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Crisis en Irán: protestas por inflación y represión dejan 38 muertos
La asfixia económica y la caída de la moneda desatan manifestaciones en más de 100 ciudades bajo una dura represión.
POR REDACCIÓN
Irán atraviesa una oleada de protestas sin precedentes en más de 100 ciudades tras once días de agitación social motivada por una economía en ruinas. La moneda en caída libre y una inflación descontrolada han llevado a millones de ciudadanos a las calles, resultando en al menos 38 muertos y más de 2.000 detenciones durante la represión estatal.
El descontento se disparó cuando el banco central eliminó un programa de acceso a dólares preferenciales, provocando que productos como el pollo y el aceite de cocina desaparecieran o aumentaran de precio drásticamente de la noche a la mañana.
El movimiento, que carece de una coordinación centralizada, se ha vuelto violento en provincias occidentales como Ilam y Lorestán, donde se escuchan consignas de “Muerte a Jamenei”.
Las fuerzas de seguridad han sido acusadas de irrumpir en hospitales para arrestar a heridos, mientras que medios estatales informan que 950 policías y 60 miembros del grupo paramilitar Basij fueron atacados con granadas y armas de fuego por "alborotadores".
Un residente de Teherán describió el clima de incertidumbre: “Esto se siente diferente porque se trata del poder adquisitivo de la gente y la gente realmente no puede permitirse nada. Los precios siguen subiendo casi hora tras hora, pero nadie sabe cómo terminará esto… Todos están preocupados”.
Históricamente, los comerciantes del Gran Bazar han sido pilares del régimen y actores clave desde la Revolución Islámica de 1979, pero hoy lideran los cierres de negocios.
Al respecto, Arang Keshavarzian, experto en estudios islámicos, señaló: “Durante más de 100 años de historia iraní, los comerciantes del bazar han sido actores clave en todos los principales movimientos políticos de Irán. Muchos observadores creen que los comerciantes del bazar son de los más leales a la República Islámica”.
Aunque el presidente Masoud Pezeshkian intentó calmar las aguas con subsidios de siete dólares mensuales y promesas de investigar abusos, advirtió en televisión: “No debemos esperar que el Gobierno se encargue de todo esto solo”.
La crisis se agrava por la corrupción, la mala gestión y las amenazas externas tras ataques previos de Israel y Estados Unidos, sumado a la retórica reciente de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Mientras el Gobierno califica a los sectores que exigen un cambio de régimen como "mercenarios" extranjeros, el príncipe exiliado Reza Pahlavi ha manifestado su apoyo a las protestas, que hoy ponen a la República Islámica en una situación crítica.