Domingo 19 de Abril
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Salud y Bienestar > Salud mental

Autoexigencia y perfeccionismo: cuándo dejan de ser saludables

La psicóloga Ana Laura Sánchez advierte sobre los riesgos del perfeccionismo extremo y cómo impacta en la salud emocional, física y la autoestima.

Por Brenda Uñate
Hace 2 horas

La psicóloga Ana Laura Sánchez analizó cómo el perfeccionismo extremo puede afectar la salud emocional y la autoestima.

En una nueva emisión de Salud & Bienestar, por HUARPE TV, la licenciada en psicología Ana Laura Sánchez abordó un tema cada vez más frecuente pero muchas veces silenciado: la autoexigencia y el perfeccionismo. Rasgos que pueden parecer positivos, pero que, llevados al extremo, impactan directamente en la salud emocional, física y en la calidad de vida.

“Hay cierto punto de autoexigencia que es positivo, nos impulsa, nos motiva, pero cuando buscamos el perfeccionismo vamos a caer en una sobreexigencia”, explicó la especialista. Y agregó: “Llegar a esa perfección sabemos que no va a ser posible”, marcando así el punto de quiebre donde lo saludable empieza a volverse perjudicial.

El problema, según señaló, es que muchas personas viven este proceso en silencio, naturalizando una sensación constante de insatisfacción. La vara sube cada vez más y los logros dejan de ser suficientes.

Cuando nunca alcanza

Uno de los principales indicadores de que la autoexigencia dejó de ser funcional es la sensación de incomodidad permanente, incluso cuando se cumplen objetivos. “Vamos a empezar a encontrar esta sensación de que lo que hacemos nunca es suficiente”, advirtió Sánchez.

Este estado sostenido puede derivar en síntomas de ansiedad, estrés y frustración. Incluso cuando la persona reconoce racionalmente que logró lo que se propuso, no aparece la satisfacción esperada. “Aun así, no siento esa satisfacción de haberlo logrado”, describió.

La raíz de este comportamiento suele ser multifactorial. La crianza, el entorno y ciertos rasgos de personalidad influyen, pero también el contexto actual juega un rol clave. “Estamos hiperestimulados, todo el tiempo hay que hacer más, mejor y perfecto”, señaló.

En ese sentido, las redes sociales aparecen como un factor determinante. “Hay un bombardeo permanente de información: levantarse temprano, entrenar todos los días, cumplir con todo. En la vida real es muy difícil sostener eso”, explicó. Esta presión constante alimenta la idea de que siempre falta algo, generando una insatisfacción crónica.

Impacto en la autoestima y el cuerpo

El perfeccionismo no solo afecta lo emocional. También impacta en la autoestima y en la percepción personal. “Si no logro tal cosa, siento que no soy capaz o que no merezco otras”, afirmó la psicóloga.

Este pensamiento puede derivar en una desvalorización progresiva. La persona empieza a medirse exclusivamente por sus resultados, perdiendo de vista su propio valor. A su vez, el miedo al error se vuelve protagonista. “Se vive el error como un fracaso absoluto”, explicó.

Este temor puede llevar incluso a la procrastinación. Es decir, evitar hacer algo por miedo a no hacerlo perfecto. “No hago porque no me va a salir perfecto, pero después me siento culpable”, describió, marcando un círculo difícil de romper.

La frustración, en este contexto, se experimenta de manera extrema. En lugar de ser una instancia de aprendizaje, se transforma en una sensación de fracaso total. Por eso, trabajar la tolerancia a la frustración es clave para salir de ese esquema rígido.

Cómo construir un equilibrio

Frente a este escenario, Sánchez propuso estrategias concretas para empezar a cambiar la relación con las propias exigencias. Una de ellas es reformular la manera en que se evalúan los logros. “Hay que cambiar el ‘logré esto pero me falta aquello’ por ‘me falta esto pero logré esto otro’”, sugirió.

También destacó la importancia de registrar y valorar los pequeños avances, así como practicar la gratitud. Reconocer lo alcanzado permite construir una motivación más saludable y sostenible.

Otro punto central es aprender a poner límites. “Cuando algo ya me está incomodando mucho, es señal de que no está siendo saludable”, explicó. Estos límites pueden ser tanto hacia el entorno como hacia uno mismo, especialmente frente a mandatos internos muy exigentes.

El autocuidado aparece como una herramienta fundamental. Escuchar el cuerpo, atender las señales físicas y emocionales y practicar la autocompasión son claves para evitar el desgaste. “Si estoy haciendo algo que deja de ser sano, no me va a salir de la mejor manera”, remarcó.

Antes de cerrar, la profesional dejó un mensaje claro: “Nosotros somos nuestra propia y única herramienta”. En ese sentido, sostuvo que cuidar la salud integral es indispensable para poder alcanzar cualquier objetivo sin poner en riesgo el bienestar.

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