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Sociedad > Un ejemplo

El Policía que recorre varios kilómetros para educar

Se trata de Pablo Castro y tiene 42 años. Además de trabajar en la Central de Policía es docente en un CENS de Angaco y de 9 de Julio. Las dolorosas vivencias como uniformado y por qué se dedicó a enseñar.

POR Germán González SEGUIR
26 de junio de 2019

26 de junio de 2019

El suboficial sargento primero Pablo Castro trabaja en la Central de Policía. Sin embargo, otra pasión invadió su corazón hace unos años. El amor por la educación que lo llevó a dos escuelas de departamentos alejados.

Los ejes de vida de Pablo se centran en la policía, en la educación y en su familia. "Son mi cable a tierra", dijo a DIARIO HUARPE. Hace 20 años que es integrante de la fuerza provincial y cerca de 5 que es profesor en dos Centros Educativos de Nivel Secundario (CENS): la escuela Juan de Garay (Angaco) y la escuela Jorge Yacante (9 de Julio).

Pablo se las ingenia de planificar las clases entre expediente y  procedimiento policial. "Estar frente a un aula es una posibilidad que la vida te da para enseñar valores”, señaló Pablo que recorre el miércoles 20 kilómetros de ida y 20 de vuelta para enseñar tres horas en Angaco. Además, el jueves y el viernes recorre 11 kilómetros de ida y 11 de regreso para educar de 19 a 23 en 9 de Julio. “Cuando uno le pone pasión y corazón no siente tanto la distancia”, señaló el hombre.

La mayoría de las veces a Pablo se le complica el tema del horario. Pues el trabajo como policía es muy demandante. Por eso tiene que hablar con los directivos de los establecimientos educativos para faltar o poder llegar un poco más tarde. “El trabajo de la Policía no tiene horario. Por suerte, las dos directoras entienden mi realidad”, señaló el suboficial.

A Pablo le gusta ver la  alegría de sus alumnos cuando cumplen una meta personal, el hecho de terminar de estudiar. “Doy las materias de Medio Ambiente e Higiene y Seguridad Laboral, organizo planes de contingencia y simulacros, supervisado por las autoridades especialistas en el tema”, concluyó el efectivo policial.

Pablo Castro es policía desde 1999. Con 23 años entró primero a la Comisaría 3ra, luego pasó a la Comisaría 26ta de Chimbas, a la Escuela de Policía, a la Unidad Operativa Villa Mariano Moreno y en la Central de Policía.

Como uniformado vivió dos momentos dolorosos y que lo marcaron para toda la vida. Una noche de invierno, en junio del 2007, Pablo fue alertado por el llanto de un bebé dentro de una camioneta Rastrojero vieja mientras patrullaba con un compañero por el vecindario. Lo habían abandonado. Esto ocurrió en calle Salta. Otro momento difícil para el suboficial fue cuando saliendo de su trabajo se enteró que un compañero, que venía a tomar la guardia, murió en un accidente de tránsito. Sucedió un año después, según recordó triste el sargento primero.

Las dos pasiones de Pablo se vinculan de una manera armoniosa, pero falta una tercera pata fundamental. Es la que banca sus ausencias y sus tardanzas, aunque no haya un llamado de atención formal y por escrito como puede haber en la central o en las escuelas. Se trata de su familia que lo apoya en todas sus decisiones y acciones.

Pablo es papá de dos nenas, de 5 años y de 3 meses. Está casado. La pequeña familia reside en un barrio de Rivadavia.

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