Mundo > Obsesión
Groenlandia: la obsesión de Trump que desata una crisis transatlántica
El presidente de EE.UU. impone plazos y aranceles a aliados europeos para forzar la venta total del territorio ártico.
POR REDACCIÓN
Lo que inició como una propuesta novedosa en su primer mandato se ha transformado en la mayor crisis entre Estados Unidos y Europa en generaciones. El presidente Donald Trump ha intensificado su ofensiva para obtener el control total de Groenlandia, motivado por una visión de hegemonía hemisférica denominada la “Doctrina Donroe”.
Esta fijación, alimentada inicialmente por figuras como Ronald Lauder y discusiones de inteligencia, se apoya en la importancia estratégica del Ártico y en la percepción del tamaño de la isla en la proyección de Mercator, donde sus 1.345 kilómetros cuadrados parecen rivalizar con África.
Tras la captura de Nicolás Maduro a principios de enero, Trump vinculó el dominio del hemisferio occidental con la necesidad de poseer Groenlandia. El 4 de enero, a bordo del Air Force One, el mandatario respondió con incredulidad ante las preguntas sobre el tema: “¿Cómo llegamos al tema de Groenlandia? Nos preocuparemos por Groenlandia en unos dos meses. Hablemos de Groenlandia en 20 días”.
Sin embargo, la escalada fue inmediata. El 9 de enero sentenció: “Ahora mismo, vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no. Porque si no lo hacemos nosotros, Rusia o China se apoderarán de Groenlandia”.
La presión de la Casa Blanca es absoluta. Anna Kelly, portavoz de la presidencia, afirmó: “Toda la administración está preparada para ejecutar cualquier plan para adquirir Groenlandia que el presidente elija”.
Añadió que “el presidente Trump dirige toda la política exterior, y no fue elegido para preservar el statu quo. Muchos de los predecesores de este presidente reconocieron la lógica estratégica de adquirir Groenlandia, pero solo el presidente Trump ha tenido el valor de perseguirlo seriamente”.
En el ámbito de defensa, Kelly sostuvo que “la OTAN se vuelve mucho más formidable y eficaz con Groenlandia en manos de Estados Unidos, y los groenlandeses estarían mejor servidos si fueran protegidos por Estados Unidos de las amenazas modernas en la región del Ártico”.
La estrategia incluye amenazas económicas y militares. Trump ha advertido que “puede que aplique un arancel a los países si no aceptan lo de Groenlandia, porque necesitamos Groenlandia por seguridad nacional”.
De no concretarse un acuerdo de compra total, el 1 de febrero entrará en vigor un arancel del 10 % para Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, ascendiendo al 25 % el 1 de junio. Trump enfatizó su postura la semana pasada: “Podríamos poner muchos soldados allí ahora mismo si quiero, pero se necesita más que eso. Se necesita propiedad. Realmente se necesita el título”.
En el ala radical de sus asesores, Stephen Miller defendió la postura citando un mundo “gobernado por la fuerza, gobernado por el poder, gobernado por el dominio”. Por su parte, un funcionario de la Casa Blanca explicó a la prensa que “Trump cree que Estados Unidos es el único país que puede garantizar adecuadamente la seguridad de la región ártica y defenderse debidamente de la agresión rusa y china”.
A pesar de que expertos señalan que activos como el radar en la Base Espacial de Pituffik ya cumplen funciones de defensa, Trump insiste en la propiedad total para desarrollar su sistema “Domo Dorado”.
Una fuente familiarizada con las discusiones legislativas cuestionó esta lógica: “La pregunta es: ‘¿Qué es lo que el Gobierno de Trump cree que obtendrá por poseer Groenlandia en cuanto a la defensa antimisiles balísticos y la defensa aérea en el espacio?’, frente a la retórica actual de Groenlandia, que es: ‘Pueden enviar tantos soldados como quieran. Pueden tener tantas bases como quieran. Cooperaremos con ustedes’”.
La diplomacia europea se encuentra en vilo. Mientras el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, busca renegociar el acuerdo de 1951, otros diplomáticos consideran un “juego de tontos” tratar de apaciguar al presidente.
Durante una reunión tensa con el ministro danés Lars Løkke Rasmussen, el vicepresidente J.D. Vance sugirió un “punto medio”, aunque asesores de Trump mantienen posturas divergentes. Un asesor comentó: “No queremos convertirla en un estado. ¿Pero queremos una alianza con ellos? No hay duda de eso”.
No obstante, otras fuentes indican que el plan es coaccionar a Dinamarca: “Ellos creen que pueden intentar presionar a Dinamarca para lograr un acuerdo, incluso si esto no lleva a ceder todo el territorio. Tener algún tipo de control cooperativo de Groenlandia cumpliría el mismo objetivo”.
Finalmente, la tensión personal de Trump con los líderes europeos quedó expuesta en un mensaje a la primera ministra de Noruega, donde afirmó que ya no se siente obligado a “pensar únicamente en la Paz” tras no recibir el Premio Nobel.
Mientras tanto, el despliegue de tropas danesas para ejercicios de la OTAN parece haber sido contraproducente, acelerando los planes de un mandatario que exige el control total “hasta que se llegue a un acuerdo para la compra completa y total de Groenlandia”.