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Sociedad > La Noche de los lápices

El reclamo que manchó de sangre a una generación de estudiantes

El 16 de septiembre de 1976 se produjo una serie de secuestros y asesinatos a alumnos bonaerenses que marchaban por el boleto estudiantil. El gobierno dictatorial los consideraba subversivos y su plan era terminar con ellos.

POR Facundo Merenda SEGUIR
16 de septiembre de 2019

16 de septiembre de 2019

El horror fue el protagonista de la noche del 16 de septiembre de 1976. La sangre marcó a fuego la historia de los estudiantes secundarios. Con la misión de reclamar lo que les era justo, emprendieron una marcha por el boleto estudiantil. Todo terminó de la peor manera. Los efectivos policiales los secuestraron y algunos fueron asesinados. El plan estaba pergeñado por el nuevo gobierno dictatorial que había tomado las riendas del país.

Las víctimas fueron en su mayoría alumnos de la Unión de Estudiantes Secundarios de La Plata. Las órdenes de detención habían sido libradas por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército. ​El comisario Alfredo Fernández y el coronel Ricardo Eugenio Campoamor, jefe del Destacamento de Inteligencia 101, habían firmado el escrito.

Los estudiantes fueron tratados como subversivos. Se les asignó el grado de peligrosidad. Los secuestros fueron llevados a cabo por miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en aquel entonces por el general Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.

El 23 de septiembre, luego de una semana de torturas un grupo de detenidos dentro del cual se hallaban los estudiantes fue trasladado en dos camiones. Todos estaban aterrados, no sabían lo que el destino les podía deparar. En su recorrido fueron detenidos por la Brigada de Investigaciones de Banfield. Allí se bajaron algunas personas, ya que sus nombres figuraban en la planilla de lectura de los oficiales. El resto de los secuestrados siguió camino hasta Pozo de Quilmes, otro de los centros clandestinos de detención.

“Los adolescentes secuestrados habrían sido eliminados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban: Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5ta, 8va y 9na de La Plata y 3ra de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires”, dice el comunicado de la Conadep.

El hecho emblemático de aquel terrorismo de Estado fue el que ese día pasó a la historia como “la noche de los lápices”. Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de aquel horror, dijo que hay un documento de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que se llama específicamente de esa manera. En ese documento hablaban de que luego de desarticulados política e ideológicamente los sectores universitarios, barriales y de trabajadores, los que venían eran los estudiantes secundarios ya que los consideraban como “potenciales subversivos” por ser los líderes en los distintos colegios. Querían romper con ese semillero y en ese rumbo encaminaron sus objetivos. A 43 años de aquel hecho de sangre, los lápices siguen escribiendo, hoy y siempre.

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