Publicidad
Publicidad

Política > Programa de intervención

Estados Unidos administrará el petróleo de Venezuela como parte del plan de transición anunciado por Trump

En su conferencia tras la captura de Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos administrará temporalmente Venezuela, con un plan central enfocado en la industria petrolera.

POR REDACCIÓN

03 de enero de 2026
Según Trump, EE.UU. administrará Venezuela y su petróleo para una "transición juiciosa". FOTO: Gentileza

En la conferencia de prensa en la que confirmó la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, desveló un plan integral para el futuro de Venezuela, cuyo eje central es la reactivación de su industria petrolera. El plan, presentado como una condición para una transición política, gira en torno a la entrada de corporaciones estadounidenses para explotar las reservas del país, bajo un marco temporal de administración directa por parte de Washington.

La propuesta: una inyección de capital privado estadounidense

El núcleo del anuncio presidencial fue un llamado directo a las principales compañías petroleras de Estados Unidos. Trump declaró que estas empresas "entrarán, gastarán miles de millones de dólares, arreglarán la maltrecha infraestructura y empezarán a ganar dinero para el país". El mandatario enfatizó que la inversión inicial correría por cuenta del capital privado, el cual sería reembolsado posteriormente con los beneficios de la producción.

Publicidad

Trump fundamentó esta medida en una narrativa de reparación histórica, afirmando que "el régimen socialista nos lo robó" y calificando la nacionalización de la industria como "uno de los mayores robos de propiedad estadounidense en la historia de nuestro país". Esta visión había sido preparada por declaraciones de asesores como Stephen Miller, quien alegó previamente que la industria petrolera venezolana fue creada con "ingenio y sudor estadounidense".

Un contexto de presión escalonada

El anuncio del plan no se produjo de manera aislada, sino como la culminación de una escalada de presión económica y militar. El pasado 16 de diciembre, la administración Trump ordenó un "bloqueo total y completo" de los buques petroleros que entraban y salían de Venezuela, desplegando una importante fuerza naval en la región.

Publicidad

Reportes periodísticos indican que, en comunicaciones privadas previas, el gobierno estadounidense habría condicionado a las empresas petroleras. Según estas informaciones, se les habría transmitido que su posible compensación por las expropiaciones históricas estaría ligada a su disposición a regresar e invertir fuertemente en el país. Un funcionario del sector citado por el medio Politico resumió el mensaje: "Tienes que entrar si quieres jugar y ser reembolsado".

El marco político: una administración temporal directa

Para crear las condiciones que permitan esta inversión, Trump anunció que Estados Unidos asumiría temporalmente el control de la gobernanza venezolana. "Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa", afirmó el presidente. Esta declaración establece un período de administración directa por parte de Washington, aunque sin especificar su duración exacta ni los mecanismos concretos de transición.

Publicidad

El objetivo declarado de esta intervención, según Trump, es "enriquecer al pueblo de Venezuela, hacerlo independiente y seguro". De esta forma, el plan vincula el futuro económico y político del país suramericano al éxito de la reactivación petrolera liderada por empresas estadounidenses.

Los formidables obstáculos prácticos y técnicos

A pesar del tono seguro del anuncio, el plan se enfrenta a desafíos monumentales que analistas y la propia industria consideran mayúsculos. La infraestructura petrolera venezolana sufre un colapso tras décadas de desinversión y falta de mantenimiento, con redes de oleoductos anticuadas y tecnología obsoleta. Repararla requeriría inversiones que se estiman en decenas de miles de millones de dólares.

Además, la naturaleza del crudo venezolano representa una dificultad técnica específica. Las vastas reservas de la Faja del Orinoco son de crudo extrapesado, un hidrocarburo que requiere procesos de extracción y mejoramiento complejos, costosos y altamente especializados, limitando el número de empresas con la capacidad técnica para operarlo a gran escala.

La inestabilidad política y la falta de un marco legal claro constituyen otra barrera crítica. La ausencia de garantías de seguridad para el personal y los activos, sumada a un embargo petrolero estadounidense que Trump afirmó sigue "en pleno vigor", crean un entorno de alta incertidumbre. Expertos coinciden en que, incluso en el mejor de los escenarios, llevar la producción a niveles significativos podría tomar años de trabajo.

Reacciones y un futuro incierto

El plan ha generado un rechazo inmediato en la escena internacional. China, principal cliente petrolero de Venezuela en los últimos años, condenó la operación como un "acto hegemónico" que viola el derecho internacional. Otros países de la región, como México y Brasil, también han expresado su repudio a la acción militar y a los planes anunciados.

Dentro de Venezuela, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, a quien Trump insinuó que cooperaría, ha respondido con un mensaje de firme resistencia. Desde el Consejo de Defensa Nacional, Rodríguez declaró que "jamás volveremos a ser colonia de nadie" y reafirmó a Nicolás Maduro como el único presidente legítimo del país.

En conclusión, el plan de Trump para el petróleo venezolano constituye una apuesta geopolítica y económica de alto riesgo. Busca revertir décadas de política energética nacional mediante una intervención sin precedentes modernos, cuyo éxito depende no solo de capital y tecnología, sino de superar una profunda crisis de legitimidad política y estabilidad, tanto dentro de Venezuela como en el concierto de naciones.

Publicidad
Publicidad
Más Leídas
Publicidad
Publicidad