas, mientras seca sus mejillas y vuelve a mirar al cielo.

Banderas, lágrimas y esperanza para Wendy lejos de su Venezuela amada (Foto: Gabriel Flores / Diario Huarpe)

Wendy es venezolana y hace dos años tuvo que dejar su país empujada por la dictadura de Nicolás Maduro. No fue una decisión fácil ni planificada. “Salí de Venezuela en menos de un mes. Dejé todo atrás”, cuenta. Compañeras suyas quedaron presas y el miedo se volvió cotidiano. El exilio no fue una elección: fue la única salida.

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La noticia de la captura de Nicolás Maduro provocó la alegría en venezolanos en San Juan (Foto: Gabriel Flores / Diario Huarpe)

Llegó a la Argentina y se radicó en San Juan, una provincia que la recibió cuando su vida estaba partida en dos. “Fue un cambio totalmente brusco. Dejar nuestra tierra, la familia, los momentos vividos… es muy fuerte”, relata. Parte de su familia había emigrado antes: su hermana, una sobrina y dos tíos. Otros llevan cuatro u ocho años fuera del país. Venezuela quedó fragmentada en recuerdos y llamadas a la distancia.

Wendy estalló en lágrimas de emoción por la captura de Nicolás Maduro. (Foto: Gabriel Flores / Diario Huarpe)

Este sábado, la noticia de la captura de Nicolás Maduro sacudió emociones dormidas. Wendy se enteró temprano y lo primero que hizo fue comunicarse con los suyos, en El Tigre, estado Anzoátegui, y en Caracas. “Fue emocionante, muy emocionante. Es un desahogo”, repite. Del otro lado del teléfono hubo alegría, pero también cautela. “Están resguardados, con miedo, porque no sabemos qué puede pasar ahora”.

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En la plaza, Wendy no está sola. Rodeada de otros venezolanos, se permite sentir lo que durante años estuvo prohibido: esperanza. El festejo es contenido, atravesado por la memoria del dolor y la incertidumbre del futuro. “Esto es apenas el principio. Todavía falta camino, todavía hay que seguir luchando”, afirma.

Antes de irse, Wendy hace una pausa y mira alrededor. “Le doy mil gracias a la Argentina”, dice con la voz cargada de gratitud. “Nos abrieron las puertas, los corazones. Hoy cantar el himno acá, en esta tierra que nos acogió, es una emoción muy grande”.

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