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Pareja sanjuanina impulsa un proyecto de acompañamiento a familias de pacientes oncológicos

Jeremías y Guadalupe transformaron el dolor en acción tras la última quimioterapia de su hijo Juan el 13 de febrero. 

POR REDACCIÓN

Hace 3 horas
Luego de meses difíciles, la familia decidió crear un espacio de apoyo a pacientes oncológicos. 

El viernes 13 de febrero de 2026 quedará marcado para siempre en la memoria de la familia Moreno. Ese día, el pequeño Juan Pablo recibió su última quimioterapia intravenosa y fue dado de alta tras atravesar un tratamiento por leucemia que cambió la vida de todos. Esto provocó que sus padres, Jeremías y Guadalupe, se decidieran a emprender un camino de acompañamiento para personas que atraviesan por la misma situación y crearon: "Por vos, por todos".

Jeremías Moreno, en una extensa entrevista con DIARIO HUARPE, comentó que detrás de esa imagen de celebración hubo meses de incertidumbre, miedo y aprendizajes forzados. Pero también nació un proyecto solidario que busca empatizar con las personas ontológicas. 

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La familia Moreno - Cortez completa.

“Por Vos, Por Todos”: el proyecto que empieza

Aún en pleno tratamiento de Juan, Jeremías, de profesión policía, y Guadalupe, maestra, comenzaron a darle forma a una idea. Crearon un perfil en redes sociales bajo el nombre “Por Vos, Por Todos”, donde comparten información y experiencias.

“Mientras más precoz es el diagnóstico, más posibilidades hay. Queremos que los padres conozcan los síntomas y no se queden con un solo diagnóstico”, explicó Jeremías.

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Ahora, Jeremías y Guadalupe buscan acompañar a las familias que padecen la situación que vivieron.

La iniciativa apunta a constituirse formalmente como fundación. El objetivo es brindar acompañamiento emocional, asesoramiento sobre trámites, contención entre padres y ayuda en traslados.

“Hay familias de zonas alejadas que no pueden pagar un Uber ni viajar todos los días en colectivo. Si un chico oncológico no puede ir a la escuela, tampoco debería exponerse al colectivo lleno”, reflexionó.

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Quienes deseen acompañar o ayudar al proyecto se pueden comunicar al 2645234004 o por la página de Instagram.

 

Incluso contó que, en ocasiones, entre padres se prestan medicación cuando hay demoras en la entrega oficial. “La gente solo ayuda a la gente. Eso lo aprendimos”, afirmó.

El diagnóstico que lo cambió todo

La noticia llegó en julio del año pasado y fue, según relata Jeremías, “la peor de nuestras vidas” y la que dio comienzo a la formación del proyecto. Hasta entonces, la familia llevaba una rutina normal. Juan Pablo era un niño activo y saludable; Martina, su hermana menor, apenas comenzaba a dar sus primeros pasos.

“Al principio uno se pregunta qué hizo mal. Si fallamos en algo. Nosotros somos muy cuidadosos con la alimentación, con las vacunas, con los controles médicos. Y sin embargo pasó”, contó.

Con el tiempo entendieron que no había culpables. Que la enfermedad puede aparecer incluso cuando todo se hace bien. Pero atravesar ese proceso requirió ayuda profesional.

“El acompañamiento psicológico fue clave. Es muy chocante que tu primer hijo, tan chiquito, tenga un diagnóstico tan fuerte. Hay que aprender a canalizar la tristeza”, explicó.

Carencias que duelen

Durante las internaciones y tratamientos, la familia detectó situaciones que consideran necesarias visibilizar. No desde la crítica destructiva, aclara Jeremías, sino desde la experiencia.

“Hay una sola psicóloga en el área oncológica y atiende a todos los chicos. Ni siquiera tiene oficina. Anda con carpetas de un lado a otro. Ella no tiene la culpa. Pero hace falta estructura”, relató.

También mencionó cuestiones básicas que impactan en pacientes inmunodeprimidos, como la falta de espacios exclusivos para internación oncológica o situaciones relacionadas al acceso y condiciones durante la estadía hospitalaria.

“No es culpa de las enfermeras ni de los médicos. Son excelentes profesionales. Pero faltan condiciones físicas acordes a la situación”, sostuvo.

La familia también atravesó dificultades con trámites de obra social. “La quimio estaba cubierta, pero nadie nos explicó que la medicación diaria también debía estarlo. Tuvimos que enterarnos solos”, recordó.

Martina, otro pilar del proceso de la familia Moreno

El proceso no afectó solo a Juan Pablo. Martina, la hija menor, vivió meses separados de sus padres mientras ellos permanecían en el hospital. “Ella pagó los platos solos. La volví a ver después de dos meses y ya caminaba. Son cosas que duelen”, confesó Jeremías.

Por eso el proyecto no apunta únicamente al paciente, sino a la familia completa. “El hermano sufre, los padres sufren. Y más aún cuando los chicos son adolescentes y tienen acceso a internet, leen diagnósticos, estadísticas. La parte psicológica es fundamental”, señaló.

Una vida distinta

La familia Moreno vivió momentos de tensión durante meses por la situación del pequeño Juan.

Jeremías y Guadalupe debieron solicitar licencias para acompañar a su hijo. Cambiaron hábitos, alimentación y rutinas. Aprendieron a cocinar sin sal ni azúcar en exceso, a esterilizar alimentos, a extremar cuidados como en una pandemia permanente.

“Nos cambió la vida. Dejamos de visitar gente, nos aislamos, todo por su salud. Aprendí hasta a hacer yogur casero”, contó entre sonrisas.

Hoy, con el tratamiento finalizado y el alta médica, la emoción es otra. No olvidan lo vivido, pero lo transforman en motor.  “Nosotros apuntamos a poder estar, a acompañar en ese dolor”, dijo.

El proyecto recién comienza, pero ya tiene una convicción firme: que ninguna familia atraviese sola un proceso tan difícil. Nuestro hijo nos enseñó que hay que ayudar", cerró Jeremías. 

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