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Comunidad > Impacto ambiental

Peces muertos en Cuesta del Viento: señales que todavía no se logran explicar

A casi dos meses de la mortandad masiva de peces en el Dique Cuesta del Viento DIARIO HUARPE consultó a dos especialistas sanjuaninos para aportar claridad científica a las preguntas que continúan abiertas.

Hace 2 horas

El 3 de noviembre, la cordillera sanjuanina amaneció con una imagen que conmovió a la provincia: miles de peces aparecieron muertos en las orillas del Dique Cuesta del Viento, en el departamento Iglesia. Desde ese día, lo que comenzó como un hecho aislado se transformó en un conflicto que combina debate técnico, preocupación social, reclamos ciudadanos, informes contradictorios y una sensación creciente de incertidumbre que no cede.

DIARIO HUARPE fue el primer medio en dar a conocer el hecho y desde entonces siguió de cerca cada novedad. Sin embargo, a casi dos meses del episodio, muchas preguntas básicas continúan sin respuesta. ¿Qué causó la mortandad masiva? ¿Por qué los análisis presentados por distintos actores muestran resultados tan dispares? ¿Cómo apareció cloro total en un río cordillerano? ¿Estamos frente a un proceso natural, a un evento excepcional o a un hecho de otra índole?

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Estas preguntas no son meros interrogantes científicos: son cuestiones centrales en torno al agua, el recurso vital que sostiene la vida, el ambiente y el desarrollo de las comunidades cordilleranas. Para despejar parte de ese panorama confuso y aportar una mirada rigurosa y equilibrada, DIARIO HUARPE dialogó con dos especialistas sanjuaninos con experiencia reconocida en agua, geología y biología: Daniel Flores, biólogo y doctor en Geología de la Universidad Nacional de San Juan; y Romina Battistella, bióloga y directora del laboratorio del Instituto Nacional del Agua (INA–CRAS).

Un fenómeno que encendió todas las alarmas

La imagen de los peces muertos no solo causó impacto por la cantidad, sino también por el simbolismo. Es que, en ecología acuática, hay indicadores que se consideran “sensores tempranos” de los cambios ambientales, y los peces ocupan el primer lugar en esa lista. Cuando ellos mueren, algo serio ocurre.

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Flores lo explica con claridad: “Los peces reaccionan de manera inmediata a cualquier alteración en el agua porque están en contacto permanente con ella. Todo lo que pasa por sus branquias ingresa directamente a su torrente sanguíneo. Si lo que entra es anómalo, la muerte puede ser instantánea”, aseguró.

Esa sensibilidad extrema, explicó Flores, convierte a los peces en bioindicadores. Un solo ejemplar muerto puede sugerir un evento puntual. Pero miles de peces muertos en simultáneo, constituye una alarma ambiental explícita: algo significativo sucedió en el ecosistema.

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“Esto no es casual, es causal”, enfatiza Flores. “Algo produjo la muerte en masa y hay que identificar qué fue. La investigación no puede quedar en explicaciones parciales”.

Cómo y por qué mueren los peces: claves para entender el caso

La mortandad de peces puede deberse a múltiples factores: cambios bruscos de temperatura, disminución del oxígeno, presencia de sustancias tóxicas, proliferación de algas, vertidos accidentales o crónicos, cambios en el pH, desequilibrios en los nutrientes del agua, entre otros.

En Cuesta del Viento, las hipótesis se redujeron rápidamente a dos líneas principales:

1. La hipoxia (falta de oxígeno)

Es la teoría inicial de la Secretaría de Ambiente. Según el comunicado enviado el 6 de noviembre por el organismo a los medios de comunicación, los peces murieron por hipoxia.

Sin embargo, a los días, esa hipótesis fue cuestionada por los análisis encargados por la Asamblea Jáchal No Se Toca a la Universidad Nacional de Cuyo, que detectaron niveles óptimos de oxígeno.

Más allá del contrapunto, para Flores, la explicación de la hipoxia quedó incompleta: “Si la causa fue falta de oxígeno, los libros indican que lo siguiente es investigar qué consumió ese oxígeno. No se puede cerrar la investigación ahí. La hipoxia no es una causa final, es un síntoma. Algo la provoca”.

2. La contaminación por sustancias anómalas

Esta línea cobró fuerza cuando se conoció un dato que aportó el análisis realizado por la UNCuyo: la presencia de cloro total en dos puntos del cauce, en el Río La Palca y en el Puente de Buena Esperanza.

Cloro total: una anomalía que exige respuestas

El cloro total es una medición que, por lo general, se utiliza exclusivamente en agua potabilizada para evaluar la acción desinfectante del cloro agregado. No es una sustancia que deba encontrarse en ríos, lagos naturales o cuerpos de agua de alta montaña.

En este punto Battistella es categórica: “No es normal. El cloro total no es natural en una cuenca cordillerana. Para que haya cloro total, alguien tuvo que agregarlo”.

La especialista aclara una confusión frecuente: cloro total no es lo mismo que cloruro. El cloruro es natural, forma parte de las sales presentes en casi todos los cuerpos de agua del mundo, en mayor o menor medida. El cloro total, en cambio, corresponde a un proceso artificial.

“Si aparece cloro total en un río, significa intervención humana”, subraya Battistella. “La pregunta que sigue es: ¿quién lo introdujo y con qué fin?”.

Ese hallazgo de la UNCuyo elevó la tensión del debate. La presencia de cloro total obliga a considerar un escenario de contaminación, accidental o no, que debe investigarse de manera exhaustiva.

El rol de la justicia y el valor de los análisis

Dada la confusión generada por informes contradictorios, los especialistas valoran que la investigación esté en manos de la justicia, bajo la órbita de la UFI Norte.

El proceso judicial permitirá evaluar todas las pruebas aportadas y todos los resultados de los análisis presentados de las muestras tomadas en distintos momentos, su metodología, su validez y su contexto. Además, si alguna de las partes no queda conforme con el dictamen final del fiscal a cargo (Sohar Aballay), podrá apelar y pasar a otra instancia.

En temas ambientales, donde los intereses y las sensibilidades sociales son múltiples, las instancias judiciales funcionan como mecanismos de garantía.

El valor y las limitaciones del muestreo del 25 de noviembre

Cabe recordar que, tras la presión social, la Municipalidad de Jáchal encargó un muestreo simultáneo a tres laboratorios: UNCuyo, SGS y Cipcami. Las muestras se tomaron el mismo día, en los mismos puntos y con el mismo protocolo, lo cual les da un valor técnico especial.

Sin embargo, los especialistas consultados advierten un factor clave: el tiempo transcurrido. Las muestras se tomaron 22 días después de la aparición de los peces muertos.

“En un río, el agua corre y se renueva”, explican. “Si hubo una sustancia anómala que causó la mortandad, es posible que en ese periodo se haya diluido o dispersado. Por eso, los análisis más cercanos al hecho, presentados en la justicia —los del Cipcami (6/11/2025) y los de la UNCuyo (7/11/2025) —, son los que tendrían que tener mayor peso en la investigación”.

La necesidad de un órgano independiente de control

Más allá del caso puntual del Cuesta del Viento, el episodio puso sobre la mesa un problema estructural: la falta de un organismo independiente que controle la calidad del agua en San Juan, tanto la que corre por los ríos como la que consume la población.

Los especialistas consultados coinciden en este punto. En San Juan, los controles dependen de organismos del Estado que están, de una u otra manera, vinculadas a intereses políticos o económicos de cualquier gobierno de turno.

En un contexto social donde la confianza en las instituciones es limitada, esto genera sospechas, tensiones y cuestionamientos.

“Lo ideal sería conformar una comisión independiente, integrada por especialistas de trayectoria intachable y sin vínculos con el poder político o empresarial”, proponen. “Esa comisión debería monitorear en forma permanente el estado del agua, publicar informes periódicos y actuar como un organismo de control técnico real”.

La experiencia internacional indica que los sistemas de control independientes son herramientas fundamentales para prevenir conflictos, mejorar la transparencia y fortalecer la credibilidad pública en temas ambientales.

Un caso que deja más preguntas que respuestas

A casi dos meses del episodio, lo que queda claro es que:

  • hubo un evento anómalo y masivo;
  • los peces actuaron como bioindicadores de un cambio abrupto;
  • existen análisis que detectaron cloro total en el agua;
  • las hipótesis oficiales y las independientes son contradictorias;
  • y la investigación judicial es clave para aproximarse a la verdad.

 

Mientras tanto, la población de Iglesia, Jáchal y toda la provincia observa con preocupación un escenario donde la falta de información clara alimenta la desconfianza y el temor.

Un llamado urgente a la claridad

Para los dos especialistas, la única vía para salir del laberíntico debate técnico y social generado tras la mortandad es la transparencia absoluta y la rigurosidad científica. Investigar todas las líneas, revisar los antecedentes, comparar las muestras, considerar la línea de base histórica de la cuenca y no descartar ninguna hipótesis sin evidencia sólida.

Porque, como señala Flores, “cuando aparecen cientos o miles de peces muertos, el ambiente está dando una señal que no debe ser ignorada”.

Y esa señal, en el caso de Cuesta del Viento, todavía espera una explicación convincente.

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