Domingo 15 de Marzo
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Salud y Bienestar > Salud metabólica

Insulinoresistencia y síndrome metabólico: señales y prevención

La médica Ayelén Escudero explicó en Salud & Bienestar qué es la insulinoresistencia, cómo detectarla y prevenir el síndrome metabólico.

Por Brenda Uñate
Hace 2 horas

La doctora Ayelén Escudero explicó en Salud & Bienestar cómo detectar a tiempo la insulinoresistencia y prevenir el síndrome metabólico.

El síndrome metabólico es una condición cada vez más frecuente y muchas veces silenciosa. Muchas personas pueden atravesarlo durante años sin saberlo, hasta que aparecen complicaciones mayores. Sobre este tema habló la doctora Ayelén Escudero, médica de familia con enfoque integral, durante su visita al programa Salud & Bienestar, que se transmite por HUARPE TV en el 19.2 de TDA, Kick y YouTube.

Durante la entrevista, la profesional explicó que el síndrome metabólico no se trata de una única enfermedad, sino de la combinación de varios factores que aumentan el riesgo de desarrollar diabetes, enfermedades cardiovasculares y otras afecciones crónicas. “Cuando hablamos de un síndrome metabólico es un conjunto de factores que nos llevan a tener este síndrome”, señaló.

Entre esos factores se encuentran la presión arterial elevada, alteraciones en la glucemia, triglicéridos altos, colesterol HDL bajo —conocido como el colesterol “bueno”— y el aumento del perímetro abdominal. Según explicó Escudero, cuando una persona presenta al menos tres de estos criterios ya puede ser diagnosticada con síndrome metabólico.

La médica también advirtió que muchas personas se enfocan únicamente en el peso corporal, cuando en realidad existen otros indicadores más importantes para evaluar el riesgo metabólico. “No es lo mismo que el peso de la balanza, porque el peso no discrimina si tenés grasa, músculo o cuánto pesa el hueso”, explicó.

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Por eso, en la consulta médica se presta especial atención a la circunferencia abdominal, ya que permite detectar acumulación de grasa visceral, uno de los factores más vinculados al riesgo cardiometabólico.

La insulinoresistencia, el primer paso

Durante la charla, Escudero explicó que la insulinoresistencia suele ser el punto de partida para el desarrollo del síndrome metabólico. Se trata de una alteración en el funcionamiento de la insulina, la hormona encargada de regular los niveles de glucosa en sangre.

“La función de la insulina es que la célula abra como una puertita para que entre la glucemia dentro de la célula y pueda ser usada como energía”, explicó. Cuando aparece la insulinoresistencia, ese mecanismo comienza a fallar y el organismo necesita producir cada vez más insulina para mantener estables los niveles de azúcar en sangre.

Este proceso puede estar relacionado con distintos factores del estilo de vida actual. La médica mencionó la alimentación basada en ultraprocesados, el exceso de azúcares refinados, el sedentarismo, la falta de descanso y el estrés crónico.

“Tenemos un estilo de vida distinto al de años anteriores, con más estrés, mala calidad de sueño y una alimentación más rápida”, señaló.

Con el tiempo, esta alteración puede provocar inflamación metabólica, aumento de peso, cansancio persistente y dificultad para adelgazar, incluso cuando la persona intenta mejorar su alimentación.

Señales del cuerpo y cambios de hábitos

Escudero explicó que el cuerpo suele dar señales antes de que aparezcan cambios importantes en los análisis de laboratorio. Entre ellas mencionó los acrocordones, pequeñas verrugas o “lunares de carne” que suelen aparecer en el cuello, y el oscurecimiento de la piel en zonas como cuello, axilas o ingles.

“Puede verse el cuello más oscuro, como si estuviera sucio, pero en realidad es una marca que deja la insulinoresistencia”, explicó.

La buena noticia, según la especialista, es que cuando se detecta en etapas tempranas se puede revertir con cambios en el estilo de vida. “Yo siempre les digo a los pacientes que el tratamiento está en sus manos”, afirmó.

Entre las principales recomendaciones mencionó mejorar la alimentación, reducir el consumo de ultraprocesados y priorizar alimentos naturales como verduras, legumbres, proteínas y cereales integrales. También destacó la importancia de la actividad física, especialmente el ejercicio de fuerza, que ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina.

“El ejercicio hace que las células produzcan más receptores para la insulina y puedan usar la glucosa como energía”, explicó.

A estos hábitos se suman otros pilares importantes como el descanso adecuado y la gestión del estrés. Finalmente, la médica remarcó la importancia de actuar a tiempo. “La prevención es fundamental. El cuerpo empieza a hablar mucho antes de que aparezca un valor alterado en el laboratorio”, concluyó.

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