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Los ultraprocesados conforman el 50% de la dieta en Estados Unidos
Un nuevo estudio muestra que aproximadamente el 50 % de las calorías en la dieta promedio de Estados Unidos provienen de alimentos ultraprocesados, lo que plantea preocupaciones sobre la salud pública y sus efectos en enfermedades crónicas.
POR REDACCIÓN
Los alimentos ultraprocesados representan casi la mitad (50 %) de las calorías consumidas por la población estadounidense, según un análisis de datos recientes que subraya la creciente dependencia de productos industrializados en la dieta diaria y sus posibles implicancias para la salud. El informe señala que este patrón alimentario está vinculado a un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
El consumo de ultraprocesados (productos con múltiples ingredientes industriales y aditivos, como snacks empaquetados, bebidas azucaradas, comidas listas para calentar y cereales azucarados) ha aumentado de manera sostenida en las últimas décadas, desplazando alimentos frescos y mínimamente procesados en la dieta típica en Estados Unidos. Esto refleja cambios en los hábitos alimentarios, el estilo de vida y la accesibilidad de estos productos en la canasta familiar.
Expertos en nutrición advierten que este elevado porcentaje de ultraprocesados en la dieta está relacionado con un menor consumo de frutas, verduras, legumbres y otros alimentos ricos en micronutrientes esenciales y fibra, lo que puede agravar problemas de salud pública. Además, estudios previos han asociado estos productos con mayor ingesta de azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas.
Las cifras también evidencian brechas sociodemográficas, ya que ciertos grupos poblacionales (incluidos hogares de menores ingresos o con acceso limitado a alimentos frescos) tienden a recurrir en mayor medida a ultraprocesados por razones de costo, disponibilidad y conveniencia.
Frente a estas tendencias, organizaciones de salud pública en Estados Unidos instan a promover políticas que favorezcan una alimentación más saludable, como etiquetado nutricional más claro, incentivos para el consumo de alimentos frescos y educación nutricional en escuelas y comunidades. A la vez, advierten que revertir este patrón demanda esfuerzos coordinados entre autoridades sanitarias, industria alimentaria y consumidores.