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Casas de afectados del terremoto: tres historias de un nuevo comienzo

DIARIO HUARPE entrevistó a tres familias que tendrán un nuevo comienzo. Una mujer que crio siete hijos, un hombre que se mudó con una de sus hijas y tres amigas que seguirán siendo vecinas.

04 de septiembre de 2023

Con la presencia del presidente Alberto Fernández este lunes el Gobierno de San Juan entregó 788 viviendas del barrio Las Pampas en el que vivirán las familias que fueron las afectadas por el terremoto del 18 de enero de 2021. DIARIO HUARPE acompañó la demolición de los antiguos ranchos y el proceso de mudanza de tres familias que ahora tienen un nuevo comienzo en su flamante casa.

Las autoridades de la Provincia les pidieron a las personas que recibieron casa que ellos mismos demolieran lo que pudieran, ya que en las próximas horas pasarán las máquinas para derribar lo poco que quede en pie. Por eso durante la mañana de este lunes los hombres, mujeres y niños de esta zona comenzaron a derrumbar las casas en las que vivieron hasta hoy. 

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María, entre la nostalgia y la esperanza

María Gutiérrez tiene 53 años y hace 40 que vive en una humilde vivienda de Aberastain pasando Calle 15. El día estaba muy nublado y corría viento del sur que calaba los huesos. María no lucía muy abrigada, es que dijo que tenía calor porque no dejaba de mover cosas: desde muebles hasta sus queridas plantas que iba a instalar en la nueva casa.

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En contacto con este diario, la mujer contó que el día del terremoto perdió buena parte de su casa y que esa noche le quedó una pieza en pie. Ella acomodó la cama ahí y se la prestó a una vecina que estaba recuperándose de una cesárea tras el nacimiento de su hijo. "Ella estaba muy delicada, por eso la trajimos a mi casa para que descansara", aseguró María. 

La pocitana manifestó que hace muchos años se separó de su pareja y tuvo que afrontar sola la crianza de siete hijos. María salió a trabajar. Primero hizo labores de limpieza y luego se desempeñó como cocinera. No ganaba mucho, pero se las ingeniaba para sostener a sus siete hijos.

Ahora los más grandes están casados y solo vive con su hijo de 16. Ya más tranquila, disfruta de los 11 nietos a los que podrá recibir en su nueva casa que "será un legado para mis hijos", aseguró conteniendo las lágrimas. 

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Ante la pregunta de cómo se sintió al saber que se iba su nueva casa, la mujer relató que hace unos día le dijeron cuál sería su nuevo domicilio, pero no quiso ir a ver la casa porque prefiere llevarse la "sorpresa" cuando se mudara este martes. "Es una mezcla de emociones. Por un lado, sentía nostalgia y tristeza por tener que abandonar lo que tanto esfuerzo me costó conseguir y, por otro lado, mucha esperanza", concluyó la pocitana mientras seguía con la mudanza.  

Daniel y la espera por su hija

Daniel Videla tiene 55 años y llevaba 30 viviendo en una de las casas de calle Aberastain, en Pocito. Junto a su compañera, Mirna Pereyra, formó una familia. En la mañana del lunes este hombre estaba terminando de desarmar el techo de la que fue su casa.

Una de sus hijas se subió al techo e iba sacando los cañizos y palos, mientras que Daniel recibía los materiales abajo y los iba acomodando. "No vamos a dejar los palos acá porque los vamos a necesitar para hacer la medianera mientras juntamos el dinero para comprar los ladrillos", aseguró el hombre. 

Daniel dijo que estaba muy feliz por poder mudarse a su nueva casa y agregó que una de sus hijas recibió una vivienda, pero lamentó que otra su hija Vanesa no tuvo la misma suerte. 

Los Videla contaron que el día que fueron las autoridades a hacer el censo para registrar a los afectados por el terremoto, su hija Vanesa había salido a hacer un trámite y no estaba en la vivienda. La familia pidió que anotaran a la chica que tiene cuatro hijos, pero no la incorporaron al listado. 

"Es una alegría, por un lado, y una tristeza por otro", dijo Mirna, la madre de Vanesa, quien afirmó que igualmente va a seguir apoyando a su hija y se mostró feliz en parte porque podrá empezar a vivir en la nueva casa. "No hemos querido ir a verla, preferimos sorprendernos cuando lleguemos mañana", indicó  la mujer emocionada. Por su parte, Daniel agregó: "Gracias al terremoto nos podemos ir de acá, cuando lleguemos a la nueva casa le vamos a poner plantas y embellecerla, es una bendición de Dios y hay que ponerla bonita". 

Una amistad que se muda

Carla Poblete tiene 26 años y la noche del 18 de enero 2021 vio caer su casa por completo. Ella estaba embarazada y vivió momentos de terror. Tras el susto inicial, comenzó las gestiones para recibir un módulo de emergencia para guarecerse allí mientras esperaba una solución definitiva. 

La joven recordó que el lote en el que ella vivía no permitía el ingreso de un vehículo para llevarle el módulo, por eso la trasladaron a la zona de calle Aberastain. Ahí conoció a dos mujeres que se transformarían en sus grandes amigas Silvana y Tamara.  

El 31 de enero de 2021 las tres mujeres fueron entrevistadas por este medio cuando les instalaron los módulos. "Desde estos días después del terremoto somos muy amigas, me acompañaron durante el embarazo y estamos en contacto todo el tiempo", contó Carla sonriente. 

La joven dijo que, tras los primeros días de dolor y miedo que dejó el terremoto, llegó al mundo Alexia, su hija mayor con su pareja Jorge. Tras esta primera niña, nació Mateo quien tuvo su primer hogar en el módulo de emergencia.  

Consultada por si sentía pena por dejar lo que construyeron con su familia, la chica contó que aún no siente tristeza, más bien experimenta "una felicidad muy grande" porque sus hijos podrán vivir en una vivienda con todas las comodidades y que será su patrimonio. 

"Encima de todo vamos a seguir compartiendo con Silvana y Tamara que siempre van a ser mis grandes amigas", concluyó Carla, quien continuará la amistad con sus vecinas que vivirán en las casas contiguas a la suya.

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