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El arte que Estiven Fernández talló mientras luchaba por su vida hoy desaparece
Marisa Aranda pide ayuda urgente para proteger las esculturas de su hijo fallecido en la Calle de los Enamorados, hoy víctimas del vandalismo y el olvido oficial.
En Calingasta, un departamento cuya identidad está profundamente ligada al turismo y a la belleza de sus paisajes, la Calle de los Enamorados en Barreal guarda un tesoro artístico que hoy se encuentra en una situación crítica. Se trata del legado de Estiven Fernández, un joven artista local que, a pesar de atravesar una enfermedad terminal, dedicó sus últimos años a transformar troncos añosos en obras de arte que hoy se desvanecen ante la indiferencia y el maltrato.
Su madre, Marisa Aranda, ha decidido romper el silencio para realizar un desesperado pedido de auxilio a las autoridades y a toda la comunidad. Su objetivo es claro: evitar que la memoria y el esfuerzo de su hijo queden reducidos a cenizas o al olvido absoluto.
Un arte forjado entre el dolor y la esperanza
Estiven Fernández no era solo un escultor; era un luchador. Según relata Marisa, su hijo enfrentó una enfermedad muy grave con una entereza admirable, eligiendo el arte como su forma de aferrarse a la vida. "Él tenía muchas ganas de vivir, no bajaba nunca los brazos a pesar de su enfermedad, luchaba día a día", recuerda su madre con una mezcla de orgullo y tristeza.
El legado que dejó en Barreal, especialmente en la tradicional Calle de los Enamorados, fue fruto de un esfuerzo físico sobrehumano. Marisa rememora cómo Estiven pasaba jornadas enteras, sin importar el frío o el calor extremo, tallando los troncos de los árboles antiguos. "Yo le decía: 'Estiven, papito, estás enfermo, no podés'. Con miedo de que le fuera a pasar algo... él sacaba el día ahí", explica sobre la dedicación total que su hijo entregó a su comunidad.
El avance del vandalismo y la falta de resguardo
A pesar del valor cultural y turístico de estas obras, la realidad actual es desoladora. Lo que alguna vez fue una "innumerable cantidad de dibujos" y esculturas que hermoseaban la zona, hoy se ha reducido drásticamente. Marisa camina habitualmente por esa calle y observa con dolor cómo el patrimonio se pierde: "Hoy creo que quedan dos o tres... se los están llevando, los están rompiendo".
El vandalismo se ha ensañado con las piezas restantes, que aparecen rayadas, tiradas o directamente destruidas. Para la madre del artista, ver este nivel de abandono es una herida abierta. No se trata solo de madera tallada; es el tiempo, el amor y la lucha de un joven que sabía que su tiempo era limitado y decidió dejar algo bello para su pueblo. El turismo que visita Barreal pregunta con frecuencia por el autor de esas piezas, pero no encuentra respuestas oficiales ni medidas de protección.
La invisibilidad oficial: obras sin nombre
El reclamo de Marisa Aranda también apunta a la falta de reconocimiento institucional. No solo las esculturas de la Calle de los Enamorados están desprotegidas; incluso obras situadas en lugares clave, como el tótem ubicado en el municipio, carecen de una placa que identifique a Estiven Fernández como su autor.
"Duele mucho que eso no se valore, que ni siquiera en el Centro Cultural haya una foto de él haciendo sus dibujos", lamenta Marisa. La madre asegura haber solicitado ayuda a diversas autoridades en el pasado, pero hasta el momento no ha obtenido ninguna respuesta concreta ni acciones de preservación.
Un llamado urgente a la restauración y puesta en valor
El pedido de auxilio de Marisa Aranda es una carrera contra el tiempo. Ella solicita que alguien —ya sean autoridades municipales, provinciales o instituciones culturales— intervenga para restaurar, reparar y resguardar las piezas que aún quedan. Su propuesta incluye la posibilidad de trasladar las obras a un lugar donde puedan ser cuidadas adecuadamente si es que no pueden ser protegidas en su ubicación original.
"No quiero que mi hijo quede en el olvido", afirma con firmeza. Para ella, el legado de Estiven es una enseñanza de superación y de cómo enfrentar la vida ante la adversidad. Hoy, esa lección de vida corre el riesgo de desaparecer bajo el grafiti y el hacha de quienes no valoran el patrimonio local. La comunidad de Calingasta y sus representantes tienen ahora la palabra para rescatar este tesoro que, tallado de corazón, se resiste a morir definitivamente.