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De la boda secreta a los reproches: el fin de Sabrina Rojas y Luciano Castro
Una historia que nació en secreto y terminó entre crisis, fotos filtradas y duras declaraciones de la modelo.
POR REDACCIÓN
Lo que inició como un romance de verano durante la temporada de la obra “Valientes” en Mar del Plata, se transformó en una de las historias más intensas y mediáticas de la farándula argentina.
En 2008, antes de conocerse, Sabrina Rojas afirmaba: “De un hombre me enamora un todo. Lo tengo que mirar y algo me tiene que llamar la atención. Me gusta que sean tranquilos, sanos. Nada de famosos, salí con uno cuatro años y medio y no fue lo mejor. De hecho en un programa de Marcelo Tinelli yo había desfilado y estaba Robbie Williams. Cuando salió a cantar me abrazó y me dio un beso. Después me invitaron al hotel pero terminé comiendo milanesas en mi casa con mi novio”.
Por su parte, Luciano Castro decía: “No tengo esa capacidad para vender o simular una realidad distinta. Así como me ves soy siempre el mismo. Con hombres o con mujeres, con mi hijo, con todos. No sé seducir y si lo intento quedo en ridículo”.
Pese a esas declaraciones, el flechazo ocurrió en 2010 mientras Rojas lidiaba con el recuerdo de sus ex, mencionando sobre Hernán Caire que no podía ir a su programa “porque, de lo contrario, mi ex no podía levantarse a las bailarinas” y admitiendo sobre Mariano Martínez: “Picoteé ahí… éramos re jóvenes y ni me acuerdo”.
El inicio con Castro fue complejo: “El gordo, mi marido, fue mi amante porque yo estaba en pareja”, confesó ella tiempo después. Sin embargo, la relación avanzó y Rojas sostenía: “Todo fue rápido y consistente. Muchos pensaron que mi amor por Luciano duraría un verano y finalmente armamos la familia de nuestros sueños".
Tras el nacimiento de sus hijos, se casaron en secreto en 2016. Rojas declaró: “Sí, me casé con el amor de mi vida". Sobre la celeridad del evento, detalló: “Yo me casé con la alianza. Me enteré un martes que me casaba un viernes, nos casamos solos y volvimos a casa”, y agregó con picardía: “Fue en un registro civil de acá, en la Argentina. Pero fue de sorpresa. Me dijo ‘el viernes nos casamos’… Alguna cagada se habría mandado seguro”.
Con los años, las crisis se profundizaron. “Yo luché mucho por esta familia”, confesó Sabrina, añadiendo: “Me quedé, perdoné, intenté recomponer”. Ante rumores de infidelidad, deslizaba: “No todo lo que se dice es mentira, pero tampoco todo es verdad”. Castro, en tanto, reconocía: “No soy un tipo fácil, tengo mis sombras”.
Tras una breve ruptura en 2018, ella explicó: “Somos una pareja totalmente común, no somos Marcelo Tinelli ni tenemos estrategias de prensa, hacemos lo que podemos. Hay un desgaste de la vida, no hay una fecha. La rutina trae un desgaste tremendo, pero no pasó nada. Hubo hastío”.
El punto de mayor tensión fue la filtración de fotos íntimas del actor. Él asumió la responsabilidad: “El pelotudo soy yo, el que se equivoca y hace las cosas mal soy yo. Pero después, yo he visto mucha gente que se cagaba de risa de mí, se reía de mi miembro y de mi foto. No responsabilizaría a nadie de lo que hice yo”. Ella lo respaldó diciendo: “Estuvimos separados casi tres meses. En esos tres meses cada uno hizo lo que quiso. Yo estuve con gente más discreta”.
Finalmente, en 2021 anunciaron su separación bajo el lema: “Nos separamos desde el amor y el respeto”. No obstante, el tiempo trajo reproches. “Yo no me sentí cuidada”, sentenció Rojas.
Al concretar el divorcio, expresó: “Ahora sí puedo decir que terminó”. Actualmente, la modelo no guarda silencio: “Expresar sana, no hace bien aguantar. No quiero reprimir más nada. Si siento que necesito hacer una catarsis sobre algo que me pasa, lo haré porque no quiero pensar más en la opinión del otro” y “Si en algún momento, me pinta que quiero guardar algo, es porque yo lo elijo, no por cuidar”.
Sus declaraciones actuales son demoledoras: “Luciano debería quedarse solo y sanar, para no lastimar más mujeres”; "Si nos ponemos a pensar, los años donde mejor se lo vio fueron los que estuvo conmigo. Estaba prolijo, divino, mejor en las notas, iba bien a los eventos".
También reflexionó sobre su cambio personal: "Cuando uno se separa pensás que lo que pasó era la fusión de dos personas que no podían con ellas mismas, y que separarse podía hacer que ambos sean mejores personas. Ahora, ver que después de tantos años la historia es igual, me hace ver que no era yo”.
Concluyó afirmando: "Yo vivo en armonía desde que me separé, yo estas locuras no las tengo más. Yo a él lo veo con el mismo decorado y la misma historia" y "A veces uno intenta soltar porque te interesa la otra persona que se aferra a voz en distintas situaciones. Nosotros nos resolvemos cosas que a él se lo podría estar resolviendo una novia o un amigo, y sin embargo, acude a mi", cerrando con una frase final: “Amar no siempre es quedarse”.