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Perdón papá

Así comienza una conversación de un hijo que se siente culpable, porque está seguro que hizo algo mal, y sin embargo, los Padres no nos damos cuenta que la vida no es perfecta, que sólo pretendemos muchas veces que sea “nuestro ideal”.

Nestor "Roly" Olivera

POR Nestor "Roly" Olivera SEGUIR
08 de octubre de 2019

08 de octubre de 2019

Así comenzó una conversación que tuve con mi hija Marianita, “Perdón Papá, estoy embarazada”. Yo sólo comencé a llorar, ese “mundo ideal” que soñaba para mis hijos se desmoronaba. Pero en algún momento me di cuenta de mi egoísmo, y nos hundimos en un abrazo. Era una niña soltera, pero les enseñó a muchos a ser MAMÁ.

Hoy, mi nieta maravillosa crece cada día, y mi hija eligió ser un Angel para cuidarla desde el cielo.

Un amigo me contó su anécdota cuando su hijo de 20 años le dijo: “Perdón Papá, debo decirte que soy Gay”. Mi amigo también lloró, pero al darse cuenta también de su egoísmo, lo abrazó muy fuerte, y le dijo “Estoy orgulloso de ti hijo querido”.

A ambos, y seguro que a muchos padres nos unió el egoísmo de construir mundos ideales para nuestros hijos, pero también aprendimos de ese respeto absoluto que tienen con nosotros, al comenzar diciendo “Perdón Papá”.

Ustedes se preguntarán que hago yo hablando de esto, cuando están acostumbrados a mis balbuceos políticos y opiniones de otras cuestiones.

Es simple. Esta semana la noticia de una nena trans, (uso el término aunque no estoy de acuerdo) puso en punto de discusión muchas cuestiones.

La primera fue la crítica hacia algunos que titulaban Niño o Niña, y nos concentramos en matar al mensajero, cuando en realidad el problema era aún más grave. Mostrábamos una sociedad intolerante, pero más que eso, hipócrita y desprendida de la realidad.

Después se puso en duda la Educación Sexual en la escuela, como si lo que le pasó a mi hija o al hijo de mi Amigo, fuera un pecado hablarlo; es como negar que hablemos de pobreza, una realidad que es insoslayable.

Conozco muy de cerca que el Ministerio de Educación de la Provincia ha trabajado seria y profesionalmente sobre el tema, poniendo sobre la mesa una cuestión tan existente como la economía y el medio ambiente.

De pronto ver que en la escuela María Auxiliadora, y tal como si fuera un espanto, se presentaban para que se prohibiera hablar de género, negando así que el hijo de mi Amigo y esta nena fueron hijos de Dios, como si ellos hubieran tenido la posibilidad de elección antes de nacer de torcer la naturaleza.

Ingresé al Colegio Don Bosco con 5 años y salí con 17. Toda mi vida escolar, y gracias al enorme sacrificio de mis padres, la hice en ese querido Colegio. Allí aprendí que Dar, Entender, Comprender, Amar, Aceptar… eran verbos que debíamos aplicar en la vida.

También aprendí de hipocrecías, de aquellas mujeres que envueltas en tul negro que pasaban horas arrodilladas rezando, le daban vuelta la cara a la madre pobre que, con un niño en brazos les pedía una “ayudita por favor”. Por supuesto, les ensuciaba el paisaje de su “sociedad ideal”.  Cuanta pobreza de alma y corazón, a pesar de rezar horas y horas.

Dicho todo esto, a estos padres del Colegio María Auxiliadora, hoy “exaltados, asustados y alarmados” porque se pueda enseñar educación sexual en la escuela; yo les pregunto: ¿qué sucedería si mi hija, el hijo de mi Amigo o esta nena, hubieran sido sus hijos?

Si no pueden respetar y aceptar la realidad de la vida, sólo pido que extraigan del escrito presentado, que la educación sexual “no responde al ideario de este colegio”, y ¿saben porqué?, porque el ideario de Dios es amar a todos, porque todos son sus hijos. Lo demás es naturaleza, es vida, es realidad.

Para terminar, con ese mismo criterio absolutista y retrógrado, el carpintero José nunca podría haber aceptado a Jesús, porque no era su Hijo; o María, si, María la que es Auxiliadora, jamás pudiera haber sido aceptada por tener un hijo que no era de su esposo.

Sin temor a equivocarme, a esos padres les digo que Jesús es VERBO no sustantivo.

Vivamos sin hipocresía. Amemos. Así nos pide Dios, así nos reclama la sociedad en la que todos vivimos y tenemos igualdad de derechos y obligaciones. Gracias hijos por decir “Perdón Papá” porque así nos muestran nuestro egoísmo espiritual.

Hasta la próxima y perdón por hablar de realidad.

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