Provinciales > Origen de polémica tradición
San Juan y Mendoza, en el inicio del UPD en Argentina
Archivos periodísticos y registros digitales ubican los primeros festejos del Último Primer Día a comienzos de la década de 2010 en San Juan y Mendoza.
POR REDACCIÓN
Cada comienzo de clases, miles de estudiantes argentinos protagonizan una postal que ya se volvió habitual: bombos, cotillón, remeras intervenidas y una noche sin dormir antes de entrar al colegio. Es el Último Primer Día (UPD), la celebración con la que los alumnos del último año del secundario marcan el inicio de su despedida escolar.
Aunque hoy el rito está extendido en todo el país, distintos archivos periodísticos sitúan sus primeras manifestaciones organizadas hacia 2015, con registros tempranos en San Juan y Mendoza.
Los portales repiten que se originó en la región de cuyo. DIARIO HUARPE buscó registros y esto es lo que encontró.
El caso inicial y los primeros registros
Las primeras coberturas nacionales sobre el fenómeno comenzaron a aparecer en 2014. modificado en 2020. En archivos del diario La Nación de ese año se describía la nueva costumbre adolescente que consistía en reunirse durante la madrugada previa al inicio del ciclo lectivo y asistir luego al colegio sin haber dormido. En aquellas notas se señalaba que la práctica había comenzado a replicarse en distintas provincias y que su origen estaba vinculado al interior del país.
Si bien no existe un acta formal o documento institucional que certifique oficialmente que el UPD nació en San Juan y Mendoza, los archivos periodísticos muestran que hacia 2010-2015 la provincia ya tenía celebraciones organizadas y visibilizadas públicamente, lo que la ubica entre los primeros escenarios donde el ritual tomó forma.
Qué es el UPD
El UPD es una celebración informal organizada por estudiantes de quinto o sexto año —según la jurisdicción— que marca el comienzo del último ciclo lectivo del secundario.
La dinámica suele repetirse: los alumnos se reúnen la noche anterior al inicio de clases en casas, salones o espacios abiertos, permanecen despiertos hasta la mañana siguiente y luego ingresan juntos al establecimiento educativo. La llegada suele estar acompañada por música, banderas, espuma, disfraces o prendas personalizadas con el nombre de la promoción.
Con el tiempo, la práctica generó debates en torno al consumo de alcohol, la seguridad y el acompañamiento adulto, lo que motivó intervenciones municipales y escolares en distintas provincias.
De Cuyo al resto del país
Tras los primeros registros en Cuyo —especialmente en San Juan y Mendoza— el fenómeno comenzó a expandirse rápidamente. Las redes sociales jugaron un papel clave: fotos y videos de promociones celebrando su UPD circularon por Facebook, Instagram y luego TikTok, replicando el formato en otras ciudades.
Entre 2016 y 2018 el ritual ya estaba instalado en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y otras capitales provinciales. La práctica dejó de ser una novedad regional para convertirse en una tradición juvenil a nivel nacional.
Un rito generacional
Más allá de las polémicas, el UPD se consolidó como un ritual de paso contemporáneo. Para los estudiantes, simboliza el comienzo del último tramo compartido antes del egreso, una instancia cargada de identidad grupal y sentido de pertenencia.
A más de una década de sus primeras manifestaciones documentadas, y con 2015 como año clave en los archivos periodísticos, el UPD pasó de ser una práctica incipiente en provincias como San Juan a transformarse en un fenómeno extendido en toda Argentina, marcando el calendario escolar con una celebración que combina despedida, euforia y tradición juvenil.