En un mundo donde las conexiones pasan cada vez más por pantallas y algoritmos, una propuesta turística innovadora desafía la lógica del "match" digital. Se trata de un crucero exclusivo para personas solteras que busca recuperar el valor del encuentro presencial, fomentar vínculos reales y combatir el aislamiento que puede generar la soltería en la adultez.
La génesis de una comunidad cansada del "copiar y pegar"
La iniciativa, organizada por la influencer y especialista en eventos Soledad "Chuli" Hernández, nació como respuesta directa a la frustración que generan las aplicaciones de citas. "Empecé a crear una comunidad que me decía: 'Las aplicaciones de citas no sirven'", explica Hernández. La propuesta consiste en un viaje de nueve días que zarpa de Buenos Aires y recorre Montevideo, Ilhabela, Camboriú y Río de Janeiro.
Esta experiencia no se promociona como una simple cita grupal, sino como un espacio diseñado para la convivencia y la interacción orgánica. "Hay mucha gente que no se anima a viajar sola. Que vean que se arma grupo y que es divertido está bueno", agrega la organizadora, destacando el valor de crear comunidad.
Cara a cara, sin filtros ni algoritmos
A bordo, las dinámicas de interacción cambian radicalmente. Las conversaciones fluyen en los pasillos, durante los desayunos compartidos o en las excursiones, lejos de perfiles editados y mensajes prefabricados. Micaela Patrón (23), una de las pasajeras más jóvenes, valora esta diferencia: "En las aplicaciones siempre es lo mismo: ¿A qué te dedicás? ¿De dónde sos? Copiás y pegás el mismo mensaje. Se siente forzado, pero acá todo fluye".
La convivencia prolongada permite observar a las personas en diferentes situaciones, lejos de la instantaneidad y el descarte rápido que caracterizan a las apps. "No hay presión. Es relajarse, disfrutar de lo lindo. Y después, lo que surja, es bienvenido", comenta Ariana Sandoval, otra participante.
Cuestionar prejuicios y redefinir búsquedas
El crucero también se convierte en un espacio para reflexionar sobre las expectativas amorosas en distintas etapas de la vida, especialmente para quienes rondan los 40 años. Victoria Camaño (43) señala: "Hay prejuicios con la edad y la soltería. Cerca de los 40 se vuelve más difícil". Ella busca ahora "compañerismo", algo que puede chocar con las expectativas de generaciones más jóvenes.
El ambiente en el barco busca ser "idealizado para pasarla bien", creando las condiciones para que surjan vínculos basados en el respeto, la reciprocidad y la posibilidad de proyectos compartidos. "Que sea sano, que no tenga tantos traumas, que quiera construir algo, un proyecto de vida", resumen los participantes cuando describen lo que anhelan.
El valor del viaje, más allá del resultado final
Mientras que algunos participantes pueden desembarcar con una nueva pareja, muchos encuentran otros tesoros igual de valiosos: nuevas amistades, la disolución del miedo a viajar solos, y sobre todo, la reconfortante certeza de que aún es posible conocer a alguien de manera auténtica, fuera de los límites digitales.
En un contexto donde, como reflexiona el participante Mariano, "está todo muy quemado", este crucero se erige como una alternativa tangible. Propone una dinámica diferente para el encuentro humano, donde el simple acto de atreverse a compartir un viaje puede ser el primer paso hacia conexiones más profundas y satisfactorias.