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Semblanzas del balotaje

El balotaje es el sistema electoral que desde 1994 se utiliza en la Argentina para la elección del presidente y vicepresidente de la Nación. De él solo se habla cada cuatro años, cuando efectivamente el pueblo debe elegir al primer mandatario y a su suplente (el vicepresidente).

Félix V Lonigro

POR Félix V Lonigro SEGUIR
13 de junio de 2019

13 de junio de 2019

El balotaje es el sistema electoral que desde 1994 se utiliza en la Argentina para la elección del presidente y vicepresidente de la Nación. De él solo se habla cada cuatro años, cuando efectivamente el pueblo debe elegir al primer mandatario y a su suplente (el vicepresidente).

El término “ballotage” deriva de "ball" (pelota o bolilla), y de allí nació "ballote" -en francés- o "balote" -en castellano- (que significa bolilla que se usa “para votar”). Luego, “balloter” es la acción de votar con “ballottes” –en francés- o con “balotes" –en castellano-. Como se puede observar, el origen etimológico de la palabra no pareciera estar relacionado con una “segunda vuelta electoral”, aunque sí con una forma de elegir o votar.

Pero más allá del origen del término, lo cierto es que, en función de las encuestas que se van publicando, en las elecciones del próximo 27 de octubre puede darse la posibilidad concreta de que, por segunda vez en la historia de nuestro país, dos fórmulas deban competir en una segunda vuelta.

De las treinta elecciones presidenciales que desde la vigencia de la Constitución Nacional se celebraron en nuestro país, las próximas serán las novenas en la que rige el balotaje como sistema electoral (antes lo fueron las dos elecciones generales que se desarrollaron el 11 de marzo y el 23 de septiembre de 1973, y las realizadas en los años 1995, 1999, 2003, 2007, 2011, 2015), y podrían ser las cuartas en la que los resultados generen la necesidad efectiva de una doble vuelta (como antes ocurrió en las dos elecciones de 1973, y en las de los años 2003 y 2015)

En efecto, en las elecciones presidenciales del 11 de marzo de 1973 debería haberse realizado el balotaje que entonces estaba regulado en la Constitución Nacional del año 1972 (que cuatro años más tarde quedó sin efecto a raíz del golpe militar de 1976), porque si bien la fórmula peronista integrada por Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima, superó por casi veinte puntos a la radical integrada por Ricardo Balbín y Eduardo Gamond, no superaba el 50% de los votos que entonces se requerían para evitar la segunda instancia electoral. Sin embargo la fórmula radical desistió de participar en ella.

Lo mismo ocurrió en las elecciones del año 2003, en las que si bien la fórmula integrada por Carlos Saúl Menem y Juan Carlos Romero superó a la integrada por Néstor Carlos Kirchner y Daniel Scioli, al no haber logrado al menos el 40% de los votos, según el régimen impuesto durante la reforma constitucional del año 1994 se debía celebrar la segunda vuelta. Ello no ocurrió porque esta vez fue la fórmula más votada la que desistió de participar en el ella.

Mientras tanto, en las elecciones del año 2015 fue la primera vez en la que se concretó finalmente la doble vuelta electoral entre Mauricio Macri-Gabriela Michetti y Daniel Scioli-Carlos Zannini, ya que en la primera vuelta nadie alcanzó el 40% de los votos.

Vale la pena recordar que, según el texto de nuestra Ley Superior, reformada en 1994, la segunda vuelta solo corresponde si ninguna fórmula supera el 40% de los votos, o si, logrando entre el 40 y el 45 por ciento de los votos, obtiene una diferencia menor a los diez puntos porcentuales respecto de la fórmula que obtuvo el segundo puesto.

También es importante destacar que, para el cálculo del porcentaje, no se cuentan los votos en blanco ni los votos nulos, motivo por el cual, quien realiza uno de esos votos, favorece a la fórmula nominalmente más votada por cuanto, al reducir la base de cálculo, le ayuda a aumentar el porcentual de votos.

Asimismo destaco que, tal como lo prevé el Código Nacional Electoral, si entre la primera y segunda vuelta fallecieran los dos integrantes de una fórmula, debería hacerse otra elección entre todos, como si fuera la primera; si renunciaran los dos integrantes de una fórmula, se consideran ganadores a los integrantes de la otra; si falleciera un integrante de una fórmula, el partido político decide, para ir a la segunda vuelta, quién reemplazaría al fallecido; y  si renunciara un integrante de una fórmula, el que queda va sólo a la segunda vuelta, como candidato a presidente, sin acompañamiento de vicepresidente alguno.

Respecto de las provincias, es potestad de cada una decidir el modo de elegir a sus propias autoridades, motivo por el cual cada unidad federativa decide si utiliza para ello el sistema de “doble vuelta”. En efecto, solo cuatro utilizan el ballotage para elegir a sus respectivos gobernadores (Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego, Chaco y Corrientes). En las dos primeras rige el mismo sistema que a nivel nacional, mientras que en las otras dos, solo se evita la doble vuelta si la fórmula más votada supera el 50% de los votos.

Mientras tanto, en América, además de nuestro país, utilizan el sistema de doble vuelta catorce países: Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Uruguay.

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