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A seis años del crimen, el santuario de Fernando Báez Sosa lucha contra el olvido en Villa Gesell
En el sexto aniversario, el homenaje fue breve y con escasa concurrencia. Organizadores denuncian el retiro constante de ofrendas del memorial y perciben un intento por opacar el recuerdo frente al bullicio turístico de Villa Gesell. "Hoy la ciudad ya no se detiene por él", lamentaron.
POR REDACCIÓN
El santuario levantado en memoria de Fernando Báez Sosa, a seis años de su asesinato, ofreció este sábado una postal alejada de las multitudes. Frente al ex boliche Le Brique, en avenida 3 y Paseo 102, una convocatoria reducida y un acto de apenas 20 minutos contrastaron con la ebullición turística de la ciudad. Entre los asistentes, una sensación se hizo unánime: "No quieren que sea recordado", resumió Sabrina, una de las organizadoras.
El espacio, que en aniversarios anteriores se encontraba cubierto de mensajes, flores y ofrendas, apareció visiblemente más despojado. "Todos los días nos sacan las cosas. Los comercios de los alrededores las retiran. Hace tres días que sacan carteles y mensajes", denunció una allegada a la familia que prefirió mantener el anonimato. "Y los vamos a volver a poner las veces que hagan falta", sentenció.
La escena fue de un silencioso contraste. Mientras un pequeño grupo rezaba un rosario y colocaba nuevas flores y velas, la vida en la avenida continuaba con normalidad: familias paseaban, jóvenes circulaban en bicicleta y los restaurantes funcionaban a pleno. "Hoy Villa Gesell ya no se detiene por él", se escuchó decir entre los presentes. Los intentos por repartir imágenes de Fernando entre los transeúntes encontraron poca receptividad.
El reclamo por la memoria, más allá de la condena
El crimen que conmocionó al país ocurrió en la madrugada del 18 de enero de 2020, cuando Fernando, de 18 años, fue golpeado hasta la muerte por un grupo de jóvenes. El juicio concluyó en 2023 con cinco cadenas perpetuas y tres condenas a 15 años de prisión.
A pesar de la sentencia firme y del reciente estreno de un documental en Netflix que reavivó el interés público, el aniversario dejó al descubierto una herida que permanece abierta y una lucha por mantener viva la memoria en el lugar mismo de la tragedia. Incluso el árbol que forma parte del santuario fue podado recientemente, un gesto que los organizadores interpretan como parte de un intento por reducir la visibilidad del recuerdo.
Dos homenajes, una misma ausencia
En paralelo, en la Ciudad de Buenos Aires, los padres de Fernando, Silvino Báez y Graciela Sosa, participaron de una misa íntima en la parroquia Santísimo Redentor del barrio de Recoleta, rodeados de familiares y amigos.
Mientras en la capital el recuerdo se desarrolló en un ámbito de recogimiento, en Villa Gesell el homenaje fue un acto de resistencia silenciosa contra lo que perciben como un paulatino borramiento. "No sabés las cosas que tenía el santuario. (…) Venís mañana o pasado y ya no queda nada. No quieren que la gente lo siga recordando porque estamos en temporada de verano", lamentó Sabrina.
Al caer la noche, el santuario quedó nuevamente en calma, con sus nuevas ofrendas flanqueadas por el bullicio de la avenida. Un espacio de memoria que, a seis años de la pérdida, libra una batalla cotidiana contra el paso del tiempo y la indiferencia, clamando, en voz baja, que Fernando no sea olvidado.