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Más de 8 mil litros de agua y un grito unánime: "El acueducto Encón–Las Trancas debe construirse ya"
Este sábado 4 de octubre, la caravana "Unidos por el Agua" llegó a la localidad de Las Trancas con todas las donaciones de las sanjuaninas y sanjuaninos que se solidarizaron con la causa: el agua para el territorio y las familias originarias de 25 de Mayo no puede esperar más.
“El acueducto Encón–Las Trancas no puede esperar más”, fue la consigna que resonó con fuerza este sábado 4 de octubre en el puesto de la familia Calderón, en Las Trancas, departamento 25 de Mayo, San Juan - Argentina. Allí, más de 100 personas de la comunidad y más de 50 voluntarios provenientes de distintos puntos de San Juan se unieron en una jornada tan solidaria como urgente.
La iniciativa “Unidos por el Agua”, impulsada por DIARIO HUARPE y más de 20 organizaciones sociales, instituciones y empresas, fue más que una campaña de recolección y entrega de agua: fue un grito colectivo de visibilidad y justicia para las comunidades rurales e indígenas del sureste sanjuanino, que desde hace años sobreviven en condiciones inhumanas por la falta de acceso al agua.
La caravana solidaria recorrió casi 170 kilómetros desde la ciudad Capital para llegar a una zona que representa el rostro más crudo de la desertificación en la provincia. Una región donde la sequía no es una excepción, sino una rutina. Donde la ausencia de agua no solo mata lentamente al ecosistema, sino también a la dignidad de quienes lo habitan.
Una jornada para la memoria colectiva
Desde muy temprano, cerca de las 7 de la mañana, los voluntarios comenzaron a reunirse en el playón de la Escuela Industrial Sarmiento, cargando en sus vehículos el resultado de semanas de solidaridad: más de 8.000 litros de agua envasada, alimentos no perecederos, ropa y medicamentos.
A las 8 de la mañana, en punto, la caravana emprendió viaje hacia Las Trancas. Luego de una única parada técnica en El Encón, cerca de las 12 llegó al corazón del territorio indígena, donde más de un centenar de pobladores aguardaba con emoción y esperanza.
“El simple hecho de que hayan venido, que se acerquen a vernos, eso para nosotros es un regalo. Les puedo decir que es el mejor regalo del año”, expresó conmovida Nadia Aguirre, miembro de la comunidad huarpe Salvador Talquenca.
Allí no solo se entregaron las donaciones: cada organización desplegó su saber, su especialidad y su vocación para acompañar y contener a las familias de manera integral.
La Fundación Científica Odontológica Corazón de Jesús brindó charlas personales sobre higiene bucal a niños, revisó casos de fluorosis y repartió cepillos y pastas dentales.
"Vinimos a ofrecer herramientas prácticas, realistas y sostenibles para el cuidado bucal, entendiendo el contexto hídrico extremo en el que vive esta comunidad sanjuanina”, explicó Valentina Herrero, miembro del equipo de la Fundación.
Por su parte, la ONG Sala de Emergencia San Juan atendió a animales de granja y mascotas, explicó medidas de prevención ante enfermedades zoonóticas y distribuyó medicamentos antiparasitarios.
“No se trata solo de donar, sino de acompañar y sostener la lucha de estas familias que siguen apostando por su tierra, por su forma de vida y su cultura ancestral. Para ellos, y para todos los seres vivos, el agua es vida... por eso este reclamo no puede esperar más”, expresó Emilia Merino, representante de Sala de Emergencia.
Los estudiantes de la Escuela Industrial Sarmiento ofrecieron capacitaciones en potabilización de agua, elaboración de productos caseros y relevaron datos en el territorio para luego hacer un diagnóstico técnico.
“La clave es seguir haciendo lo que estamos haciendo, pero de forma más constante. Creo que vamos por buen camino, pero también creo que la continuidad de estas acciones son las que generan los verdaderos cambios", manifestó Evangelina Flores Martínez, estudiante de sexto año de Química de la Escuela Industrial Domingo Faustino Sarmiento
Al final de la tarde, el Payaso Lunarcito regaló sonrisas y juguetes, dejando una huella imborrable en los más pequeños y en toda la comunidad.
“Es la primera vez que estos niños ven un payaso en el territorio”, dijo Dalmiro Agüero, referente de la comunidad huarpe Pinkanta.
Para Agüero, la jornada fue "muy productiva" no solo por las donaciones recibidas, sino por lo que significó en términos de visibilización y articulación social.
Subsistir sin agua: una injusticia prolongada
La situación que vive el sureste sanjuanino no es nueva, pero sí cada vez más crítica. Desde hace décadas, las comunidades huarpes Pinkanta, Talquenca y Clara Rosa Guakinchay, junto con pequeños productores ganaderos y campesinos de la región, alzan su voz para exigir soluciones estructurales que aún no llegan. Entre ellas, la construcción de un acueducto que garantice el acceso al agua segura para las más de 80 familias que viven y trabajan en condiciones de extrema precariedad hídrica, y la recuperación del caudal del río San Juan, indispensable para la recarga del acuífero del Valle de Tulum y la restauración de las Lagunas de Guanacache, un humedal cuyano reconocido internacionalmente por su extraordinario valor ecológico, cultural e histórico.
Lo que alguna vez fue un ecosistema exuberante, con lagunas rebosantes de vida y campos fértiles, hoy se ha transformado en una postal de la degradación ambiental, marcada por la escasez de agua, el deterioro de los humedales y el progresivo abandono de un territorio cuya supervivencia depende, desde hace años, de decisiones que aún siguen pendientes (foto).
Josefina Calderón, joven habitante del lugar, lo explica con dolor:
“Nuestros abuelos y padres nos cuentan que antes el agua del río corría libremente. Hoy todo está seco. Es inhumano lo que están haciendo con nosotros, con los animales y con la vegetación”, afirmó. Luego sentenció: “Acá no vivimos, sobrevivimos”.
El reclamo de Josefina y de los habitantes de la comunidad veinticinqueña es también el de toda la red de organizaciones, profesionales, estudiantes y voluntarios que se sumó a esta campaña: exigir a los gobiernos municipal, provincial y nacional una respuesta inmediata y definitiva, porque el acceso al agua no puede seguir esperando.
“Unidos por el Agua”: la campaña que es lucha y esperanza
Nacida como una respuesta ciudadana ante la postergación sistemática de estas comunidades, la campaña “Unidos por el Agua” ya no es solo una colecta. Es un símbolo de articulación social, de resistencia ambiental y de defensa de los derechos humanos.
“El agua es un derecho de la tierra y un derecho universal de los seres humanos”, expresó Raúl Orduña, voluntario y mimbro de la Asamblea Agüita pura para San Juan.
La jornada del sábado no fue una excepción, sino una continuidad de un proceso de concientización colectiva. Un proceso que visibiliza lo que sucede cuando se administra mal un recurso vital: los más vulnerables quedan olvidados, y los ecosistemas colapsan.
Desde las comunidades originarias hasta las organizaciones más diversas atravesadas por esta problemática, el mensaje es claro: el agua no puede esperar más. No puede quedar sujeta a la burocracia ni al desinterés. El acueducto Encón–Las Trancas es una deuda histórica y su construcción debe ser prioritaria, al igual que la garantía de un caudal ecológico en el río San Juan.
La fuerza de una red solidaria
La magnitud de lo logrado fue posible gracias a una red diversa y comprometida con la justicia social y ambiental, que puso lo que había que poner y creyó que era posible. Participaron el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales; la Asociación de Docentes, Investigadores y Creadores de la Universidad Nacional de San Juan (ADICUS); el Centro Cultural Huarpe Koaxa UTU; la Comunidad Huarpe Salvador Talquenca; la Comunidad Huarpe Pinkanta; la Comunidad Huarpe Clara Rosa Guaquinchay; Sala de Emergencia San Juan; Cadena de Favores; la Escuela Industrial Domingo Faustino Sarmiento; la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ); la Asamblea Agüita Pura para San Juan; La Ramada Bar; UPA de Pato Rossomando; el Colegio Los Andes; la Fundación Corazón de Jesús; Radio La Lechuza; la Cooperativa de Cerámica Yarq’as; la Asamblea Agua Pura para Valle Fértil; y las empresas sanjuaninas Tankito, Santa Clara, Graziani y VFG.
Todas y todos pusieron a disposición sus recursos logísticos y productivos para trasladar el agua, los alimentos y las demás donaciones que miles de sanjuaninos acercaron a los 15 puntos de acopio. El resultado fue una enorme muestra de organización colectiva, compromiso y solidaridad.
El derecho a vivir dignamente
En Las Trancas, la vida persiste. Los niños ríen, las familias se abrazan y los animales sobreviven. Pero eso no alcanza. Subsistir no es vivir, y nadie debería acostumbrarse a la ausencia de lo esencial.
El derecho al agua no es negociable ni puede seguir esperando. Cada día sin acceso al agua potable es una herida abierta en el cuerpo de San Juan. Y esas heridas ya son demasiadas.
Unidos por el Agua fue, es y seguirá siendo un llamado a la conciencia colectiva. Porque donde hay agua, nace la vida; donde hay vida, florece el futuro. Y donde hay futuro, la dignidad deja de ser una promesa para convertirse en un derecho.