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Mientras EE.UU. ataca Irán, Pakistán y Afganistán reavivan su conflicto fronterizo
El Talibán afgano lanzó una ofensiva contra puestos militares pakistaníes y Pakistán respondió con bombardeos en Kabul, Paktika y Kandahar.
POR REDACCIÓN
Mientras la comunidad internacional sigue con atención la ofensiva militar de Estados Unidos contra Irán, otro conflicto armado se intensifica en la vecindad regional. Pakistán y Afganistán han reavivado sus hostilidades fronterizas con una serie de bombardeos cruzados que ya han dejado decenas de víctimas y que las autoridades pakistaníes califican como una "guerra abierta". Este nuevo frente de tensión, aunque independiente en sus causas, se suma a la inestabilidad que atraviesa una de las regiones más volátiles del planeta.
Las claves del conflicto entre Pakistán y Afganistán
Dos ejércitos desiguales
Pakistán y Afganistán mantienen una relación turbulenta desde hace décadas. Islamabad cuenta con una ventaja militar abrumadora: es una potencia regional con cientos de tanques, aeronaves y tecnología de defensa avanzada, además de poseer armamento nuclear. En contraste, el gobierno talibán de Afganistán dispone principalmente del equipamiento abandonado por las antiguas fuerzas afganas y extranjeras tras la retirada de Estados Unidos en 2021, complementado con material adquirido en el mercado negro.
Sin embargo, los analistas señalan que el Talibán afgano tiene una capacidad demostrada para la guerra de guerrillas, forjada durante más de 20 años de conflicto contra Estados Unidos y la OTAN. Esta asimetría define la naturaleza del enfrentamiento: Pakistán puede bombardear profundamente territorio afgano, mientras que el Talibán responde con ataques no convencionales y operativos de infiltración.
El Talibán a ambos lados de la frontera
El origen del conflicto actual reside en la presencia del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), conocido como el Talibán paquistaní, una organización distinta pero ideológicamente afín al Talibán afgano. Pakistán acusa al gobierno de Kabul de albergar y apoyar al TTP, a quien responsabiliza de una ola de atentados en territorio paquistaní, incluido el reciente ataque suicida contra una mezquita chiita en Islamabad que dejó más de 30 muertos.
"Desde que el Talibán asumió el poder en Afganistán, Pakistán esperaba que grupos como el TTP no siguieran recibiendo apoyo, pero eso no sucedió", explicó a la BBC el exdiplomático paquistaní Masood Khan. El periodista Sami Yousafzai, especialista en la región, añadió que la expectativa de Islamabad era poco realista: "El Talibán afgano no es un gobierno tradicional. Llegaron al poder como un grupo vinculado históricamente al TTP".
El factor India en la ecuación
Un elemento que ha añadido complejidad al conflicto es el acercamiento diplomático entre Afganistán e India. En octubre pasado, el ministro de Exteriores afgano visitó Nueva Delhi para restablecer lazos con el histórico rival de Pakistán. El ministro de Defensa paquistaní acusó entonces a Afganistán de "pelear una guerra subsidiaria para Delhi".
Aunque India ha negado sistemáticamente cualquier apoyo a grupos antipakistaníes en Afganistán, los observadores interpretan este deshielo como una "derrota simbólica" para Islamabad. No obstante, el analista Sami Yousafzai matiza que "la capacidad de India de dar apoyo técnico al gobierno talibán es limitada, pues Kabul opera bajo un estricto sistema ideológico yihadista".
La comunidad internacional llama a la calma
Naciones Unidas ha expresado su preocupación por las hostilidades y ha instado al diálogo y la diplomacia para resolver las diferencias. China, profundamente preocupada por la situación en su vecindario, exhortó a las partes a resolver sus disputas mediante la negociación.
Irán, ahora inmerso en su propio conflicto con Estados Unidos, ofreció su disposición a mediar entre Pakistán y Afganistán. Qatar y Turquía, que ya facilitaron un frágil alto el fuego en octubre pasado, mantienen canales abiertos con ambas partes.
Por qué ahora es diferente
Los enfrentamientos actuales no son nuevos: Pakistán y Afganistán han chocado en múltiples ocasiones a lo largo de su porosa frontera de 2.600 kilómetros, delineada por la Línea Durand que los británicos trazaron en 1893 y que Afganistán nunca ha reconocido oficialmente.
Lo que distingue a esta escalada, según Michael Kugelman, investigador del Atlantic Council, es que los ataques paquistaníes se han dirigido contra instalaciones gubernamentales talibanes en lugar de limitarse a objetivos terroristas. "Ahora se está atacando al propio régimen", afirmó. Por su parte, el jefe militar de los talibanes afganos, Qari Muhammad Fasihuddin, advirtió en un mensaje en video que Pakistán puede esperar "una respuesta aún más decisiva".
La capacidad del Talibán para golpear dentro de Pakistán quedó demostrada con ataques en localidades como Abbottabad y Swabi, penetrando más profundamente de lo que se creía posible. Esto, sumado a la retórica beligerante de ambos lados, configura una "situación precaria" que podría desembocar en un conflicto de mayor escala justo cuando la región ya lidia con la guerra entre Estados Unidos e Irán.