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Capturan la imagen más detallada de una llamarada solar

El telescopio Daniel K. Inouye, en Hawái, logró fotografiar por primera vez bucles individuales de plasma durante una llamarada solar clase X1.3, validando modelos científicos sobre la actividad solar y abriendo nuevas vías para su estudio.

POR REDACCIÓN

Hace 3 horas
El telescopio  captó la imagen más detallada de una llamarada solar revelando bucles de plasma de apenas 48 kilómetros. Foto: Gentileza NASA

El 8 de agosto de 2024 marcó un antes y un después en la astronomía solar cuando el telescopio Daniel K. Inouye, ubicado en Hawái y reconocido como el más grande dedicado al estudio del Sol, capturó la imagen más precisa jamás obtenida de una llamarada solar. Este logro no solo representa un avance tecnológico, sino que también implica un salto conceptual en la comprensión de los procesos que rigen la actividad de nuestra estrella.

Por primera vez, los científicos lograron observar con una nitidez sin precedentes los bucles de plasma que surgen de la superficie solar. Estas estructuras diminutas, que hasta ese momento solo existían como hipótesis, fueron fotografiadas mostrando hebras oscuras de aproximadamente 48 kilómetros de ancho. Estos bucles coronales, alineados con los complejos campos magnéticos del Sol, son fundamentales en el desencadenamiento de las erupciones solares más intensas.

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La llamarada registrada fue de clase X1.3, una de las más potentes dentro de la escala que mide la energía liberada en estos fenómenos. El Sol se encontraba en las etapas finales de esta erupción cuando el observatorio captó la imagen, aprovechando condiciones óptimas de observación. Cole Tamburri, físico solar de la Universidad de Colorado en Boulder y principal autor del estudio, destacó: “Esta es la primera vez que el Telescopio Solar Inouye observa una llamarada de clase X”. Además, agregó: “Estas llamaradas se encuentran entre los eventos más energéticos que produce nuestra estrella, y tuvimos la suerte de captar esta en perfectas condiciones de observación”.

Las llamaradas solares son explosiones gigantescas de energía que se producen cuando las líneas del campo magnético solar se entrelazan y colapsan, un proceso conocido como reconexión magnética. Durante este fenómeno, enormes bucles de plasma ascienden hacia la corona, la capa externa más caliente del Sol. La liberación de esta tensión magnética provoca la expulsión de radiación, partículas y plasma hacia el espacio. Si parte de ese material se dirige hacia la Tierra, puede afectar las comunicaciones de radio, satélites y, en casos extremos, la red eléctrica global.

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Hasta ahora, la resolución de los telescopios no permitía confirmar la existencia de estos bucles más pequeños, limitando la validación de los modelos teóricos. El telescopio Inouye superó esta barrera con su instrumento Visible Broadband Imager, capturando detalles de estructuras de apenas 21 kilómetros de ancho, cerca del límite máximo de su resolución. Este hallazgo coincidió con las predicciones que estimaban bucles entre 10 y 100 kilómetros. Para Tamburri y su equipo, esta confirmación fue revolucionaria. Según sus palabras: “Por fin estamos explorando las escalas espaciales sobre las que hemos especulado durante años”. También señaló que “esto abre la puerta al estudio no solo de su tamaño, sino también de sus formas, su evolución e incluso las escalas donde se produce la reconexión magnética, el motor de las erupciones”.

Los bucles coronales observados durante la llamarada se asemejan a arcos incandescentes que siguen las líneas invisibles del campo magnético solar. Anteriormente, solo se distinguían grandes arcadas uniformes sin poder identificar sus partes elementales. La nueva imagen demostró que esas estructuras mayores están compuestas por bucles individuales mucho más pequeños, invisibles hasta ahora. Tamburri comparó esta diferencia con la transición de ver un bosque a poder distinguir cada árbol por separado: «De ser así, no solo estamos resolviendo conjuntos de bucles, sino bucles individuales por primera vez. Es como pasar de ver un bosque a ver de repente todos los árboles». Esta metáfora ilustra el cambio radical que supone esta nueva capacidad de observación.

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Esta mejora en la resolución no solo permite una imagen más nítida, sino que abre un acceso directo a la escala fundamental donde se originan las erupciones solares. Ver los bucles más pequeños equivale a observar las piezas básicas que conforman fenómenos de mayor escala. De manera similar a cómo el microscopio revolucionó la biología al descubrir la célula, esta nueva perspectiva en física solar puede redefinir los modelos actuales y ampliar la investigación en este campo.

Las imágenes también mostraron “hebras” oscuras de plasma caliente siguiendo el contorno del campo magnético del Sol. Su tamaño coincidió con las estimaciones teóricas, validando que estas estructuras no son meros cálculos abstractos, sino realidades observables. Para obtener estos datos, el observatorio utilizó luz en la longitud de onda H-alfa, ubicada en el rojo profundo del espectro, una frecuencia comúnmente empleada para estudiar la cromosfera solar y ciertas nebulosas. Gracias a esta técnica, los científicos pudieron registrar con precisión la dinámica del plasma durante la liberación de energía de la llamarada.

Tamburri resumió la trascendencia del hallazgo afirmando: “Es un momento histórico en la ciencia solar. Por fin vemos el Sol en las escalas en las que funciona”. Esta frase refleja la sensación de estar cruzando un umbral en el conocimiento, adentrándose en un terreno antes solo imaginable. La capacidad de distinguir bucles individuales no solo valida teorías, sino que plantea nuevas preguntas sobre su evolución temporal, su rol en el desencadenamiento completo de una llamarada y su posible clave para anticipar cuándo una erupción puede impactar la Tierra.

Este descubrimiento se dio en un contexto de alta actividad solar, en el ciclo número 25 del Sol, un proceso natural de aproximadamente 11 años que alterna fases de baja y alta intensidad. Los especialistas prevén que el pico de este ciclo se alcance entre 2024 y 2025, lo que explica el aumento reciente de llamaradas de clase X. Estas erupciones pueden generar tormentas solares capaces de afectar la infraestructura tecnológica vital para la vida moderna.

Capturar una llamarada en pleno desarrollo no fue casualidad. El incremento de la actividad solar aumenta la frecuencia de estos eventos, facilitando su observación detallada. Sin embargo, el logro del Inouye se distingue por su precisión, ya que la imagen corresponde a una llamarada clase X1.3, una de las más potentes. Además, el telescopio enfocó las etapas finales de la erupción, cuando los bucles de plasma se despliegan con mayor claridad, lo que permitió obtener una imagen única y valiosa para la comunidad científica.

Hasta este estudio, el tamaño exacto de los bucles coronales era un misterio sin evidencia observacional sólida. Ahora, con esta fotografía concreta, los investigadores disponen de una base para desarrollar modelos más robustos y mejorar la comprensión de la dinámica de estas estructuras. Esto podría facilitar la predicción del comportamiento de las llamaradas y, por ende, anticipar su posible impacto en la Tierra, una necesidad creciente en un mundo cada vez más dependiente de la tecnología.

La Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos difundió la fotografía como un logro colectivo de la comunidad científica y tecnológica. El Observatorio Solar Nacional, responsable del telescopio Inouye, resaltó que esta fue la primera vez que se obtuvieron imágenes tan precisas de una llamarada de clase X. Este avance representa no solo un triunfo tecnológico, sino también el resultado de décadas de colaboración institucional y desarrollo de un telescopio capaz de resistir las extremas condiciones solares para revelar detalles inéditos.

Desde la Tierra, el Sol suele parecer una esfera luminosa uniforme, pero esta observación lo mostró como un escenario complejo, dominado por campos magnéticos retorcidos que liberan energía a través de bucles incandescentes. El hallazgo evidenció que, incluso en nuestra estrella más cercana, aún quedan secretos por descubrir en escalas diminutas que determinan fenómenos colosales. Lo que comenzó como una imagen récord se transformó en una puerta hacia el futuro de la física solar, marcando un avance crucial al pasar de observar arcadas difusas a distinguir hebras individuales, redefiniendo la forma en que se estudia la actividad solar.

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