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"Lo mandaron con ibuprofeno": murió un adolescente por hantavirus
Denuncian negligencia médica tras el fallecimiento de un adolescente de 14 años infectado con hantavirus en Buenos Aires.
POR REDACCIÓN
La muerte de Rodrigo Morinigo, un adolescente de 14 años que vivía en una zona rural de San Andrés de Giles, ha generado conmoción y una grave denuncia contra el sistema de salud local. El joven falleció el pasado 2 de enero en Pergamino a causa de hantavirus, una enfermedad viral grave transmitida por roedores que actualmente mantiene al país en umbral de brote con un 34,5% de letalidad.
Su padre, David, expresó el dolor de la familia: “Por más que mi hijo no esté, seguimos siendo siete”. Asimismo, compartió su pesar cotidiano: “Me cuesta arrancar. Me cuesta volver a tocar el tema. Todos los días voy al cementerio, me siento un rato en frente de él y le pido fuerza para sacar adelante a la familia”.
El calvario comenzó el 25 de diciembre de 2025 con fiebre alta. La familia sostiene que la atención inicial en el hospital municipal de San Andrés de Giles fue deficiente. El padre relató: “Lo mandaron a casa con ibuprofeno”. Según su testimonio, el 29 de diciembre el médico descartó estudios complejos: “Le dieron ibuprofeno y, aunque no le bajaba la fiebre, no fueron capaces de mandarle a hacer una placa o un análisis de sangre. El médico que lo revisó le dijo que era un cuadro viral”. Al agravarse el cuadro el 31 de diciembre, Rodrigo manifestaba una sed constante: “‘Tengo sed, tengo sed’, decía”.
Durante la internación en Giles, la familia denunció condiciones precarias. David recordó: “Mi señora pidió un ventilador porque Rodrigo se estaba sofocando y le dijeron que no”. Tras desmayarse en una ducha, el joven fue derivado a terapia intensiva con sospecha de hantavirus, algo que sorprendió a sus allegados: “Jamás se nos cruzó por la cabeza. Mi nene era un chico sano y fuerte”.
Durante el traslado a Pergamino, Rodrigo llegó a decirle a su madre que sentía dolores opresivos: “Le pedía que le pusieran algo para calmar el dolor”. David, desesperado, confesó: “Yo estaba desesperado, no sabía qué hacer”.
Al llegar al centro de mayor complejidad, el panorama era crítico. El padre relató que fue citado engañado sobre la gravedad: “Me fui creidísimo y, en realidad, me mandaron a llamar para que fuera a despedirlo”.
Los médicos le instaron a intentar una última comunicación: “Pasá a hablarle, a ver si le das ánimo”. Sobre el estado de su hijo, David lamentó: “Verlo ahí, todo lleno de cables, me dejó una amargura”. Pese al fatal desenlace, agradeció la labor en Pergamino: “hicieron hasta lo imposible. Yo les agradezco. Así tendría que haber sido desde el principio en Giles”.
Desde el sector oficial, la secretaria de Salud, Yamila Maccari, defendió el accionar médico inicial: “No es una enfermedad que se sospeche en las primeras 24 horas de fiebre”. Agregó que se realiza seguimiento epidemiológico: “Por supuesto que, como seguimos al grupo familiar, también lo acompañamos en todo lo que tenga que ver con apoyo en salud mental”.
Sin embargo, el padre denunció falta de apoyo municipal para desinfectar su hogar: “Lo único que hizo Bromatología fue dejarme un listado con instrucciones para limpiar mi casa. Tuve que conseguir veneno para ratas y desinfectante. No recibí nada por parte del Municipio. El pasto lo cortó un vecino y los productos me los regaló un amigo”. Según David, ante sus reclamos por roedores en galpones cercanos, la respuesta fue: “Nosotros no podemos hacer nada porque nos mandaron acá”.
El impacto emocional ha sido devastador, especialmente para Ámbar, la hermana de 8 años de Rodrigo: “De día está todo bien, pero cuando llega la noche se levanta llorando por su hermano. Y a mí me destroza verla así”.
Finalmente, David sentenció que buscará justicia: “Esto se tiene que saber. No puede haber otro Rodrigo. Yo no voy a parar hasta que el médico que lo mandó a casa con ibuprofeno no pueda ejercer más”. Sobre las supuestas mejoras edilicias tras la tragedia, cuestionó: “Y ahora dicen que arreglaron el aire en el hospital. ¿Te parece? Una familia tuvo que quedar destruida para que alguien haga algo”. En la región, la enfermedad ya se ha cobrado otras vidas, incluyendo una niña de 10 años en General Belgrano y una mujer de 35 en Arrecifes.