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La vigencia de San Francisco de Asís

"San Francisco de Asís nos mueve a la experiencia de fraternidad con toda la creación", dijo monseñor Jorge Eduardo Lozano.

Foto: gentileza.
Mons. Jorge Lozano

POR Mons. Jorge Lozano SEGUIR
04 de octubre de 2020

04 de octubre de 2020

A lo largo de la vida encontré personas que te ayudan a pensar, a resolver cuestiones complejas y abstractas, o comprender fórmulas matemáticas. También valoro a quienes me enseñaron a sentir, a conmoverme ante el sufrimiento cercano o lejano. Recuerdo también a quienes me ayudaron a descubrir y gozar la belleza manifestada en una montaña, una flor, el agua…

Unos pocos logran acercarnos a todas estas experiencias juntas. Uno de ellos es San Francisco de Asís. Hombre sabio, sensible al dolor, abierto a la belleza del mundo surgido del amor de Dios. Hoy celebramos el día del Santo de Asís, y concluimos este mes dedicado al cuidado de la creación.

Él nos enseña que la tierra es mucho más que materia; es un misterio de la presencia y del amor creador de Dios. No sólo una fuente de recursos, sino una casa a respetar y cuidar para esta generación y las que vendrán.

Sin embargo, en quienes manejan el poder de las finanzas prevalece una mirada del mundo natural entendido solamente en clave mecanicista, confundiendo el desarrollo como consumismo, olvidando o negando la dimensión espiritual de la persona. Vivimos en una especie de fantasía idílica pensando que el mundo es inagotable y que permanentemente se renueva solo. Estamos planificando avanzar sobre los bosques, las aguas, los peces con los criterios del siglo XVIII y utilizando las herramientas del siglo XXI. Seamos realistas y dejemos de pensar en un mundo inagotable y un planeta que siempre permanecerá de la misma manera.

La Tierra ha sido creada para la humanidad entera, como un bien colectivo. El Planeta no está distribuido en fracciones particulares para cada uno, de la cual solamente cada individuo es responsable y dueño absoluto.

Los bienes creados deben ser equitativamente compartidos según la justicia y el amor, tratando de impedir el atropello de un acaparamiento de los recursos. La avidez, ya sea individual o colectiva, es contraria al orden de la creación y particularmente tenemos que prestar atención para que los pobres no sean dejados afuera. Todo está interconectado, nos recordaba Francisco (LS 138). “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (LS 139).

Las consecuencias del cambio climático y la contaminación, que se agudizan cada vez más, afectan de manera particular a los más pobres. Ellos son los que viven en la ribera de los ríos contaminados, los que han construido sus casillas muy humildes y precarias sobre los llamados rellenos sanitarios donde se ha volcado la basura de las grandes urbes. Se han quedado cultivando tierras agotadas por la deforestación.

El planeta solamente será considerado casa común si hablamos de una sola familia humana integrada por diversas etnias, culturas y costumbres. Si tenemos un destino común, entonces debemos buscar construirlo entre todos.

Necesitamos replantearnos el ritmo consumista del 20% de la humanidad y buscar nuevos estilos de vida más austeros y sencillos. Es preciso centrarnos en lo fundamental de nuestra vida, la búsqueda de la felicidad, la familia, la alegría, el amor, la amistad. Nos enseñaba Benedicto XVI que “el libro de la naturaleza es uno e indivisible”.

La espiritualidad nos ayudará a lograr estos nuevos estilos de vida. San Francisco de Asís nos mueve a la experiencia de fraternidad con toda la creación.

Vamos en un camino de suicidio y de autodestrucción, ya que para sostener este modelo de producción necesitaríamos tres planetas tierras y tenemos solo uno; en la medida que sepamos leer la creación como obra de Dios y nosotros vinculados en ella podremos entonces gozar de paz y de fraternidad. Jesús mismo nos dijo “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Ese es nuestro compromiso y nuestro deseo.

El Papa Francisco acaba de firmar en Asís una nueva Encíclica respecto de la fraternidad humana, que nos ilumina para plantear los vínculos humanos desde una perspectiva integral. Te recomiendo su lectura.

Ayer ocurrió algo histórico para nuestra Iglesia en Argentina: la peregrinación a Luján virtual. ¿Se puede peregrinar virtualmente? Sí, gracias a las “anchas avenidas” de las redes sociales y los medios de comunicación. Se cumplieron las promesas, se rezó mucho en las casas, ante altares simples e imágenes sencillas, se caminó con el corazón. Como decía el lema “Madre, abrazanos. Queremos seguir caminando”, seguimos en marcha.

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